Cuántos dólares necesita un argentino para ir a Brasil en el verano
Con enero 2026 en el horizonte, Brasil vuelve a ser el destino elegido por argentinos que buscan playa, previsibilidad y costos más claros que en la costa local.
Mientras la costa argentina muestra precios que obligan a recalcular presupuestos, Brasil vuelve a posicionarse como la opción más elegida por los argentinos que buscan sol, mar y una ecuación económica más predecible.
Con la temporada alta de enero de 2026 cada vez más cerca, la pregunta se repite en miles de hogares: ¿cuántos dólares se necesitan para viajar una semana a Brasil, ya sea en pareja o en familia, incluyendo transporte y alojamiento?
El análisis de costos muestra que, pese a los ajustes por inflación global y la alta demanda, el gigante sudamericano mantiene alternativas más flexibles que algunos destinos premium del turismo interno argentino.
El costo base para una pareja: Río o Florianópolis
Para una pareja que planea 7 noches en destinos clásicos como Río de Janeiro o Florianópolis, con hoteles de 3 o 4 estrellas y desayuno incluido, los valores se mueven en rangos definidos.
En el caso de Río de Janeiro, los precios estimados son:
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Pasajes aéreos ida y vuelta para dos personas: entre u$s600 y u$s800
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Alojamiento por 7 noches: entre u$s600 y u$s900
De esta forma, el costo base total oscila entre u$s1.200 y u$s1.700, sin contar gastos diarios.
"Río sigue siendo uno de los destinos más buscados, pero hoy Florianópolis aparece como una opción más equilibrada en relación precio-calidad", señalan desde agencias de viajes consultadas.
Para Florianópolis, los números son algo más bajos:
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Aéreos: entre u$s450 y u$s650
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Alojamiento: entre u$s500 y u$s700
Así, una semana puede costar entre u$s950 y u$s1.350 para una pareja.
También aparecen los paquetes turísticos, que rondan entre u$s1.200 y u$s1.500 por persona para destinos como Río, incluyendo traslados y asistencia, lo que eleva el total de la pareja a u$s2.400 - u$s3.000.
Familia tipo: cómo ahorrar y no desbordar el presupuesto
Cuando se trata de una familia tipo (dos adultos y dos chicos), el presupuesto se incrementa de manera considerable y obliga a pensar estrategias de ahorro.
Una alternativa son los paquetes all-inclusive en el Nordeste brasileño (Natal, Costa do Sauípe, Imbassaí), que permiten controlar el gasto una vez en destino.
En estos casos, el costo ronda entre u$s1.800 y u$s2.500 por persona, lo que lleva el total familiar a entre u$s7.200 y u$s10.000.
"Para muchas familias, pagar todo de antemano es clave para evitar sorpresas", explican operadores turísticos.
La opción más económica es el armado propio en destinos como Florianópolis o Búzios:
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Pasajes aéreos familiares: entre u$s1.800 y u$s2.600
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Alojamiento: entre u$s800 y u$s1.400
En este escenario, el costo inicial queda entre u$s2.600 y u$s4.000.
La clave está en el alojamiento. Alquilar departamentos o casas mediante plataformas como Airbnb o Booking permite ahorrar en comidas y elegir vuelos low-cost, especialmente hacia el sur de Brasil.
El gasto en destino y el costo final
Más allá de pasajes y alojamiento, el gasto diario es una variable decisiva.
Para una familia que viaja por su cuenta y ya invirtió u$s3.500 en la estructura básica, se debe sumar un gasto promedio de u$s150 a u$s200 diarios en comidas, transporte y excursiones.
Esto implica entre u$s1.050 y u$s1.400 adicionales por semana.
De esta manera, el presupuesto total para una familia tipo en Florianópolis o Búzios, con un perfil moderado, se ubica en torno a los u$s4.200 por siete días.
Conclusión: la estrategia define el gasto
Veranear en Brasil en enero de 2026 puede resumirse en tres escenarios claros:
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Pareja low cost (Florianópolis o promos): entre u$s1.600 y u$s2.000
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Pareja premium (Río o Nordeste): entre u$s2.800 y u$s3.500
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Familia tipo ahorro (departamento + low cost): entre u$s4.200 y u$s4.500
El mercado actual favorece tanto la búsqueda de ofertas como la contratación de paquetes all-inclusive, especialmente para familias que priorizan previsibilidad.
La flexibilidad en el alojamiento aparece como la variable clave para mantener el presupuesto bajo control frente a un costo aéreo que sigue siendo el gasto más difícil de recortar.

