A un año del crimen de Fabián Gutiérrez, cómo viven tras las rejas los tres jóvenes acusados

Hoy tienen 19, 20 y 21 años; uno fue padre, otro estudia abogacía y el tercero completó el secundario; qué los llevó a matar al exsecretario de Cristina.
viernes, 2 de julio de 2021 · 19:25

Doce meses tras las rejas van a cumplir los tres jóvenes procesados como coautores del crimen de Fabián Gutiérrez, el exsecretario presidencial asesinado aquí hace exactamente un año. La noche del 2 de julio, cuando ingresaron a la casa de Gutiérrez con el fin de robarle un tesoro, la vida tal como la conocían, se esfumó. Hoy tienen 19, 20 y 21 años. Tras las rejas manotean fragmentos de ese afuera que se les escapa: uno fue padre, otro estudia abogacía, el tercero completó el secundario.

La noche siguiente al asesinato los tres jóvenes fueron detenidos en la comisaría primera de El Calafate. La policía llegó a Facundo Zaeta, luego de que amigos del empresario afirmaran que ambos había concertado una cita el día anterior. En la policía, Zaeta mencionó que esa noche también había estado con Facundo Gómez y Pedro Monzón. En esas horas aún buscaban a Gutiérrez con vida.

Esa fue la última vez que estuvieron juntos, fue por poco tiempo. Cuentan testigos de esas horas que Monzón y Gómez estaban preocupados, pero Zaeta hacía chistes, se burlaba de que la policía no había detectado la marca de sus golpes y les decía que no se preocupen que en seis horas estarían afuera.

Horas después, en la mañana del 4 de julio, Monzón pediría brindar su primera declaración indagatoria y contarle su verdad al juez. Al punto de que la misma quedó interrumpida cuando el juez Carlos Narvarte le preguntó si era capaz de señalarle la cabaña donde dijo que, junto a Zaeta, la madrugada del 3 de julio, habían dejado el cuerpo del exsecretario presidencial. A partir de ahí, ya no recuperarían la libertad.

En sus declaraciones, Zaeta y Gómez, coinciden en que el primero era el encargado de seducir a Gutiérrez para embaucarlo y robarle. Sin embargo, a partir de allí los dos tienen una versión diferente de lo ocurrido la fatídica noche. Los dos inculpan al otro ser el autor del plan y también de haber matado a Gutiérrez. Por su parte, Monzón también estuvo esa noche en la casa de Gutiérrez, con una participación que el juicio determinará, aunque su abogada intenta que sea considerado “partícipe secundario obligado” del hecho.

Pedro Monzón

Pedro Monzón, cumplió los 19 en prisión. El año pasado, antes del crimen, era conocido en el ambiente del yudo y se entrenaba para alcanzar el cinturón negro. Se cuidaba en la alimentación y en sus costumbres, como todo deportista de alto rendimiento. El jovencito vivía con sus padres, una sencilla pareja de chaqueños radicados aquí hace muchos años. Familia muy trabajadora y de buenos valores, como el hijo los describió en su declaración.

Los primeros días en prisión, Monzón estuvo en estado de shock. Con el tiempo su defensa logró conseguirle un psiquiatra que lo visita una vez por semana para darle contención. Su madre cada día le lleva una vianda para que almuerce caliente; en ese plato que le acerca va escondido también una porción de amor. Le prepara sopas caseras, pide permiso de su trabajo y deja en la entrada de la comisaría su almuerzo. “Yo quiero que él sepa que yo estoy afuera, que no lo voy a dejar nunca”, dice la mujer a los policías que le alcanzan la vianda.

Cuando el crimen de Gutiérrez, Monzón, el más chico de los tres imputados, cursaba el último año del secundario. Su defensora, Carolina Scamperti peleó para que le den una notebook del plan Conectar Igualdad, le imprimió todas las tareas y lograron que termine quinto año. Ella le entregó el diploma.

Duerme en una celda muy pequeña donde solo tiene un colchón sobre el piso. Para quienes lo conocen afirman “es la persona equivocada en el lugar equivocado”. Según el mismo contó, a Zaeta lo conoció esa noche, apenas traspasada la ventana de la casa de Gutiérrez, donde había llegado junto a Gómez, y se encontraron con un sangriento panorama.

Hoy está contenido, su familia se alterna para visitarlo. Su abogada, no lo deja ni a sol ni sombra, ella le consiguió que lo vea un dermatólogo cuando el estrés empezó a hacer estragos en su piel.

