¿Qué hay detrás del escándalo por propofol y fentanilo?
La muerte de una anestesista en Buenos Aires derivó en una investigación sobre el uso recreativo de propofol y fentanilo en fiestas privadas organizadas por profesionales de la salud, lo que expone posibles fallas en los controles hospitalarios y genera preocupación en el sistema sanitario.
La muerte de una médica anestesista en la ciudad de Buenos Aires encendió las alarmas dentro del sistema de salud. El hecho derivó en una investigación que busca esclarecer el uso indebido de drogas anestésicas en ámbitos privados.
El caso tomó mayor relevancia tras conocerse otro fallecimiento, el de un enfermero en circunstancias similares. Ambos episodios apuntan a un posible patrón de consumo problemático dentro de ciertos sectores vinculados a la salud.
Fiestas privadas y drogas de uso restringido
En el centro de la investigación aparecen las denominadas "Propofest", encuentros donde se consumían sustancias como propofol y fentanilo. Se trata de fármacos de uso estrictamente hospitalario, no disponibles en farmacias y con acceso limitado a instituciones médicas.
Según trascendió, estas drogas eran administradas bajo la modalidad de "viajes controlados", con la presencia de profesionales encargados de supervisar los efectos. "Son medicamentos extremadamente peligrosos si se utilizan fuera del ámbito adecuado", advirtió el toxicólogo Daniel Gómez.
Sospechas sobre el origen de los medicamentos
Uno de los puntos más sensibles de la causa es el presunto desvío de estas sustancias desde centros de salud. Entre ellos, se menciona al Hospital Italiano de Buenos Aires, lo que abre interrogantes sobre los controles internos.
"El propofol y el fentanilo no se consiguen en farmacia. Cada partida está identificada y permite rastrear su origen", explicó Gómez, quien además remarcó que "nunca vio controles toxicológicos sistemáticos en profesionales de la salud".
La investigación judicial avanza para determinar responsabilidades, identificar a los participantes y establecer si existía una red organizada de extracción ilegal de medicamentos. El caso reabre el debate sobre la seguridad en el sistema sanitario y la confianza de los pacientes.

