Crear confianza, honestidad y voluntad política: las condiciones para el acuerdo al que convocó Cristina Fernández

La vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner sorprendió con un llamado a un acuerdo político amplio. Lo hizo tras reconocer que la magnitud de la crisis es enorme. Pero antes el Gobierno deberá crear las condiciones para ese acuerdo.
martes, 27 de octubre de 2020 · 08:32

 

La vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner escribió una carta en la que, nuevamente y a su estilo, busca imponer una agenda política; incluso le marca directrices al propio gobierno al que pertenece. Fuera del diagnóstico y la forma en la que se exculpa de cualquier problema, hay dos tópicos que llaman la atención y que no pueden ser obviados.

Primero, reconoce que la crisis que vive y vivirá Argentina es y será dramática. El diagnóstico que traza es más grave que el relatado por el presidente Alberto Fernández. "El freno a la economía y la incertidumbre generalizada sobre que va a pasar con nuestra vida son agobiantes", dice Cristina. Palabras similares podrían haber salido de cualquier dirigente opositor. 

Pero lo más llamativo es que Cristina asegura que para salir es necesario un acuerdo político entre todos los sectores. Incluye allí a la dirigencia política, los empresarios e incluso los medios. El tema que funciona como eje de ese llamado es el control del dólar; tema que esconde además la falta de credibilidad en la moneda y en quienes la manejan. 

Ese llamado no pasa desapercibido, sobre todo por quien convoca. La vicepresidenta no había hecho gala de la convocatoria a otras fuerzas políticas durante  sus gobiernos. Más bien lo contrario. En épocas de crisis, aceleró y potenció las diferencias. Ahora, con un problema en marcha llama a convocar a un acuerdo. Es la dirigente más influyente del Gobierno y lo era antes del cambio de mando. De hecho de la misma manera que ayer pidió un acuerdo, el 18 de mayo del año pasado pateó el tablero y ungió a Alberto como candidato a presidente, cambiando el escenario político del país. 

Cristina, claro, menciona que quien gobierna es el Presidente y se entiende entonces que debería ser Alberto Fernández quien haga operativo ese llamado.

El problema también está en las reglas de juego. "No se puede negociar o acordar con alguien que al comenzar a hablar te tira tierra en los ojos", graficaba ayer un dirigente opositor al interpretar la carta. Es que en la misma misiva en la que convoca a un acuerdo, Cristina resalta que gran parte de los males del país son "culpa" del gobierno de Mauricio Macri y Juntos por el Cambio; sector con el que sería imprescindible en cualquier búsqueda de consensos y que aspira a gobernar.  ¿Macri es el límite de Cristina? Difícilmente haya un cara a cara entre los dos dirigentes que "más votos" tienen, aunque bajo la espuma sí haya otros actores dispuestos a dialogar. Pero el hecho de que la vicepresidenta delegue la búsqueda de acuerdos en otros podría sugerir que se prescindiría de hablar con el ex presidente y avalaría el diálogo. 

El problema es, nuevamente, de confianza: el Gobierno deberá crear las condiciones de diálogo "desinteresado" antes de abrir la puerta. La agenda política planteada en los últimos meses y en la propia carta de Cristina no ayudan: reforma judicial, tensión institucional, aval discursivo a la toma de tierras, relativización de la propiedad privada y exageración de los problemas heredados. Por eso de manera casi automática los principales dirigentes de la oposición cuestionaron el mensaje de Cristina; cerrando a priori la posibilidad de acceder a un diálogo sincero. 

La Vicepresidenta basa su discurso en tres certezas. Los argumentos que rodean esas máximas son discutibles porque tiene habilidad retórica para no hacerse cargo de ningún problema. Pero el hecho de reconocer, por ejemplo, que el dólar no es en Argentina un problema de clases y que excede ideologías y dogmatismos, es un cambio de eje. "Tercera certeza: la Argentina es ese extraño lugar en donde mueren todas las teorías. Por eso, el problema de la economía bimonetaria que es, sin dudas, el más grave que tiene nuestro país, es de imposible solución sin un acuerdo que abarque al conjunto de los sectores políticos, económicos, mediáticos y sociales de la República Argentina. Nos guste o no nos guste, esa es la realidad y con ella se puede hacer cualquier cosa menos ignorarla", resalta la ex presidenta. 

Allí hay un dato incuestionable: Argentina sí necesita un gran acuerdo para poder enfrentar y salir de la crisis que agobia. Acuerdo sin egoísmos, miserias y oportunismos. Se requiere de grandeza para resignar ambiciones y voluntad de diálogo.