Qué deberá garantizarle Argentina al FMI para llegar a un acuerdo

Martín Guzmán negoció durante 11 horas en Roma. Anoche habló con Alberto Fernández y dijo que había motivos para el optimismo. Aún no se pronunció el kirchnerismo. Reservas y brecha, algo en lo que se está de acuerdo.
martes, 2 de noviembre de 2021 · 11:06

 

Alberto Fernández y Martín Guzmán tuvieron en la noche de Glasgow/Roma, una conversación definida por ellos mismos como "más que productiva", según los testigos que acompañan al presidente en la Cumbre del Clima de la ciudad escocesa y al ministro de Economía en la sede diplomática argentina en la capital italiana. Guzmán quedó como rezagado en Roma, para protagonizar un encuentro de 11 horas con el staff técnico máximo que el Fondo Monetario Internacional (FMI) tiene disponible para este tipo de negociaciones.

En el encuentro romano estuvieron frente a frente con el ministro los norteamericanos Julie Kozac y William Seiji Okamoto. La primera es una vieja conocida de las negociaciones del Facilidades Extendidas. La secretaria adjunta para el Hemisferio Occidental es la persona que más sabe dentro del Fondo sobre los números internos del país y la funcionaria con la que se hablan las metas importantes que tendrían que incluirse en el acuerdo. Es con Kozac con la que se discuten las proyecciones fiscales, monetarias, cambiarias, financieras y macroeconómicas generales. Dicho de otra manera, la directora adjunta mide el grado de ajuste que deberá aplicar el país para cerrar exitosamente la negociación.

El segundo es la gran novedad de Roma. Okamoto, número dos del FMI es hoy la persona políticamente más influyente del organismo financiero internacional. Luego de las serias acusaciones hacia Kristalina Georgieva, el exfuncionario del Gobierno de Donald Trump (lo que lo convierte en un halcón republicano); y, en consecuencia, en una persona dura para discutir un acuerdo con metas macroeconómicas y fiscales concretas. Y si estuvo presente en las discusiones, es porque seriamente el Fondo quiere acelerar las negociaciones con la Argentina y llegar a un acuerdo para reestructurar la deuda por unos US$44.700 millones dentro de un esquema de Facilidades Extendidas. Si Okamoto participó activamente, quiere decir que la charla fue en serio. Y si la conversación entre el presidente y el ministro fue optimista, es muy probable que haya habido avances.

Por lo que se sabe, uno de los principales temas cerrados en Roma fue la necesidad que el país genere reservas anuales por no menos de US$5.000 millones, al menos hasta el 2026, año en el que teóricamente debería comenzar a pagarse la deuda al Fondo si se cerrara el acuerdo de Facilidades Extendidas en discusión. También se acordó que la brecha actual superior al 80% se vaya reduciendo, comenzando por una contracción no menor al 40/50% para el próximo ejercicio. Las partes saben que un compromiso está directamente relacionado con el otro; y que la sustentabilidad del desmantelamiento de las restricciones para el acceso a los dólares para el público y empresas (fundamentalmente el financiero), dependerá de la existencia de divisas en las reservas. Ya que, de lo contrario, una apertura acelerada de las compras de dólares sin mejorar las existencias del BCRA, generaría corridas y salidas de divisas y una debilidad cambiaria que profundizaría las falencias del tejido social argentino.

Esta fue una de las cuestiones de las que se habló reiteradamente con la directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, durante las largas negociaciones que se mantienen desde fines del año pasado; y que la funcionaria habría aceptado. Georgieva le habría reconocido a los negociadores argentinos, que sostener los cepos múltiples es necesario, siempre que además haya una política de reconstrucción de reservas y una disminución de la brecha cambiaria.

El número imaginario de reservas que el BCRA debería mostrar anualmente como resultado “azul”, serían no menos de US$5.000 millones. Y, obviamente, si son más mejor. Para los argentinos es un resultado absolutamente lograble, teniendo en cuenta que se proyectan para este año exportaciones por algo más de US$70.000 millones, las que podrían transformarse en US$80.000 en 2022 y alcanzar los US$100.000 millones en algunos ejercicios.

Un tema central es cerrar la discusión por la reducción de la tasa de interés del acuerdo que firmaría Argentina, y que pasaría del 4% al 1% anual, lo que le permitiría al país ahorrar no menos de US$6.000 millones en los 10 años de vigencia del acuerdo.

Guzmán viene reclamando la reducción desde febrero de este año. El ministro busca que se le aplique al país el tratamiento que el organismo tiene reservados para sus mejores clientes y que sostienen sus acuerdos financieros en situación de normalidad; y que, a los ojos del Fondo, muestran al mundo planes financieros, monetarios y macroeconómicos sustentables. Obviamente Argentina en su rol de moroso recurrente está excluida del beneficio, y la intención de Guzmán es lograr la masa crítica para que se apruebe aplicar al futuro acuerdo que negocia el país las tasa para los estados que tienen las cuentas en orden.

Como ya se dijo, además de las artes negociadoras de Guzmán en Roma, todo dependerá de la diplomacia política del Gobierno de Alberto Fernández de conseguir los votos de los Estados Unidos y la Unión Europea (UE) para el momento en que en diciembre se reúna el board del FMI para tratar la alternativa de la reducción de las tasas de interés del Facilidades Extendidas.