Historias de Patagonia: Del Río Gallegos a Paraguay

“Asesinos…malditos asesinos”, grita angustiada la mujer mientras el fuego avanza sobre los campos resecos de Acuña Ñu, en Paraguay. La sargento mayor Marta Troche mira desesperada a los soldaditos de apenas 8 años que combaten defendiendo a su país, en un intento imposible para contener el avance de los invasores de la Triple Alianza.

*Mario Novack 



Llora, al igual que esos niños que empuñan fusiles casi tan grandes como sus cuerpos. En su llanto hay impotencia , en los de los niños terror, cuando ven acercarse las llamas. Paraguay se ha quedado sin hombres mayores para luchar. Los han masacrado los ejércitos de tres países de la región: Argentina, Brasil y Uruguay.



Marta busca con la vista la figura de su hermana Martina, queriendo llevarse para siempre el recuerdo de ella. Tenía ayer una vida normal para ambas, hasta que la guerra estalló y el llamado de la patria las convocó en la defensa de la tierra.



Sangre guerrera, estirpe de hembras que sabían que ese podía ser su final, el fin de sus vidas, plenas de sueños y proyectos. Pero la Patria llamó y a ese llamado respondieron las dos juntas. Juntas como en su niñez, corriendo por los campos de Villarrica.



“La humareda,es la humareda Martincito”, le dice – mintiendo - al pequeño soldado que ve sus lagrimas. El mismo que poco antes era su alumno en la escuela rural donde se desempeñaba como maestra. El” mita.i” esboza una pequeña sonrisa, tan pequeña como él, mientras las explosiones se vuelven más cercanas.



El fuego avanza y con ella la muerte. Marta sabe que los brasileños han demostrando una ferocidad inhumana, fusilando, ultimando y degollando a cuanto paraguayo tuvieran cerca.



Está en su tierra, la tierra de sus ancestros. El recuerdo la lleva hasta los relatos de las hazañas de su abuelo Mauricio José Troche, héroe de la independencia paraguaya, aquel que derrotó al general Manuel Belgrano en la batalla de Tacuarí.





La crónica histórica destaca obras de varios autores, entre ellos paraguayos brasileños y argentinos, donde se explayan sobre el objetivo de los ejércitos aliados, que buscaban la derrota del mandamás paraguayo, el mariscal Francisco Solano López.



“El pueblo fue cercado e intimada la rendición al comandante Pedro Pablo Caballero, quien contestó textualmente: «Estoy aquí para pelear y si es necesario morir, pero no para rendirme». No ha de existir pueblo que haya sufrido tanto como el de Piribebuy durante la Guerra contra la Triple Alianza: degüellos, violaciones, matanzas increíbles y humillaciones.



El 12 de agosto de 1869 en la plaza principal, donde se encuentra la iglesia, ocurrió la sangrienta batalla de Piribebuy, en donde soldados paraguayos armados más de valor que con armas reales se encargaron de retrasar el avance del Ejército aliado.



Fue una batalla desesperante la de Piribebuy, en donde los cañones fueron cargados con piedras, vidrios y arena porque no había balas, las mujeres combatían juntos a los hombres y si no tenían armas, tiraban tierra a los ojos de los invasores.



El 16 de agosto se produce la heroica batalla de Acosta Ñu, donde, a falta de soldados, los niños fueron disfrazados con sus rostros tiznados. «Seis horas resistieron las cargas de la pesada Caballería brasilera, que vengando el engaño acabaría incendiando el campo de batalla con sus oponentes infantiles», según cuenta el historiador argentino José María Rosa en su libro «La Guerra del Paraguay y las Montoneras argentinas».





Dijo el brasileño Juan José Chiavenatto en su libro: «Los niños de seis a ocho años, en el fragor de la batalla, despavoridos, se agarraban a las piernas de los soldados brasileros, llorando para que no los matasen. Pero eran degollados en el acto». Después de la insólita batalla de Acosta Ñu, cuando estaba terminada, al caer la tarde, las madres de los niños paraguayos salían de la selva para rescatar los cadáveres de sus hijos y socorrer a los pocos sobrevivientes, el Conde D’Eu mandó incendiar la maleza, matando quemados a los niños y sus madres. «Su orden era matar, hasta el feto del vientre de la mujer».



