El choripán argentino, en el podio gastronómico de América Latina
El choripán argentino fue reconocido por un ranking internacional como uno de los mejores "hot dogs" de América Latina. La distinción fue realizada por el sitio especializado Taste Atlas, que valoró su sabor, su identidad propia y su fuerte arraigo cultural. El reconocimiento vuelve a poner a la gastronomía argentina en un lugar destacado de la región.
El choripán, uno de los símbolos más representativos de la cocina popular argentina, volvió a recibir un reconocimiento internacional al ser incluido entre los mejores "hot dogs" de América Latina. La distinción surge de un ranking elaborado por Taste Atlas, el sitio especializado en gastronomía tradicional, que le otorgó una calificación de 4,2 puntos.
En la selección regional, el clásico argentino comparte los primeros puestos con el completo chileno, que obtuvo la misma puntuación. Otras versiones del continente, como el perro caliente colombiano o el cachorro quente brasileño, quedaron algunos escalones más abajo en la valoración general. Uno de los aspectos que destacó la publicación es que el choripán se diferencia del formato tradicional del "hot dog" por no utilizar salchicha.
A diferencia de esa preparación, el choripán reemplaza la salchicha por chorizo, generalmente asado a la parrilla, servido en pan y acompañado por aderezos característicos como el chimichurri o la salsa criolla. Esa identidad propia fue uno de los puntos más valorados por Taste Atlas, que subrayó la singularidad del plato dentro de la categoría.
Para los especialistas del sitio, el choripán representa "la máxima expresión de la comida callejera argentina", por su presencia constante en parrillas barriales, canchas de fútbol, festivales populares y encuentros informales. "Es un plato simple, pero profundamente ligado a la cultura y a las tradiciones del país", señalaron en la reseña.
Más allá de su sencillez, el reconocimiento pone en valor el componente cultural que rodea al choripán: el ritual de la parrilla, el encuentro social y la transmisión de saberes culinarios de generación en generación. De esta manera, el clásico argentino se consolida una vez más como embajador de la gastronomía nacional en el mundo y demuestra que los platos populares también pueden alcanzar prestigio internacional.

