Chubut: a juicio una banda narco financiada por un empresario de la pesca

Vendían marihuana, cocaína, éxtasis y drogas de diseño en el Valle. El comercio incluía a varios boliches de Trelew.
lunes, 4 de noviembre de 2019 · 11:03

El Juzgado Federal de Rawson elevó a juicio oral y público el caso de una presunta banda narco organizada, liderada y financiada por un empresario de la pesca de la capital. Son siete personas que según la imputación del Ministerio Público Fiscal, vendieron cocaína, marihuana, éxtasis y drogas de diseño, como LSD y MMA, en el Valle Inferior del Río Chubut. Comerciaban en sus casas y por “delivery”, pero también en tres boliches de Trelew: “Alquimia”, “Malá” y un tercero que aún funciona.

Los procesados son Sergio Rubén Gerónimo “Pampa” Pacheco, un electromecánico automotriz de Comodoro Rivadavia; Oscar Francisco “Gordo” Lillo, un empresario de Rawson; Juan José Cristóbal Sadaba, alias “Compadre” o “Flecha”, un transportista de Rawson; Sergio René Alderete, que se dedica a mantenimiento de electricidad, refrigeración y mecánica; su pareja Cynthia Soledad Mazza; Carlos Daniel Prieto, un productor de ventas, y Bárbara Natalia Sáez.

Les imputan comercio de estupefacientes agravado por la participación de tres o más personas. El caso de Lillo se agrava ya que se lo considera el organizador y financista.

La investigación, liderada por el fiscal Fernando Gélvez, reveló que el grupo operó desde abril de 2017 a noviembre de 2018.

En el caso de Lillo, desde su casa de Bernando Vacchina al 300 de Rawson vendía a clientes de su confianza y lideró a la banda. Su proveedor era Pacheco, que transportaba la droga desde Comodoro y también tenía clientes ocasionales.

Lillo tenía la ayuda directa de una persona de su íntima confianza, Sadaba. Vivían juntos y era intermediario con clientes. “Tenía funciones de gestión y organización de los punteros que vendían la droga”, dice la causa Sadaba también comerciaba por cuenta propia.

Los punteros eran Alderete, Mazza y Prieto, en Trelew, y Sáez, de Rawson. Rendían cuentas ante Lillo o Sadaba.

De todo

Se allanaron casas y boliches. Se hallaron celulares, envoltorios de nylon con cocaína, bochitas, pesos, dólares, tarjetas SIM y de memoria, chips, troqueles de cocaína, balanzas digitales de precisión, paquetes de creatina, cucharitas, cajas de bicarbonato de sodio, pendrives, cuadernos con anotaciones, talonario de recibos, porros, armas, cartuchos de escopeta, municiones, cargadores, cucharas con restos de droga, microdosis de LSD en papel metálico, cheques en blanco, pastillas de éxtasis y Tafirol.

También cuadernos con anotaciones, platos con restos de sustancia y tarjetas; droga en congeladores de heladeras, dosis de troqueles con figuras animadas y rectángulos.

Origen

La causa se inició en abril de 2017. Un exempleado de Malá se presentó en la División Drogas y Leyes Especiales de Trelew. Reveló que los responsables del local organizaban fiestas electrónicas privadas, donde vendían grandes cantidades de dosis de éxtasis y planchas de LSD. Mencionó a Prieto y a Lillo.

Hubo inteligencia con vigilancias, seguimientos y escuchas. Se descubrió que tanto en Malá como en un boliche que hoy funciona se comerciaban estupefacientes.

Las escuchas mostraron lenguaje asiduo entre los sospechosos con expresiones como: “tutuca”, “la cosa”, “cositos”, “florcitas”, “tuca”, “churro”, “yerba brava”. Así enmascaraban el consumo. Mencionaban elevadas sumas de dinero, depósitos bancarios y cambios de cheques.

La pesquisa siguió en 2018. Se descubrió el papel de Pacheco. La pareja Alderete-Mazza fraccionaba la mercadería; Sáez expendía al menudeo y era el último engranaje de la cadena de comercio.

Se detectó a Prieto en Malá detrás del mostrador de la boletería, y en distintos sectores dentro del local. menores iban a fiestas electrónicas y usaban anteojos de sol y máscaras para ocultar troqueles o dosis de LSD en sus ojos. Se vendían botellas de agua mineral de medio litro por los efectos del consumo. El 90% de las personas en el sector fumadores tenía marihuana.