El Hospital de Piribebuy fue incendiado luego de que se cerraran todas las puertas y ventanas con 600 heridos, médicos y enfermeras dentro. El Archivo Nacional de la República fue sacado a la calle y con los documentos históricos se hicieron fogatas. La sangre corría por las calles como agua de lluvia, cuando se degolló a 900 prisioneros.



La Batalla de Acosta Ñu fue algo que en las batallas bélicas del mundo no tiene comparación, no existen antecedentes de otros Ejércitos integrados completamente por niños. En esta sangrienta batalla, aproximadamente 4.000 niños paraguayos enfrentaron a 20.000 soldados del Ejército brasilero, lo que se conmemora como un acto de heroísmo sin igual. Por la masacre producida, hasta la actualidad en Paraguay se recuerda la batalla de Acosta Ñu como un episodio de gloria. 



“Marta”…. escucha decir a su hermana que se acerca en medio del humo y la metralla. “Es el final. Vengo a despedirme, porque sé que de aquí no saldremos vivas”. El abrazo parece eterno aunque haya durado una mínima fracción de tiempo.



Los brasileños continúan avanzando y no tienen clemencia por ningún paraguayo, sea niño, mujer o anciano. Los pequeños ofrecen una feroz resistencia. 



Las hermanas Troche están allí, en el mismo lugar donde su ancestro Bautista Troche se instalara después de llegar desde la primera Buenos Ayres, aquella ciudad fundada por Pedro de Mendoza



Bautista había llegado desde el Río de la Plata después de naufragar con una Nao de la expedición de León Pancaldo, un 30 de noviembre de 1537 en la desembocadura del Río Gallegos, actual provincia de Santa Cruz.



La expedición había llegado allí en su ruta hacia el Alto Perú destino de la carga que transportaban las dos naos que habían zapado de Cádiz en un envío comercial que tenía, vinos, ropa de lujo, encurtidos y armas y cañones.



El legendario Pancaldo, aquel que acompañara a Hernando de Magallanes en la Nao Trinidad, escribiendo el “roteiro” libro de ruta de la expedición volvía a tierras australes nuevamente, al comando de una embarcación denominada “Santa María”.



En la restante Nao, la “Concepción” viajaba al comando otro italino llamado Pedro De Vivaldo, precisamente quien confundió el Río Gallegos con el Estrecho de Magallanes.



El naufragio en la actual Punta Loyola trazó un destino distinto, impensando para aquellos italianos que encontraron su destino en Paraguay, adonde se radicaron despues de abandonar e incendiar la Santa María del Buen Ayre y remontar el Paraná hasta Asunción.



Villarica fue el lugar donde le fueron otorgados campos a Bautista Troche. Ese fue el origen de la dinastía que hoy puebla diversos lugares de Paraguay. De Villarrica por ejmplo es Sara Troche, que me guió en el recorrido de su árbol familiar.   Sin Río Gallegos no habría batalla de Tacuarí ni participación de las hermanas heroínas en la Guerra de la Triple Alianza. 



Marta Troche mira a los soldados brasileños que avanzan matando niños. Alza el sable en su mano derecha y ataca. Camina dos pasos y el ruido seco de un disparo la paraliza. Cae y como en sueños ve al lado suyo a un anciano canoso, de barba y ojos azules e intuye que es Bautista, enfrente un capitán paraguayo que avanza a caballo que seguramente será Mauricio José Troche. Como puede se levanta y grita en forma desgarradora “no nos rendimos…viva Paraguay”. El disparo ahora más cercano perfora su pecho y allí queda para siempre. Minutos más tarde ocurre lo propio con su hermana Martina. 



Atrocidades, injusticias y barbarie. Todo junto en esta guerra, en la que las tropas argentinas participaron comandadas por Emilio Mitre, hermano del ex presidente Bartolomé Mitre, el mismo que fue vencido y humillado en Azul  por el cacique Calfucurá, cuando la pelea era entre hombres.



En el Paraguay, el Día del Niño es una fecha fija porque es una conmemoración patria. Caso único en el mundo. Cada 16 de agosto, con sentidas conmemoraciones públicas y escolares, los paraguayos rinden homenaje a sus niños. No es una celebración, es una conmemoración porque lo sucedido en el vecino país el 16 de agosto de 1869 no es para celebrar .