Murió "Beto" Acosta, el adiós a un grande del básquet patagónico
Un educador del deporte, del básquet puntualmente, un apasionado que recorrió la Patagonia con la naranja, sembrando enseñanzas, cosechando afecto y respeto.
Falleció en Comodoro Rivadavia, Mario ‘’Beto’’ Acosta, hombre integral del básquetbol argentino, las primeras cuatro palabras de esta nota, son las que uno no quisiera escribir jamás, y las más insensatas de imaginar, porque ‘’Beto’’ era un derroche de vida a cada paso y una enfermedad cruel complicó su último año de vida, parecía que ganaba el partido con un score amplio, pero en las últimas tres semanas, todo se hizo más duro y el corazón terminó diciendo basta, pese a que caminó con mucha dignidad los últimos momentos, con la frente en alto en sus 66 años, que parecen contarse en millones por la cantidad de anécdotas y recuerdos que nos quedan de su virtuoso paso.
El técnico de Federación Deportiva, institución que fue su casa, Lucas Nuñez, expresó: "Trascendió desde lo humano a todo el éxito que consiguió como jugador, técnico y dirigente, porque le enseñó a mucha gente a aprender y amar a este deporte’’.
Por otro lado, la estrella de la Liga Nacional Gabriel Cocha, lo despidió: "Gracias por hacerme creer que podía ser jugador de básquet. Te amo’’.
Asimismo, desde Pico Truncado, otro de los lugares donde enseñó más que básquet, Sebastián Georgión contó: "Apareció en Truncado, nosotros teníamos 13 o 14 años y se inició el proceso de Liga B histórico para una localidad con 12.000 habitantes en esa época, aunque, más allá de su locura y su temperamento, fue un padre, de una fraternidad muy grande que armó una camada brillante, la mejor que ha tenido el básquet local en su historia, porque él pujaba para hacernos mejores y fue la época dorada."
Luego, agregó: "Yo me fui a estudiar a Comodoro Rivadavia y me pegué mucho a él, rearmamos Federación de vuelta, con su empuje y sabiduría, siempre apuntalando todo y su filosofía de vida me queda grabada, proyectando el futuro en base al deporte; el decía que su familia eran sus alumnos y vivía para y por el básquet, porque esos fueron sus valores, el deporte como forma de vida’’, dijo con la voz entrecortada por la emoción incontenible.
Otros con el mismo dolor latente, como Manuel Sosa, colega de Acosta en Las Heras no pudieron ahondar en palabras y simplemente expresó: "Duele y duele demasiado, no tengo ánimos."
Pionero en el básquet patagónico
Se lo va a extrañar en las rondas de mate de los cursos de capacitación para entrenadores, con una sonrisa, rodeado del respeto y reverencia de sus pares que entendían que si ‘’Beto’’ decía algo, tenía fundamento y ancla, en lo mejor para el básquetbol. De manera cordial, pero diciendo sus verdades, sobre planificación, torneos, estructuras, siendo amable pero crítico cuando tenía que serlo. ‘’No podemos estar siempre en la cosa chiquita, en el pisotear las aspiraciones del otro, en armar un básquetbol para pocos y según el interés del mandamás de turno, es un deporte muy hermoso como para reducirlo a esas intenciones, y hay que ser generosos, abrir, escuchar, crecer’’, le dijo a este cronista la última vez que lo vi en una Reválida en el "Lucho" Fernández, hace algunos años y aquí en Río Gallegos, porque después en pandemia Zona Norte y Zona Sur quedaron aún más lejos.
Es que para Beto Acosta las personas pasaban, y lo importante era el básquet., ni más ni menos. El cronista intuye que van a venir muchos homenajes, bien merecidos, ahora que ya pasó por este plano; quedará el sabor amargo de en algunas cosas ‘’se le tendría que haber dado más bola’’,
Hizo Patria en la Patagonia fomentando e instalando el deporte en todas sus formas, con el corazón puesto en una naranja de básquetbol. Vino desde su querido (nuestro) Santiago del Estero buscando gloria deportiva y trabajo, y vaya si los consiguió, pero se termina llevando el premio mayor, que es la ovación indetenible a un trabajo bien hecho, en tiempos difíciles, en circunstancias adversas, y siempre, siempre, con una sonrisa y la docencia, como estandartes. Hoy cuando empezó a circular la mala nueva, desde la Cuenca Carbonífera, el entrenador José Luis Elía con el alma quebrada nos daba la noticia, pidiendo si se lo podía homenajear en estas líneas; claro que sí, fue la respuesta. Merecidas líneas.
UNA ANÉCDOTA QUE LO DEFINE
‘’Es un dolor enorme. Conozco mucha gente de la Patagonia gracias a él, y viajamos juntos al Mundial de básquet de Turquía en 2010. El se fue a Federación Deportiva a seguir sus sueños y le fue bien, le pagaban y también le consiguieron trabajo en YPF porque además era muy inteligente, y fue escalando y ascendiendo gracias a sus condiciones, a ser dedicado. Beto fue de los primeros en organizar los viajes de intercambio de los chicos a Estados Unidos, a la par de su trabajo y actividad privada, ÉL QUERÍA QUE COMPITAN Y MEJOREN. En el tercer viaje que hacía, ya con todo armado, un jefe en YPF no le quería dar la licencia que le correspondía para poder viajar; ahí nomás le puso la renuncia sobre la mesa, con todo lo que significaba su sueldo en la petrolera, y cumplió con la palabra. Dejó de trabajar en YPF para seguir con su pasión, y para no fallarle a los chicos y el deporte. No conozco a muchos que hagan una cosa así’’.
Su primo y compañero en el Inti Club de Santiago del Estero, Roly Navarro, hoy dirigente de Quimsa, nos deja esta semblanza bella que lo define en cuerpo y alma.
Descansa en paz, Beto. Infinitas gracias por lo hecho por el deporte, y por tocar vidas, de manera positiva. No se te puede hacer mejor elogio. (Mariano Tagliotti para Diario Nuevo Día)

