La crisis afianzó la relación entre el Papa Francisco y Alberto Fernández

Alberto Fernández se reencontró con el papa Francisco a fines de enero en la biblioteca de la Santa Sede. Charlaron durante 44 minutos. El Santo Padre le dedicó al presidente argentino el doble del tiempo que le dedicó a su antecesor, Mauricio Macri, a quien le esquivó incluso la sonrisa.
domingo, 7 de junio de 2020 · 18:30

Aunque el jefe de Estado no quiere alardear del contacto que mantienen, rompió el silencio protocolar que envuelve al Papa y él mismo contó que charlan y que esas charlas ocurren “con cierta frecuencia” . Ya es sabido que a Francisco lo llaman “el Papa peronista” y que tiene mejor vínculo con Fernández y hasta con su vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, a pesar de las diferencias de más de una década atrás. Muy distinto a la relación que tuvo con Macri.

Es cierto que el Papa, mientras fue el obispo Bergoglio, tuvo un vínculo estrecho con un ala del macrismo, con Gabriela Michetti por ejemplo. Y con algunos otros dirigentes de ese espacio también. No hubo traspaso del afecto hacia el presidente Macri aunque la falta de afecto pareció ser mutua.

La frase textual que esta semana pronunció Alberto Fernández en la inauguración del hospital solidario en Pilar, un emprendimiento en el Hospital Austral, pareció un mensaje de Francisco. Destacó que lo que estaban inaugurando era un hospital para los que no tienen dinero y no pueden acceder a la salud en forma paga. “En este hospital hay tantas camas de terapia intensiva como en el otro hospital. No hicieron algo para que parezca que se ocupan de los pobres, hicieron algo en serio. Hicieron algo de verdad, preocupándose de los que menos tienen”, se lo oyó acorde a su auditorio. Fue un mensaje evangélico pero con sesgo peronista.

Entonces reveló: “Yo hablo con cierta frecuencia con el Papa y la verdad es que él tiene una idea que he tomado como propia y es la idea de que en este tiempo y en este mundo nadie se salva solo, todos necesitamos del otro para estar mejor. Lo que pude ver es que los que más necesitan y los que más tienen como los empresarios que hicieron posible con sus aportes pueden unirse junto al estado a hacer una sociedad más justa”.

En su círculo más estrecho el Presidente está rodeado por figuras fuertemente vinculadas con la Iglesia Católica: Gustavo Beliz, a quien algunos llaman su otro jefe de gabinete; Juan Manuel Olmos, su jefe de asesores y también amigo del Papa; Eduardo Valdés, el ex embajador en el Vaticano; y Santiago Cafiero, el jefe de Gabinete que todavía lleva en su muñeca una pulsera que compró en la Iglesia de San Cayetano, en Liniers, cuando lo acompañó a ver a los curas villeros en plena campaña. El Papa no habla con Guillermo Oliveri, el secretario de Culto, pero en enero al verlo le dijo: "Te veo venir y me acuerdo del tango “volver a casa” y celebró como “una buena decisión del Presidente” su designación en el cargo que había dejado en 2015. Oliveri sí mantiene comunicación cotidiana con los obispos en general, con los amigos del Papa en particular y con representantes del resto de los Cultos. Estuvo junto a monseñor Mario Poli detrás de la organización del Tedeum virtual del 25 de Mayo último.

Otro hombre clave es Roberto Carlés, jurista cercano a la Vicepresidenta. Esta misma semana se anunció que encabezará una fundación para aplicar la encíclica Laudato Si'. Quien le encomendó la tarea fue el mismísimo Papa con el objetivo de promover el legado del Papa respecto al cuidado del ambiente y el desarrollo humano. Carlés colabora desde hace varios años con el papa Francisco y es el candidato más fuerte a ocupar la embajada argentina en Roma.

Más allá de lo institucional, Alberto Fernández tiene una relación “personal” con Francisco. También en Pilar el Presidente dijo que “tanto dolor que nos toca vivir con la pandemia nos da esa oportunidad”, en referencia a lo que se pude aprender y superar y cuánto se puede ayudar al prójimo. Luego agradeció a sus anfitriones, la Fundación Pérez Companc, la Universidad Austral y el hospital homónimo, todos ligados a la Iglesia.

El discurso del Presidente pareció un mensaje de eclesiástico, un mensaje sobre qué hay que aprender a partir del esfuerzo y el dolor. Pareció más una homilía que un discurso político. “Podemos hacer un país mejor, esta es la prueba, no bajemos los brazos”, concluyó antes de los aplausos de una platea en la que se mantenían la distancia y los barbijos.

Las conversaciones entre Alberto Fernández y el Papa ocurren siempre a solas, sin testigos. Algunas veces el Presidente cuenta a sus colaboradores que tuvo una comunicación con El Vaticano. En muchas ocasiones prefiere no contar detalles. Todas las fuentes consultadas reconocieron que es “un tema difícil”. El protocolo del Vaticano obliga al Papa a vínculos discretos. También al Presidente argentino.

