Religión y fútbol: Una unión complicada para Africa y Asia

El mes del Ramadán jugó en contra de los equipos asiáticos que están sintiendo el trajín físico.
sábado, 23 de junio de 2018 · 14:56

La abultada derrota de Túnez frente a Bélgica (5-2), una de las favoritas, completa el gran fracaso del fútbol y de las selecciones árabes, eliminadas antes incluso de que se juegue la última jornada de la fase grupos.

Una debacle que cobra una dimensión mayor si se añaden dos datos clave más: el de Rusia es el Mundial con mayor presencia de equipos árabes de la historia, y sí disputa cuatro años antes de que la gran fiesta del fútbol desembarque en Catar.

La participación de Egipto, Arabia Saudí y Túnez ha sido, además, deshonrosa, como ya han apuntado comentaristas y periodistas especializados en medios de comunicación, con presencia amplia en esta Copa del Mundo.

Solo Marruecos se ha librado de las críticas, especialmente ácidas en el caso de Egipto de Héctor Cúper y la Arabia Saudí de Juan Antonio Pizzi, goleada con estrépito por Rusia en el partido inaugural (5-1).

Los "Halcones verdes" del desierto se adelantaron a la imagen en el segundo partido, en el que cayeron por 1-0 ante Uruguay, pero demostraron que su nivel real no solo está muy lejos del fútbol de hoy.

Tema tabú, algunos expertos en el mundo árabe se han atrevido a señalar con el dedo la preparación, y el hecho de que jugadores, técnicos, directivos e incluso periodistas, pusieran la tradición y el fervor religioso por encima de la profesionalidad. Las semanas previas al arranque del Mundial coincidieron con el mes sagrado del ayuno o Ramadán, lo que hizo que los entrenamientos se trasladaran a horario nocturno, con el consiguiente trastorno de los ritmos biológicos. 

No solo se vieron alteradas las rutinas de la alimentación y la hidratación, prohibidas para el creyente durante las horas diurnas, también el ciclo del sueño, el descanso y la recuperación de la masa muscular, deteriorada según los expertos. 

Una variación perniciosa -en parte fruto de la presión social, de los intereses de los políticos y del entramado religioso- innecesaria, ya que la propia religión musulmana cuenta con mecanismos para adaptar un precepto de origen medieval a los tiempos actuales. 

Técnicos y nutricionistas se agarran a la coincidencia de que tanto Túnez como Egipto y Marruecos perdieran en los últimos minutos, cuando las fuerzas comienzan a fallar, y a que Arabia Saudí recibiera dos goles más en el descuento, para colocar la preparación como una de las principales causas del fracaso. 

Siete derrotas, solo tres goles a favor -todos ellos marcados por Túnez- y 19 contra a falta del último partido son cifras que magnifican aún más la tragedia y refuerzan aún más la teoría del Ramadán. 

Las cuatro selecciones miran ahora la última jornada con el mismo objetivo pero diferente perspectiva. Egipto y Arabia Saudí jugarán entre sí el Volgogrado en busca de una victoria -la primera árabe-, más simbólica que efectiva.  Túnez intentará resarcirse frente a la debutante Panamá, que al igual que "las águilas de Cartago" podría llegar eliminada al día del adiós. 

Y Marruecos deberá encontrar la motivación necesaria para repetir las actuaciones previas, certificar que pese a los resultados ha sido la mejor selección árabe, y amargarle la clasificación a la poderosa España. 

Todo ello, cuatro años antes de que el próximo mundial se juegue por vez primera en un estado árabe.

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