Cuando cerró Malá, el tráfico siguió en otro boliche de Trelew con fiestas que también producía Prieto. “En la pista de la discoteca había jóvenes exaltados con botellas de agua, chupetines, máscaras, gafas oscuras y abanicos”, dice la causa. La Policía vio cómo un hombre sacó del bolsillo de su pantalón una pastilla, la puso en su lengua y se la pasó a una mujer abriendo su boca.

Prieto se instalaba en la cabina del DJ. Había constante movimiento de jóvenes que ingresaban, mantenían breves diálogos y volvían rápido a la pista. “Se visualizaron signos presuntos de ingesta de sustancias sintéticas, como consumo excesivo de agua, desabrigo cuando el clima no lo ameritaba, ya que aumentaba el calor corporal de los consumidores”.

Fuera del boliche la Policía detectó a menores armando y fumando porro. Uno desprendió la funda protectora de su celular y dejó caer troqueles de ácido lisérgico. Todo está filmado y fotografiado. Hasta en la basura del boliche se hallaron recortes de nylon con cocaína.

Un agente declaró que mientras vigilaba, un joven le dijo que la fiesta del día siguiente se iba a poner buena y se podían conseguir “pastillas o pepitas”. A otro policía de civil se le acercó un hombre y le dijo: “Acá adentro está cien (100) pesos la orden”, insinuando querer venderle algo.

Tal era el desparpajo que una madrugada, un menor de 15 años quiso venderle “droga de la buena” a un empleado de seguridad privada del boliche que además era policía.

Las escuchas a Prieto develaron la red de tráfico. Usaba la flota de coches de Lillo y solían juntarse en casa del “Gordo”. Mencionaban grandes sumas de dinero que poseía la organización y hasta hablaron de usar “matones” para realizar aprietes por deudas millonarias. Prieto también comerciaba en su casa de Fray Luis Beltrán al 1.900 de Trelew. Era sede estratégica para las reuniones.

Luego se descubriría el sólido vínculo y la autoridad de Lillo sobre Alderete, que también manejaba sus coches, como una camioneta BMW, Modelo X6.

En casa de Sergio, en el barrio 252 Viviendas, se fraccionaban y vendían drogas. Él mismo repartía el delivery a pie o en coche en toda la ciudad, con visitas de minutos. Con su mujer llegó a dejar abierta la puerta de su vivienda abierta sin reparo: encendieron porros y comenzaron a fraccionar marihuana sobre la mesa. Según la acusación, envolvían con nylon transparente y con un encendedor quemaban los extremos de los envoltorios para sellarlos. Los apilaban en otro sector de la casa y en un morral y en una caja. “Tenía colaboración y sumisión” con Lillo, que le ordenaba ir de Trelew a Rawson para “mandados” relacionados con comercio, transporte y recaudación.

Fotos

En los celulares secuestrados había imágenes de ladrillos de cocaína, en polvo, y envuelta en nylon, balanzas, porros, pastillas y armas, además de selfies del grupo.

Durante 2018, la vigilancia con filmaciones y fotos detectó movimientos en las casas de los investigados, típicos de la venta al menudeo: personas que llegaban a pie, en bicicleta, en moto y en coche, se quedaban por breves minutos y se retiraban, o esperaban la entrega afuera o en sus coches. Pudiendo estacionar cerca, se quedaban lejos. También actitudes de alerta y vigilancia de los imputados y reuniones entre ellos, que conducían vehículos de alta gama.#

“No me quedó harina, ¿no tenés dos kilos?”

La Fiscalía Federal ubicó a Oscar Lillo en la cúspide de la organización. Es empresario de la pesca y la estiba, con un enorme patrimonio del cual hacía alarde en las escuchas. Guardaba droga en su caja fuerte y tenía capital para la compra. A Sergio Alderete le hacía pedidos llamativos, como “Postre” o “10 kilos de helado”.

Una intervención descubrió que en diciembre de 2017 inauguraría “Alquimia”, en el mismo lugar de “Malá”, sobre Avenida Yrigoyen de Trelew.

