La carne es "punta de lanza" de la inflación y se desploma su consumo
Lo advirtió la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes (CICCRA). Esa entidad, que nuclea a los frigoríficos del país, reconoció que en febrero los cortes vacunos subieron un 7,4%. La ingesta de proteína animal cayó a 47,3 kilos por habitante y marcó el nivel más bajo en 20 años.
El precio de la carne vacuna volvió a posicionarse como uno de los principales motores de la inflación en la Argentina. Esa afirmación se desprende del último reporte del costo de vida que es medido mensualmente por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC). A nivel regional, según el IPC-INDEC los cortes cárnicos se encarecieron un 12,1% en el primer bimestre de 2026.
En ese contexto, ayer se conoció un informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes (CICCRA), en el que precisó que los cortes vacunos registraron una suba del 7,4% en el segundo mes del año, ubicándose muy por encima del promedio de los alimentos.
Siempre de acuerdo a lo referido desde CICCRA, el cuadril y la nalga encabezaron los incrementos con alzas cercanas al 8%, seguidos por la paleta, que trepó 8,1%, y la carne picada, con un 7,1%. Por su parte, el asado uno de los cortes más representativos del consumo local aumentó 5,7% en el mes.
En cuanto a los valores promedio especificados por la entidad que nuclea a los frigoríficos del país, el kilo de asado se ubicó en torno a los $16.850, mientras que cortes como el cuadril ya superan los $19.000 y la nalga perfora el umbral de los $20.000, reflejando el fuerte encarecimiento que viene registrando la carne vacuna.
En paralelo, la carne aviar también mostró un incremento significativo, incluso por encima de la carne vacuna en términos mensuales. El precio del pollo entero subió 10,2% en febrero.
Sin embargo, en la comparación interanual, este producto mantiene una dinámica más moderada, con un alza del 45%, lo que implica un abaratamiento relativo frente a los cortes vacunos y lo posiciona como una alternativa cada vez más elegida por los consumidores.
Los motivos
Detrás de esta escalada de precios aparece un factor estructural: la menor oferta ganadera. La caída en la disponibilidad de hacienda, afectada por condiciones climáticas adversas en años anteriores, impulsó una recomposición de precios que se traslada desde el ganado en pie hasta el mostrador. Este proceso viene presionando al alza los valores de la carne desde hace varios meses.
En la comparación interanual, el fenómeno se vuelve aún más evidente. El rubro carnes y derivados acumula una suba del 54,1%, liderando los aumentos dentro del capítulo alimentos.
A nivel de cortes, los incrementos son todavía más pronunciados: el asado registra un alza del 67,6% en el último año, seguido por el cuadril (65,9%), la paleta (65,7%), la nalga (62,1%) y la carne picada (56,6%).
En promedio, los precios de los cortes vacunos escalaron 63,6% en términos interanuales, muy por encima de la inflación general, que se ubicó en el 33,2%. Esta brecha marca el fuerte impacto que tiene la carne en la dinámica del costo de vida, especialmente en un país donde su consumo forma parte central de la dieta.
Reducción del consumo
El consumo también refleja el impacto de los aumentos. Según el promedio de los últimos doce meses al cierre de febrero, el consumo por habitante se ubicó en 47,3 kilos anuales, lo que representa una caída del 2,5%. Se trata, además, del nivel más bajo en 20 años para este período, lo que evidencia un cambio en los hábitos alimentarios y las dificultades crecientes para sostener el consumo de carne vacuna.
Si bien algunos componentes del rubro alimentos mostraron señales de desaceleración en febrero como frutas y verduras, que incluso registraron caídas de precios, la carne volvió a consolidarse como uno de los principales focos de presión sobre el índice general.
En este escenario, la persistencia de aumentos en los cortes vacunos no solo golpea el bolsillo de los hogares, sino que también redefine el mapa del consumo, en un contexto donde cada vez más familias se ven obligadas a recortar cantidades o migrar hacia opciones más económicas, como el cerdo o el pollo.

