Sufre una enfermedad que afecta a una de cada 10 mil personas y cumplió su sueño de nadar en Malvinas

Gabriela Córdoba tiene 41 años, es profesora de inglés y técnica en turismo. En 2012 le diagnosticaron una enfermedad rara que afecta a una de cada 10 mil personas. “Fueron épocas difíciles”, contó. Sin embargo, eso no le impidió cumplir su sueño: nadar en las aguas de las Islas Malvinas.
miércoles, 18 de diciembre de 2019 · 21:25

Los primeros síntomas comenzaron en las manos. Se hinchaban, dolían y Gabriela Córdoba, la protagonista de esta esperanzadora historia, no sabía qué era lo que pasaba. 
De a poco las molestias se fueron agravando, llegando a la cara y estirando la piel hasta romperla. A Gabriela primero le dijeron que era una alergia, en ese mundo de posibilidades los médicos comenzaron a buscar respuestas. Sin embargo, luego de muchos tratamientos, una posible cirugía, y conversaciones sobre trasplante, le diagnosticaron Angioedema Hereditario tipo 3, una enfermedad que afecta a uno de cada 10 mil habitantes.

“Esta enfermedad se me diagnosticó en 2012 cuando mi hija más chica tenía 3 y la más grande 6, aproximadamente”, contó a ADNSUR. “Los años previos fueron años en que se manifestaban diferentes síntomas. Por ejemplo, se me hinchaban los dedos de las manos, se me hinchaban los dedos de los pies, me salían como pelotas y no podía pisar”, recuerda sobre esa dolorosa etapa.

Gabriela cuenta que la primera ayuda la buscó en la guardia de una clínica. Recuerda que le cortaron los anillos y que pensaron que era una alergia. Así comenzó el calvario y la búsqueda de una cura. En el camino le inyectaron todo tipo de medicación, a veces funcionaba y a veces no. Fueron tiempos de mucha búsqueda, “de ensayo y error”. Mientras tanto los “episodios”, como ella llama a la aparición de los síntomas, se agudizaban cada vez más.

En esa época Gabriela comenzó a viajar a Buenos Aires para el control de su hija, y encontró al doctor José Fabiani, fundador del Instituto Argentino de Alergias, toda una inminencia en la materia, quien luego sería decisivo en su diagnóstico.

Gabriela recuerda esos días como si fueran hoy. “De siete días a la semana capaz estaba cinco internada. En la clínica me venían llegar y me dejaban pasar porque a veces ni siquiera podía hablar porque la lengua se me hinchaba. Fueron épocas difíciles, años difíciles”, reconoce.  

EL PRINCIPIO DE FIN

Todo comenzó a cambiar cuando tuvo otro grave episodio y acudió a una clínica. Allí la atendió el doctor Rubén Sanna, que recientemente había llegado a Comodoro. Él le advirtió qué algo pasaba; la había visto tres veces en una semana con un cuadro similar a gastroenteritis que la llegaba a desmayar y decidió hacerle diferentes estudios.

Los resultados arrojaron que Gabriela tenía un riñón en herradura, con ambos riñones compartiendo arteria, y dos  tumores. Inmediatamente fue derivada a un especialista, quien le advirtió que “era urgente una intervención y que había poco tiempo”.

Gabriela tuvo que organizarse. El pos operatorio obligaba a esperar un trasplante, y fue derivada a Buenos Aires sin saber cuando volvía. “Fue tristísimo, mis hijas eran chiquitas y tuve avisar que no iba a trabajar. Fue muy triste”.

En Buenos Aires le hicieron estudios durante casi tres semanas, hasta que el día en que el equipo médico que la iba a operar tuvo su reunión final sucedió algo inesperado. “En ese ateneo había nefrólogos, urólogos, especialistas y enfermeros. Me llamaron y me dicen venite para el hospital. Ahí se decidía mi futuro, pero cuando llegó el urólogo me empieza a abrazar y empieza a emocionarse. Me dice: ‘Gaby tus riñones están bien, los tumores son benignos, anda a tu casa, control y vida normal, pero te aconsejamos que te quedes para saber que más es”.

Gabriela luego de toda la angustia vivida decidió volver a Comodoro. A fin de cuentas ella podía vivir con las alergias pero no con ese diagnóstico.  Pero los episodios volvieron y todo terminó el 7 de abril 2012, cuando los síntomas fueron durísimos.

En la guardia tuvieron que inyectarle tres ampollas de adrenalina. Gabriela casi no podía respirar y se desmayó. Los médicos aceptaron que no podía hacer nada por ella y decidieron comunicarse con su médico de cabecera. Eran las dos de la mañana cuando el doctor Fabiani atendió, la tranquilizó y se hizo cargo.

Ante esa situación, el equipo médico decidió hacer una transfusión de plasma y esperar el resultado. Así descubrieron que se trataba de Angioedema Hereditario nivel 3.

Por su característica hormonal a Gabriela le sacaron los parches anticonceptivos y luego iniciaron una desintoxicación de la sangre. El diagnostico ya estaba hecho. (ADN Sur)