Las fotos de "la habitación del horror": aquí vivió 23 años la mujer secuestrada por su pareja

María Eugenia tenía tan solo 18 años y un hijo de dos, cuando empezó una relación con quien un tiempo después fue su captor. Ahora la Justicia de Rosario pide para él la pena máxima para posible, que son 18 años de prisión, algunos menos de los que ella estuvo cautiva.
lunes, 2 de agosto de 2021 · 22:56

María Eugenia tenía 18 años y un hijo de menos de dos cuando conoció a Oscar, su ex pareja, un mecánico mayor que ella, con quien empezó una relación afectiva. Pero el hombre de a poco fue comenzando a presentar celos obsesivos hasta llegar a ejercer violencia de género contra ella mediante violencia física y psicológica.

Un día, cuando ella ya había cumplido los 19 años y después de pagar una coima 50 pesos en la comisaría 15º, el imputado la llevó por la fuerza a la casa de Santiago al 3500, de la cual no pudo escapar sino hasta después de 23 años.

Mientras avanza el juicio oral que se lleva adelante en Rosario contra un hombre de 60 años que mantuvo secuestrada a su pareja más de dos décadas en una casa del barrio Cura, se siguen conociendo detalles de la dramática historia, el calvario de la víctima y un padre que murió sin poder volver a verla.

Según informó TN, el hombre la encerró en un altillo, tapó con diarios las ventanas y sacó el picaporte de la puerta. Bajo la amenaza de matar a su hijo y a toda su familia si intentaba salir de ahí, la adolescente sufrió violaciones, golpes debajo del agua, dos abortos y hasta le suprimieron la identidad. 

“Estuve un año viviendo con un pijama, no tenía contacto con el afuera”, dijo la víctima en diálogo con La Capital. Al poco tiempo de estar encerrada, aceptó con resignación que probablemente nunca abandonara viva ese lugar. “Es el precio que tenía que pagar por todo lo que le había hecho, según él. Pero hasta hoy no entiendo qué hice. Era una forma de sacrificarme para que a los míos no les pasara nada”, dijo.

Durante todo el tiempo que estuvo secuestrada sus padres no lograban entender a qué se debía el cambio de actitud tan grande en ella y hasta llegaron a pensar que estaba en una secta. “Yo no tenía oportunidad de decirles lo que ocurría”, se lamentó María Eugenia, y recordó: “Cada vez que mi mamá pasaba por la casa, me veía sentada en la puerta o barriendo el cordón. Ahora me cuenta que se conformaba con saber que estaba viva. Y cuando pasaba y estaba Oscar en la puerta, le decía ‘gorda, hija de p.., ¿qué querés acá?’. Yo le decía que se fuera porque no sabía cómo terminaría eso”.

Su padre, le escribía cartas y notas que nunca llegaron a sus manos porque su secuestrador las escondía. “Pasaba y las tiraba en el jardín de la casa. Las pude encontrar mucho tiempo después. Encontré una caja grande de cartón, donde había papeles judiciales de Oscar, donde consta que estuvo varias veces preso, la denuncia de su primera mujer por agresiones, hasta con arma de fuego, el caso de una moto robada, otra denuncia de una mujer, a la que corrió en un campo con una carabina. Y encuentro una sola carta de mi papá, en un sobre chiquito que tenía por lo menos 15 años de escrita”, contó.

En el mes de mayo del año 2019 en un descuido de Oscar, que olvidó poner el candado en la entrada y se fue a bañar, María Eugenia vio por fin la oportunidad de salir de ese infierno. Tomó 640 pesos que había en un monedero sobre la mesa de la cocina, dos fotos de su hijo y la carta de su papá que había encontrado, abrió la puerta y corrió por su vida. “Nunca pensé que iba a salir de lo que estaba viviendo”, expresó a los medios.

El acusado, comenzó a ser juzgado la semana pasada por privación ilegítima de la libertad y reducción a la servidumbre y la fiscal de la Oficina de Violencia de Género, Luciana Vallarella, solicitó una pena de 18 años de prisión.

María Eugenia volverá a la ciudad de Rosario para escuchar el veredicto del juicio. “Me explicaron que el máximo que se puede pedir es 18 años. Entendí que la justicia de los hombres tiene números. Espero conseguir esos 18 años. Pero no me alcanzaría ni 23 años, porque la vida no me la devuelve. Lo único que me sacaría de todo esto es una máquina del tiempo, que me mande 25 años atrás. Entonces hubiese criado a mi hijo, compartido con mi familia, pero es imposible. Me queda la condena, y el compromiso de que no salga y encuentre a una mujer que pueda matar”.