Hay nueve procesados y presos por el doble asesinato narco en Madryn

El juez Lleral consideró que Nicolás Cerrudo reclutó a un grupo para organizar los crímenes de Federico Lomeña y Héctor López. Detalles inéditos.
lunes, 29 de abril de 2019 · 09:44


"Eran ellos o yo”. Lo dijo Nicolás Cerrudo en referencia al doble crimen narco de Federico Lomeña y Héctor Nehemías “Bastián” López en Puerto Madryn. Luego se ahorcaría. Le decían “Mínimo”, “Máximo” o “Reptil”. Había perdido 4 kilos de marihuana valuados en $ 230.000. Así lo dedujo el juez federal de Rawson, Gustavo Lleral, que procesó a 9 personas por su participación en los salvajes homicidios.

Humberto Marcelo “El Mendocino” Campos Sosa habría instigado a Cerrudo para organizar los asesinatos. Es el proveedor que traía la droga desde el norte en su Fiat Palio para que Lomeña y López la redistribuyeran a sus punteros. Fue procesado y embargado en $ 2.000.000.

Lomeña fue asesinado el 6 de diciembre y López, el 10. El juez lo calificó como homicidio doblemente agravado por el concurso premeditado de dos o más personas y ensañamiento. “Les provocaron un sufrimiento extraordinario y no necesario”, dice el expediente.

Nicolás Valencia, Nalib Zajur, Genaro Martínez, Nicolás Wild y Genaro Carrizo Artiles fueron procesados por el caso de Lomeña. Los embargaron en $ 1.000.000 cada uno.

En tanto, B.B, de 17 años, y Aaron “Papota” Sepúlveda fueron procesado por ambas muertes y embargados en dos millones de pesos. Giulio De Cecco quedó procesado por el crimen de López y embargado en $ 1.000.000. Todos quedaron detenidos: enfrentan una posible prisión perpetua.

Lleral consideró que “El Mendocino” era un sujeto extraño al grupo de jóvenes. “Por su edad, porque no era vecino de Madryn o porque no practicaba las actividades recreativas de los jóvenes, pareciera no tener ningún vínculo”. Pero fue la pieza clave. Los unía el consumo y la venta de droga, que Campos Sosa les proveía. Lomeña y López la distribuían y le rendían cuentas. En la cadena de narcotráfico seguían Cerrudo y Carrizo.

El 4 de diciembre, en su WhatsApp, Cerrudo escribió: “ME ROBARON 4 KILOS”. Los días de sus crímenes, Lomeña y López fueron a la casa de la abuela de Cerrudo en Berwin al 200–donde él vivía- porque les pagaría la deuda de esa pérdida. Nunca salieron.

¿Por qué el asesinado no fue Cerrudo, si fue quien perdió la droga? “Ante Campos, quienes debían dar cuenta de la droga y su venta eran a quienes proveía directamente: Lomeña y López”, dedujo Lleral. El dúo le exigió la plata a Cerrudo. “Pero Cerrudo bien sabía que si no podía reunir el dinero suficiente, su vida era la que estaba en juego. Debía actuar y fue fundamental la intervención de Campos”. Hubo varias comunicaciones de ambos días previos a los homicidios.

Una filmación del 6 de diciembre prueba que “El Mendocino” estuvo en la escena del crimen de Lomeña, en calle Berwin. Suponer que ese contacto y esa presencia “fueron casualidad o azar es incurrir en una puerilidad rayana con el absurdo”. Ante Campos, Cerrudo no se hizo responsable ni la pérdida ni de la deuda. “Consecuentemente, Campos lo determinó a que los ejecutara”.

“Hubo un concierto de voluntades, consentimiento y asentimiento libre en el plan”, concluyó Lleral. Cerrudo invitó a su grupo de amigos para participar. “Fue claro, incluso con aquellos que no respondieron a su convocatoria. Hablaba de matar y quienes lo acompañaron y fueron observados por los investigadores decidieron en libertad”.

Los involucrados intentaron acusar a Cerrudo de amenazarlos para participar, aprovechando que ya no puede defenderse. Pero no lo probaron. Todos sabían a qué se dedicaba y su problema con Lomeña y López. “Lo conocían desde hacía mucho tiempo, lo visitaban asiduamente, se reunían y compartían tardes y noches en los patinódromos de Madryn; le adquirían sustancia ilícita, decían ser amigos o conocidos”, dice el procesamiento.

Es imposible que una sola persona haya ejecutado ambos crímenes. La cantidad de heridas “hablan de la crueldad y la innecesariedad de las mismas para alcanzar la muerte. Es sumamente claro que se buscó algo más que matar; el sufrimiento y agonía de las víctimas”. Los crímenes “no fueron una decisión apresurada, espontánea o imprevista” sino organizados con cuidado.

Lleral habla de “violentos y desgarradores sucesos” ya que ante “el complejo cúmulo de situaciones de presión en que se vieron envueltos los jóvenes, acordaron en tomar el peor y más cruel camino posible para resolver la encrucijada”.

Es posible que Cerrudo haya sido amenazado o presionado por las dos víctimas. “Los sucesos no fueron un producto azaroso, ni derivación de un intempestivo impulso, o consecuencia de una acalorada discusión circunstancial”.

En el celular de Cerrudo se hallaron datos de cómo se organizaron los crímenes. Hay comunicaciones con un tal “Marianito”, “Matisan” y con Zajur. Pedía bolsas de cal o de material para la casa de la abuela.

El 5 de diciembre se escribió con un tal “Ale”: “No sé, man, es matar a alguien. Es una pregunta re jugada”. Cerrudo contesta: “Mal”. Le preguntan: “Cuándo tenés pensado hacerlo”. Responde: “En una hora…Hora y media”. Le preguntan si tiene “fierro o algo”. Las respuestas fueron eliminadas del WahtsApp. Varios de sus conocidos se negaron a participar.

Tras los asesinatos, la abuela de Cerrudo notó que de la casa de Berwin faltaban toallas, sábanas, frazadas, la colcha del perro y una alfombra. Su sensación fue que habían limpiado su habitación. En la basura del patio apareció una bolsa vacía de cemento, bidones con olor a nafta y trapos con sangre.

En casa de Sepúlveda se secuestraron dos camperas y un par de zapatillas Nike con suela blanca, una manopla y guantes.

Según la pesquisa federal, el mismo día del crimen de López, Cerrudo le había pedido bolsas de cal y cemento y que lo necesitaba por la tarde en casa de la abuela: “Es el último trabajo que tenemos que hacer y ya está”, dice el mensaje. Sepúlveda responde: “Oka dale”. Así fue.

 

Diario Jornada