Miércoles 17 de Agosto de  2022 // 17:01 hs

¡Aplausos! Carlos, el vendedor ambulante que se recibió de abogado a sus 51 años. Estudiaba en la madrugada.

Carlos vive con sus dos hijos en Rosario de la Frontera, provincia de Salta. Mientras vendía cartones de bingo en la esquina de 20 de febrero y Figueroa Alcorta estudió abogacía, y el esfuerzo tuvo sus frutos.

El esfuerzo tuvo sus frutos.
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Carlos Correa tiene 51 años y vive con sus dos hijos en Rosario de la Frontera, provincia de Salta. Mientras vendía cartones de bingo en la esquina de 20 de febrero y Figueroa Alcorta estudió abogacía, y el esfuerzo tuvo sus frutos: Carlos se pudo recibir.

En el 2000 cursaba la carrera en Tucumán, pero tuvo que abandonar porque no conseguía trabajo y volvió a Salta para ayudar a su papá en el negocio. Después nacieron sus hijos y ese sueño se vio postergado. Sin embargo, sabía que en algún momento se iba a hacer realidad.

Hace unos años se divorció y sus dos hijos de 9 y 11 años viven con él. El negocio de su padre cerró y entonces salió a la calle a trabajar para poder llevar el pan a la mesa. “Nunca hay que bajar los brazos. Soy creyente y se que Dios me ayudó muchísimo. Por supuesto yo hice mi parte y me esforcé un montón y estoy muy orgulloso de eso. A mis hijos les enseño que para triunfar en la vida hay que trabajar y estudiar dijo Carlos a TN.

Estudiar de madrugada y con una computadora prestada

Durante los últimos años de carrera el despertador de Carlos sonaba a las 04.30. De esta manera podía estudiar mientras sus hijos dormían. Cuando, dos horas después, ellos se levantaban, los acompañaba a la escuela y él salía a trabajar.

Las clases las tomaba de manera virtual a través del teléfono, hasta que un amigo le prestó una computadora. “Le tengo que dar un gracias enorme a mi amigo porque la computadora que me dio me ayudó muchísimo en el estudio. En el último examen me saqué un 5, no es una muy buena nota, pero me alcanzó para recibirme con un promedio de 6?, contó orgulloso.

La situación económica de Carlos no es buena y las necesidades son muchas. A su casa tiene que hacerle varios arreglos y le hace falta una heladera. Por el momento no sabe a qué rama del Derecho se va a dedicar y el sueño de poner su propio estudio jurídico está aún muy lejos. “El título ahora me va a servir para ponerlo en el Currículum y poder conseguir un trabajo en blanco. Por suerte a mis hijos no les falta nada”, concluyó.