Además de Fernández su pareja, Fabiola Yáñez, mantiene estrecho contacto con la Iglesia a través de la fundación que creó el Papa, Scholas Occurrentes. Los niños y la educación son para el Papa y para la Primera Dama una prioridad. Coinciden.

Esta semana, después de retomar algunas actividades a pesar del aislamiento social, preventivo y obligatorio, Yáñez estuvo en contacto con otras primeras damas, como también hizo cuando viajó a Roma con su pareja un mes y medio después de haber asumido.

El viernes por la mañana la actriz y periodista se sentó frente a la cámara de la computadora. Vistió impecable blanco y se mostró emocionada en su reencuentro con Francisco en una videoconferencia de la que participaron otras primeras damas de Latinoamérica y el Caribe. Yañez fue la encargada de abrir el encuentro de la Fundación Pontificia Scholas Occurrentes, una debilidad del Papa. Yáñez leyó un fragmento de la encíclica Laudato Si', la segunda de Francisco.

Después el que dio su mensaje fue el Papa. Exclamó: “¡Pobre de la humanidad sin crisis! Toda perfecta, toda ordenadita, toda almidonadita. Pobre. Sería, pensémosla, una humanidad así sería una humanidad enferma, muy enferma. Gracias a Dios que no se da. Sería una humanidad dormida”.

Como había dicho un par de días atrás el Presidente, Francisco habló del colectivo. “Las crisis si no son bien acompañadas son peligrosas, porque uno se puede desorientar. Y el consejo de los sabios, hasta para las pequeñas crisis personales, matrimoniales, sociales”, mencionó y agregó: “Nunca te adentres sólo en la crisis, andá acompañado”.

El sucesor de Pedro destacó la labor de Scholas que es “enseñar a buscar el sentido de las cosas”. Después dejó una bendición que se copió y pegó en los celulares de varios colaboradores del Presidente.

En privado Alberto Fernández ha contado que intercambia mails, llamadas y algún mensaje telefónico. No es diario, ni excesivamente frecuente, pero sí fuera de lo habitual si se comparan otros vínculos del Papa con jefes de Estado. La relación se afianzó después de la gira del verano. Y creció por el mensaje constante de Francisco sobre la deuda y la situación internacional, la economía y la desigualdad en el mundo.

Alberto Fernández no sólo fue algo indiscreto en el acto del Hospital Austral. También ha comentado que mantiene contacto con Francisco adelante de algunos obispos. Lo hizo cuando lo visitaron antes de la cuarentena rígida Rodrigo Zarazaga, un cura jesuita que lo vincula con grandes empresarios; Luciano Ojea, de Cáritas; Ariel Eichbaum, presidente de AMIA y algunos pastores evangélicos, entre otros, que a fines de marzo le presentaron el proyecto “Seamos Uno”. Fue apenas una mención, un comentario al pasar. Suficiente para que sus interlocutores supieran que está en contacto con Roma.

De todos modos, más allá del peso espiritual que la palabra del Papa tiene sobre el Presidente, lo importante son los gestos que tiene respecto a la economía. Cinco días después de que se reuniera con Alberto Fernández el Santo Padre habló de solidaridad y contra la acumulación financiera.

Lo hizo en un seminario de economía celebrado en su propia casa. Pidió ayuda para los países endeudados y llamó a los organismos internacionales a aliviar la situación con citas a Juan Pablo II. Ante la titular del Fondo, Krsitalina Georgieva, y el ministro de Economía Martín Guzmán, el sumo pontífice resaltó que “las exigencias morales de Juan Pablo II en 1991 resultan asombrosamente actuales hoy".

"Es ciertamente justo el principio de que las deudas deben ser pagadas. No es lícito en cambio exigir o pretender su pago cuando éste vendría a imponer de hecho opciones políticas tales que llevaran al hambre y la desesperación a poblaciones enteras. No se puede pretender que las deuda contraídas sean pagadas con sacrificios insoportables”. Más o menos lo mismo dijo el Presidente el 1 de marzo ante la Asamblea Legislativa al abrir el nuevo período de sesiones ordinarias del Congreso.

“Conocer mucho al otro permite hablar más francamente, es mucho más predecible todo”, destacó alguien que conoce a los dos.

Según dicen, el Papa habla con sus obispos favoritos. Suele dedicar tiempo a la Argentina, aunque no haya venido de visita, los fines de semana. Conversa o intercambia mails con monseñor Ojea, obispo de San Isidro; con Víctor “Tucho” Fernández, arzobispo de La Plata; y con el ex cura villero al que ascendió a obispo y destinó a la diócesis de Río Gallegos que comprende Santa Cruz y Tierra del Fuego, monseñor Jorge Ignacio García Cuerva. También se comunica con laicos con los que tiene cercanía.

En estos casos el que llama, casi siempre, es Francisco. No es un contacto semanal, ni siquiera mensual. Pero cada tanto a sus amigos les suenan sus teléfonos. “Holaaaa, habla el Papa”, arranca la conversación en ocasiones. Otros veces dice simplemente “Hola, habla Jorge”. Y no hace falta que se presente como Papa.