La comisaría primera donde pasó casi todo el año alojado junto a Gómez es un lugar que no está preparado para cárcel, solo para alojar a ocasionales contraventores. Solo tiene un patio interno donde pueden tomar un poco de aire. En enero un preso se prendió fuego como medida de protesta, por sus lesiones murió horas después en el hospital local. Esa escena lo afectó. Su abogada, que presta sus servicios ad honorem, cree en su inocencia, lo contiene y lo impulsa para que no baje los brazos.

Ahora empezó a cursar por zoom el profesorado de Educación Física, en la Fundación Valdocco. Sus allegados creen eso le permitirá llegar fuerte hasta el juicio oral. Pedro es creyente, pero pese a los pedidos, no lo visitó el párroco local. Afuera lo espera su novia, mientras aguardar que la pesadilla se acabe.

Facundo Gómez

En otra celda de la Comisaría Primera, hasta hace pocos días, también estuvo alojado Facundo Gómez. Monzón es novio de una prima suya, se conocieron en reuniones familiares. Hasta quedar detenido, Gómez vivía con su novia en un departamento céntrico y trabajaba en la concesionaria de autos de su padre, en el Barrio Salesiano. Allí también había empezado a hacer pequeñas changas Monzón, limpiaba los autos para la venta. Hoy no tienen ningún vínculo. Casi no cruzaron palabras en este tiempo bajo el mismo techo.

Gómez, de 21 años, fue papá en prisión de una beba. Antes de quedar detenido, vivía con su novia, con quien acariciaba la idea de formar una familia. El juez le autorizó a acompañarla durante el parto en el Hospital SAMIC, su abogado Tomás Rodríguez, consiguió un permiso especial para que una vez a la semana se reúna por una hora con su novia y la bebé en una dependencia municipal que se encuentra a metros de la Comisaría donde está alojado.

Según relatan sus cercanos, los primeros meses detenidos fueron los más difíciles para Gómez, quien también recibió tratamiento psicológico y terapia. Su celda era mínima, apenas una oficina dividida por una pared provisoria. Su abogado logró incorporarlo a la Educación en Contexto de Encierro y lo motiva para que termine el colegio secundario.

Al presentarse una vacante en la alcaldía local, que depende del Servicio Penitenciario Provincial, el juez de la causa dispuso su traslado, con el aval de sus abogados. Allí se encontró con Zaeta, con quien apenas se habían cruzado durante las indagatorias. Están en celdas separadas. Sus abogados le recomendaron que no crucen palabras.

La llegada de Gómez a la alcaidía -que hoy aloja a 24 detenidos- molestó a Zaeta, quien elevó una nota a las autoridades manifestando su disconformidad con la decisión. La medida del juez de trasladarlo, respondió a que tendrán mejores condiciones de encierro, en un sitio dispuesto para tal fin.

Aquí las implicancias del crimen no están atravesadas por la política, sino por el conocimiento público de las familias involucradas. Facundo Gómez y Facundo Zaeta, pertenecen a familias tradicionales de un Calafate que creció apurado en las últimas dos décadas. La familia de Gómez estuvo vinculada a la política y al comercio local; la de Zaeta al comercio y la escribanía.

Gómez y Zaeta cursaron parte del secundario juntos en el colegio polimodal “Padre Manuel González”, luego se alejaron cuando Zaeta se fue a estudiar. Al regresar a la ciudad, según cuenta en su declaración indagatoria, junto a Gómez alquilaron la cabaña donde hace un año fue encontrado semienterrado el cuerpo de Gutiérrez. La policía allí encontró una incipiente plantación de marihuana que derivó en una causa federal.

Facundo Zaeta

Facundo Zaeta, hoy tiene 20 años. Su abuelo fundó una escribanía de renombre, incluso fue concejal del PJ durante un período. Hasta quedar detenido, vivía en un quincho ubicado junto a la casa de sus padres y dos hermanos, en Punta Soberana, un barrio residencial a 7 km del centro de la ciudad. A ese lugar, fueron con Monzón, tras deshacerse del cuerpo de Gutiérrez. Ese lugar fue allanado y allí encontraron un cuaderno con anotaciones que indicaban la supuesta planificación del delito.

Zaeta, en prisión consiguió el permiso para seguir con estudios a distancia, está cursando abogacía. Quizás alentado por su abogado, Carlos Telleldín, quien también terminó la carrera en prisión. La defensa de Zaeta sufrió una baja: el doctor Carlos Muriette, abogado de Río Gallegos, falleció de Covid. Su hermano Agustín, quien estuvo imputado en un primer momento, le dictaron falta de mérito con respecto al homicidio.

Zaeta, antes de la noche que les cambió la vida, estaba en pareja con Fiona Wyss. Ella también prestó declaración testimonial. La noche del crimen también fue hasta el quincho de la familia Zaeta.

Hasta que llegue el juicio, cada uno sigue con su vida, como puede. (La Nación)