-Lillo: Tranquilo, preparando el boliche para el mes que viene. Calculá que vamos a abrir el 8 de diciembre, el Día de la Virgen, vamos a ver qué pasa si Dios quiere, Tatito…

-NN: Ojalá que tengas revancha porque no la pudiste pegar todavía…

-Aparte puse mucha guita ya ahí…vengo de seis, siete millones de pesos en los boliches de mierda…

El fiscal Fernando Gélvez consideró “esclarecedora” otra escucha a Lillo:

-NN: ¿Tenés langostino? Me habían ofrecido entonces digo me voy a acordar de mi amigo porque no consigue…

-Lillo: No tengo nada, había un kilo y medio y se lo llevaron no sé para qué si no pescaron nada, ¿vos querías para pescar?

-Pero qué pelotudo que sos, te estoy hablando de otro tipo de langostino.

-Ah verga, no, pero andá para casa después...

-Me ofrecieron porque si vos querías yo hago otra onda.

-No tengo un mango, ¿cuánto vale?

-¿Cuánto me cobraste la última vez?”

-Mil pesos

-Vale mucho menos…

-Che… bueno pero ayer compramos, andá para casa después, no quiero hablar por teléfono.

En otra intervención, Lillo le pide a Bárbara Sáez: “Che, estoy haciendo torta fritas y no me quedó nada de harina ¿No tenés dos kilos ahí? Porque Juan no sé dónde mierda está, desapareció el hijo de re mil puta y se llevó la harina”. La puntera responde: “Cuando llegue te aviso porque no sé dónde la tiene metida”.

Recaudando, Lillo le dice a Sáez: “¿Tenés plata?”. Ella responde: “Nada Oscar, igual no saqué mucho, no tengo acá porque me lo saqué para no tenerlo encima pero no se ha estado moviendo tampoco”. Cuando ella iba a seguir hablando, el líder la corta: “No hables”. Sáez le comentaba sobre una deuda: “Pero me queda cobrar el alquiler del mes pasado, me quedaron debiendo nueve lucas”.

La causa incluye audios de WhatsApp extraídos de los celulares de Alderete y Lillo:

-A: Qué hacés, papi, ahí está yendo el Mono para verte así habla con vos y me dijo que lo esperes que vuelva así te llevo las cubiertas...

-L: Dale, me golpea el vidrio, estoy acostado, me estaba por levantar, llámalo y decile que lo espero…

-A: Estoy con él en casa, me pregunta por vos a ver si lo podés salvar con algo hoy...

-L: Los jueves agarro los cheques, me preguntaba mi compadre si ibas a venir, quiere tomar chocolatada, no sé qué quiere este pelotudo y no tenía plata…

-A: Al pelo, mañana posiblemente podemos tomar una chocolatada juntos, voy a tener algo de plata y decile que lo llevo y lo llevo a tomar pero estamos pobres ahora, todavía no vino nadie a buscar los piñones y los amortiguadores, estamos secos todavía… #

“Está bravísimo, me siguen por todos lados”

A Sergio Pacheco, la pesquisa lo consideró proveedor y transportista. Una llamada reflejó su vínculo con Lillo, el financista: “Necesito mañana un depósito de $ 350 mil para poder hacer el negocio amigo, sí o sí sino pierdo todo. Como la gente no es de acá quiere confiar en mí y dejarme una carga superior, entonces puedo responder con una plata, yo empeñé mi RAM, ¿sabés en que me vine hasta acá? en avión, sacá la cuenta viejo…a ustedes se lo voy a dejar en esa plata, cada cosa de esa vale 500, o sea que les voy a dar un millón, me tienen que dar un tercio de lo que vale y la necesito de verdad, amigo, lo que me dan es muchísimo más de lo que ya te había hablado a vos, depositaron una confianza muy grande, me mostraron unas cosas, las probé, más rica, no sabés lo que es, te deja de la cabeza, es hermoso de las dos formas, yo no la inhalo, pega y volás, mil veces superior… lo que yo les voy a dejar a ustedes me va a dejar una banda, amigo, no lo puedo perder, tenés que darte cuenta. Necesito 350 confirmados como para yo darle la noticia a los tipos y se puedan ir, transferido a mi cuenta”.

