La viuda negra de Badoo: drogaba y desvalijaba a sus víctimas

Un abogado y empresario de 55 años, que había ocupado un cargo en un ministerio nacional, decidió probar suerte en el amor. El hombre ingresó a la aplicación de citas Badoo y allí conoció a una gran candidata. Copas iban y venían, pero en un momento, el abogado quedó inconsciente.
viernes, 14 de enero de 2022 · 11:25

Un abogado y empresario de 55 años, que había ocupado un cargo en un ministerio nacional, decidió probar suerte en el amor. El hombre ingresó a la aplicación de citas Badoo y allí conoció a una gran candidata. Tamara, como así se hacía llamar, fue a su encuentro. El abogado la había citado a su departamento para pasar un agradable momento. Cenaron y luego llegó la hora de los tragos. Pero allí empezó la pesadilla.

Empezaron a beber y el momento de pasión fue creciendo. Copas iban y venían, pero en un momento, el abogado quedó inconsciente. Doce horas más tarde, su empleada lo encontró desvanecido y desnudo en el piso de su casa y, aunque intentó reanimarlo, debió ser trasladado al hospital. Allí durmió 36 horas más.

Su pareja de la noche, Tamara, le había suministrado un cóctel de benzodiazepinas y lo desvalijó. Le robó dólares y joyas antes de desaparecer.

Luego de recuperarse, el abogado hizo la denuncia en el Juzgado N°4 de Martín Yadarola. Finalmente, esta semana la detuvieron en su casa de Wilde, pero un detalle no correspondía. Tamara no era "Tamara". Se trataba de Gilda V., de 39 años.

Gilda es pensionada y beneficiaria de un plan social para acceder a una garrafa. No tiene empleo formal hace 10 años, es madre de tres hijos y manejaba una Ford EcoSport que tenía pedido de secuestro. También vendía pan casero y ropa en ferias americanas.

Para encontrarla fue necesario pedir información a empresas internacionales como Badoo y WhatsApp, pero también se solicitaron datos a compañías telefónicas. Sus tatuajes y un cotejo con su perfil de Facebook fueron fundamentales para corroborar la verdadera identidad de Gilda.

Mientras la mujer veía todo por la ventana de su casa, se montó una guardia a la espera del pedido de allanamiento y detención. Tiempo después, Gilda cayó.