Miércoles 17 de Agosto de  2022 // 13:31 hs

Libro: "Poderosos entre la Justicia y la política"

Comodoro Py es la pieza clave de lo que muchos coinciden en describir como el “dispositivo judicial de impunidad", una telaraña pacientemente tejida y perfeccionada para aparentar acción cuando los resultados nunca llegan. 

Escrito en NACIONALES el

En 1878 el Comodoro Luis Py encabezó una de sus principales expediciones ordenada por el entonces presidente Avellaneda. Tenía en sus manos la responsabilidad de garantizar la soberanía en aguas patagónicas, nada más ni nada menos que en Santa Cruz. Uno de los tres buques utilizados para aquella hazaña marítima, casi como una ironía del destino, se llamaba Constitución.

Luis Py tuvo total éxito en aquella tarea que lo llevó a navegar en aguas tormentosas, y a enfrentar las inclemencias del tiempo que pusieron en riesgo la tarea asignada. Nada pudo con su convicción y tenacidad. Así fue cómo, meses después de embarcarse, el pabellón nacional fue izado en aquella inhóspita tierra. La historia naval lo recuerda así: “El honor y la soberanía nacional quedaban asegurados, la Patagonia era, a partir de ese momento, efectivamente argentina”.

Lo que nunca imaginó aquel Comodoro es que su nombre iba a trascender convirtiéndose casi, en una sección en sí misma en los medios de comunicación, no por aquella proeza en aguas argentinas, sino porque su cargo y su apellido quedaría conjugados para hacer referencia a cuestiones profundamente antagónicas a las expediciones que encabezó: a hechos de corrupción, a violaciones a los principios que la Constitución manda, a aspectos completamente alejados del honor que él supo representar. 

Comodoro Py es el escenario de la más alta encrucijada entre capitostes de los gobiernos (muchos de ellos encubiertos) y los jueces más paradigmáticos, por lo virtuoso en algunos casos y por lo nefasto en muchos otros casos. 

Comodoro Py investiga al poder. Comodoro Py ejerce ese poder. Comodoro Py: es poder.  

¿Cuándo la política comenzó a inmiscuirse en la justicia? El cambio de paradigma se produjo en la década de los noventa cuando Carlos Menem decidió duplicar la cantidad de jueces. Aquella decisión venía bajo el concepto de democratización de la justicia junto con las modificaciones al Código Procesal Penal. La verdad era otra, la política había trazado un nuevo camino para dirimir sus problemas: la justicia. 

Comodoro Py es la pieza clave de lo que muchos coinciden en describir como el “dispositivo judicial de impunidad", una telaraña pacientemente tejida y perfeccionada para aparentar acción cuando los resultados nunca llegan. 

Poderosos de las periodistas Lucía Salinas y Lourdes Marchese, indaga sobre ese complejo entramado a través de la historia de cada juez, jueza que integra este libro, sobre aquellos poderosos que contaron con un padrino político, que conocieron de cerca esa cuestionada relación con la Casa Rosada, que fueron parte de relaciones espurias denunciadas, que fueron -posiblemente- víctimas de un sistema más poderoso que el cargo que ostentaban. 

En este libro nos encontramos con el juez del monasterio, el de la embajada, el juez del matafuego, el de los “doce monos”; también el juez de la política, el del atentado, el juez comisario o el del champagne. La lista incluye a la jueza de las lechuzas, al juez “mudo”, al del placard, el de las corbatas como también al juez de la biblioteca. 

Al pensar en Poderosos, Andrea Castagnola, Investigadora del Centre for Law and Social Transformation (Noruega) y docente de la Universidad Torcuato Di Tella donde su cátedra se titula Política y Justicia, sostuvo que “la falta de independencia de los poderes nunca contribuye al fortalecimiento de la democracia. Con un Poder Judicial de esta naturaleza en una democracia en permanente construcción, nos encontramos ante un camino minado. Esta relación obscena que mantienen la justicia y la política erosiona la confianza, la credibilidad”.


¿Por qué el poder político le presta tanta atención a Comodoro Py? Las voces consultadas refieren a una razón moral: un deseo de controlar a la Justicia para obtener impunidad. Otro motivo tiene que ver con el sistema político. Cuando las fuerzas políticas no están equilibradas, los dirigentes buscan llevar la pelea a los tribunales. Además durante las últimas décadas se exacerbó la “judicialización de la política”. Es decir, un intento por proseguir en tribunales lo que no es posible obtener a través de los carriles institucionales normales.

Poderosos nos permite ahondar en este rompecabezas que cuenta con trece sillones: los de los jueces federales y el de Rivadavia. Sin dejar de lado a la Corte Suprema de Justicia.

¿Quién tiene el poder, quién lo ejerce con mayor fuerza? Un juez de Comodoro Py, que ya cumplió más de veinte años en su sillón lo resumió de la siguiente manera: “El poder de los jueces radica en que estamos en la Constitución, eso nos otorga la inamovilidad”. En otras palabras: los presidentes pasan, los jueces permanecen. En esa relación que algunos definieron con elasticidad, es decir, con capacidad para tensarse pero que nunca se rompe, porque es de mutua conveniencia. 

Está claro que el poder lo conservan ambas partes, y uno logra preponderar sobre el otro dependiendo la coyuntura y los intereses en juego, y allí están la política y la justicia siendo parte de la misma ecuación cuyo resultado es el mismo: el poder.

Como dijo Miguel Wiñazki, Poderosos devela los más asombrosos vericuetos, a veces tenebrosos, que determinan la dirección de la distribución de justicia. “Cada nombre analizado es una historia que ha impactado en el destino de todos: María Romilda Servini de Cubría, Claudio Bonadio, Guillermo Tiscornia, Carlos Liporaci, Jorge Urso, Francisco Trovato, Hernán Bernasconi, Gabriel Cavallo, Eduardo Freiler, Norberto Oyarbide, Raúl Zaffaroni, Juan José Galeano, o  Rodolfo Canicoba Corral”. 

Cada  capítulo de Poderosos permite construir una suerte de historia contemporánea, el desempeño de estos jueces federales, su salida -en algunos casos escandalosa- se constituyen “como una radiografía de corrupciones, y de algunos heroísmos”, reflexiona el filósofo y periodista. Es la verificación de que las manos limpias son un privilegio de pocos. “Es la constatación de que en Comodoro Py se yergue una clave esencial para entender por qué nos sucede todo lo que nos sucede”.

Porque Comodoro Py es el poder, y el poder es Comodoro Py.