En otra charla, Pacheco estaba en alerta y quería mermar el tráfico. Un socio había sido detenido y suponía que lo investigaban. “Estoy re complicado para salir de acá, tengo los perros pegado atrás en la espalda, me están siguiendo por todos lados; está bravísimo, cayó el loco que anda conmigo, está guardado, por eso estoy re quieto, ni el teléfono quiero usar ya, lo agarraron arriba, cerca de Usuhaia al enano, y yo voy a pasar ahora, con la flaca para poder hacer las cosas porque cuando me ven solo, chau, me dan vuelta, pero escuchá viejo, tengo el grupo electrógeno listo, ahora no voy a poder subir por un par de semanas largas, no voy a hacer nada para arriba, olvidate”.

Pacheco les vendía a choferes de camiones de larga distancia. Como a “Jarita”: “Voy a ver si consigo de eso amigo, voy a llamar al otro loco a ver si tiene, anoche no conseguí nada en ningún lado, está todo mal”. Jarita le dice: “Haceme la gauchada porque tengo que llegar a Gallegos a la noche sí o sí”.

Consta un reproche de Pacheco para “Guille”, eufórico y subido de tono: “Soy un tipo grande, viste, y estoy acostumbrado a andar en la calle y te fui a comprar algo a vos y me vendieron todo pastilla, loco, ¿entendés? La concha de tu madre, donde te encuentre en la calle te pego un tiro en la pata, sos un tipo que anda vendiendo droga todo el tiempo y no podés hacer eso, ¿está? A tal hora conseguime falopa, hermano… esto es para pelear, loquito, sacá la cuenta, anoche tendría que haber abastecido una banda de gente que andaba en la ruta subiendo los camiones y me tuve que hacer la Manuela, hermano, ¡dejar a la gente sin nada!”.

Juan Sadaba era la mano derecha de Lillo con gestiones, trámites, órdenes a los punteros, recaudaciones y stock. Hasta intervino para cuidar a la banda cuando Lillo tuvo problemas de pareja y tenía miedo de que ella lo denuncie. Hasta alertó a Alderete: “¿Te acordás lo que te dije de Viviana? Bueno, cuidate”. Al día siguiente, otra conversación por temor. Sadaba le dice a Lillo: “¡No entra nadie más acá, voy a cerrar todas las puertas, voy a trabar todo porque si no llegamos a un corte definitivo va a pasar una desgracia y ésta nos va a mandar al frente a todos!”.

Alderete, en otra charla, consultó a un tal “Rodri” si le sirvió la “levadura”. Burlón, Alderete le refirió: “Duro, duro decía Tu-Sam”. “Rodri” responde: “Claro, así quedaron después de mí”.

Cynthia Mazza era pareja de Alderete y operaba con su celular. En una llamada Sergio le dice: “Estoy a dos cuadras de casa, prepará el taxi así vamos a la peluquería”. No tenían taxi: era una entrega a un peluquero, habitual comprador.

Otra llamada para Alderete le preguntaba por un “alquiler”: “¿Cynthia tiene el aparadorcito de algarrobo que tenía para vender?”. Alderete responde: “¿El de color verde? Ya lo vendió, va a tener otro mueble nuevo en cualquier momento”. Quedaban expuestos cada vez que remataban las charlas con chistes jactándose de la actividad ilícita que escondían.

Consta en la causa un chat de Sadaba con un tal “Marcelo”:

-Che tío, sí vas a Trelew me dijeron que ahora a las 2.30 van hacer el control por las dos rutas Gendarmería.

-¿Vos que estás haciendo?

-Nada tío ¿por qué?

-Venite así salimos a vender un poco de cereza.

Y audios de Pacheco para “Lucas”:

- “No seas culiado, vos decile que tengo algo muy rico así empiezan a caer, tienen que caer con plata, deciles que tengo mucho queso del rico”.

-”Boludo, le dijiste al viejo ése y ya estaba acá, Vio que tenía las bolsas armadas ahí arriba y no sabés la locura que tenía, me dice ´Vendeme´, no, las tengo comprometidas, lo dejé que se fuera re duro. Andaba con la plata pero el que quería que caiga era el Richard, no él, le tengo unas preparadas con Tafirol, que con bicarbonato van como pifia, sabés cómo salen en la cuchara”.

- “Con la pipa en la mano a ver si le convidaba una y ahí justo estaba armando tres bolsas de cinco con un poco de Tafi. No le di esa porquería porque iba a saltar la bronca al toque. Estuvo Luchito, re loco se fue de acá, re contento, se fue re embalado”.

 

Diario Jornada