Cristina deja toda la responsabilidad ante el FMI a Alberto Fernández

La vicepresidenta deja el escenario ahora para que el Jefe de Estado negocie con el oficialismo y la oposición el proyecto de ley, el cual se conocerá la semana del 6 de diciembre. Cambiemos apoyará si tiene el aval del FMI.

Escrito en NACIONALES el

Alberto Fernández, Sergio Massa, Cambiemos y algún kirchnerista, si así lo desea. Pero no Ella. Cristina Fernández de Kirchner puso en manos de esos altos protagonistas de la vida política la responsabilidad de votar a favor el proyecto de ley de metas macroeconómicas plurianuales, que la semana del 6 de diciembre el Ejecutivo enviará al Congreso. La letra de la norma será luego una presión para los técnicos y el Board del Fondo Monetario Internacional (FMI), para que avale el contenido y lo convierta en la Carta de Intención del potencial Facilidades Extendidas, que debería luego terminar de cerrarse en un acuerdo final entre febrero y marzo del 2022. Lo que se reserva desde ayer la vicepresidenta, es el poder de veto. No sólo al Presidente. Sino a toda la clase política que apoye el acuerdo. Si algún legislador decide no hacerlo, eventualmente podría tener su bendición. O no. Hacia adelante, todo será así.

La carta pública de la vicepresidente deja en claro que Ella se reserva el derecho de no votar este acuerdo y de dejar en manos del Congreso Nacional -conformado tras la votación del 14 de noviembre pasado-, el éxito o el fracaso del acuerdo. Para ella se reserva el derecho de denunciarlo convenientemente si, como ella misma determina recordando palabras del Presidente, provoca hambre en el pueblo.

Hay algo cierto en las palabras de Cristina Fernández de Kirchner. Liberado el kirchnerismo, la aprobación del acuerdo no depende de su voto; el que sólo aparecería si hubiera empate. Algo difícil de acontecer, si finalmente hay acuerdo para avalar la ley (como se supone ocurrirá) entre el Ejecutivo, los legisladores nacionales del oficialismo que no responden a la vicepresidenta (hoy muchos) y la mayoría de los diputados y senadores de Cambiemos; no tendría que haber preocupación por lo que opine o desopine la titular del Senado sobre el proyecto de Facilidades Extendidas.

Por esto también se da el lujo, especulaban anoche en el Gobierno, de no ser clara en su posición definitiva, y dejar abierta la puerta de la disconformidad si lo cerrado no es de su agrado. Lo que sí queda definido en blanco sobre negro, es que la responsabilidad final es de Alberto Fernández. Será sobre los hombros del Presidente que recaiga la sentencia final de la principal accionista de la coalición gobernante. Le dejó en claro la vicepresidenta, con un tono ambiguo sobre el contenido final del acuerdo, que el escenario queda ahora en manos del jefe de Estado y su habilidad para conseguir el apoyo legislativo necesario para que su proyecto de ley tenga final feliz. Si no lo tiene, su compañera de fórmula no tendrá responsabilidades en ese desenlace. Y si hay acuerdo final, Cristina Fernández de Kirchner igual se guarda el derecho a condenarlo "si afecta el hambre del pueblo". Algo que, en términos absolutos, sería inevitable.

A partir de este fin de semana entonces, todo dependerá de las negociaciones abiertas entre el Ejecutivo y los bloques del oficialismo primero, y de lo que opine Cambiemos después. Se descarta (nada tendría sentido de otra manera), que no habría problemas en sumar masa crítica del peronismo clásico, el massismo, algún que otro kirchnerista que no busque problemas y otros adherentes; que gran parte de los diputados y senadores oficialistas den su apoyo.

Como se contó, no es necesario hacia adelante que Cristina Fernández de Kirchner vuelta a hablar sobre el tema. Como se dice cuando hay proyectos complejos que tienen que ver con las creencias y la mora de cada legislador, la vicepresidenta dejó "libertad de conciencia" para que cada uno vote en lo que cree. Eso sí, si finalmente no hay final feliz con el acuerdo (o si a Ella no le gusta su contenido), serán oral y políticamente condenados. Probablemente ningún senador o diputado oficialista sabrá la opinión final hasta después de aprobado el acuerdo con el FMI.

La posición de Cambiemos es, curiosamente, más clara. Y hasta podría ser más funcional para Alberto Fernández que la de la vicepresidenta. La principal fuerza del oficialismo apoyará en el Congreso un proyecto de ley de este tipo, siempre que su contenido esté consensuado con el organismo financiero que maneja Kristalina Georgieva. Si este proyecto incluye metas fiscales, monetarias, cambiarias y macro generales que hayan sido negociadas y acordadas con el FMI, y no especulaciones del Gobierno nacional, los legisladores de la oposición no tendrían problemas en dar quórum y dar su voto positivo, tal el reclamo que ayer hizo el propio Fondo sobre el acuerdo que se negocia desde fines del 2021. Pero siempre que todo el contenido sea parte de la negociación con sean metas cerradas y consensuadas, y no especulaciones del oficialismo sobre lo que el Fondo debería aprobar. Como ya se mencionó en estas columnas, "Si tiene el certificado de autenticidad, aceptamos".

Hay un ganador claro en la saga final de la aparición de Cristina Fernández de Kirchner y su posición ecléctica sobre el acuerdo con el FMI. Martín Guzmán tiene ahora la cancha despejada para acelerar el contenido de la ley que en menos de 10 días se presentaría en sociedad. Y plantear ante los propios y los externos que es el mejor acuerdo que se pudo negociar con el Fondo; excluyendo incluso algunos de los reclamos que desde febrero de este año se le vienen haciendo al ministerio de Economía desde el kirchnerismo. Se enterrarán los reclamos a la posibilidad de una acuerdo a más de 10 años, habrán fiscalizaciones y aún no está clara una reducción de la tasa de interés. Incluirán además metas fiscales y monetarias duras, obligaciones cambiarias y metas presupuestarias y determinaciones de reservas que deberá cumplir el Banco Central. Y ya las podrá negociar directamente con los legisladores propios primero y los de Juntos por el Cambio después.

 

mdz