Grandes tragedias aéreas

El grito, la voz de mando y su fama de caudillo en la cancha no le alcanzaron al argentino Eliseo Mouriño para ganarle a la muerte en el fatídico 3 de abril de 1961. Chile era una escala sumamente conveniente para la estrella del fútbol argentino con pasado en Banfield, Boca Juniors y la selección.
domingo, 30 de diciembre de 2018 · 00:07

* Mario Novack

El grito, la voz de mando y su fama de caudillo en la cancha no le alcanzaron al argentino Eliseo Mouriño para ganarle a la muerte en el fatídico 3 de abril de 1961.Era una escala sumamente conveniente para la estrella del fútbol argentino con pasado en Banfield, Boca Juniors y la selección argentina, continuar su carrera en el club Green Cross del vecino país.

Ocurrió en la cordillera de Los Andes, en Chile y los restos del avión fueron hallados, un 4 de febrero de 2015, por dos andinistas, después de tres expediciones que incluyeron travesía a caballo y escalada. En el avión viajaban 8 futbolistas y el entrenador de un equipo de primera división del futbol chileno.
Los restos del avión Douglas DC-3 de doble hélice de la compañía aérea LAN Chile fueron encontrados, 53 años después de su desaparición el 3 de abril del año 1961.
El hallazgo estuvo a cargo de Leonardo Albornoz y Lower López, dos alpinistas que realizaban su tercera expedición en esa zona de la cordillera, 300 kilómetros al sur de la capital chilena, Santiago.
El accidente, en el que murieron los 24 ocupantes del vuelo comercial, entre ellos futbolistas del extinto equipo de fútbol chileno Green Cross, alimentó durante 53 años todo tipo de historias y especulaciones sobre lo que realmente había pasado con el avión.
Después de meses de intensa búsqueda, no se han encontrado restos de la aeronave ni se tienen indicios de qué fue lo que sucedió, lo que abrió el camino a especulaciones diversas.
Sobre el avión chileno, ha sido la persistencia y la tenacidad de esta pareja de andinistas, movida por las historias sobre el avión perdido que escucharon desde niños, lo que logró resolver el misterio.


"Volvimos a la misma zona y encontramos el avión, tras cuatro días a caballo y dos de escalada", dijo a la Agencia France Press,  Lower López, empresario turístico y uno de los líderes de la expedición.
"Yo pensé que el avión iba a estar completamente desintegrado, pero encontramos gran parte del fuselaje. Fue conmovedor y emotivo", señaló por su parte Albornoz al periódico La Tercera.
Según la versión oficial, el avión se estrelló el 3 de abril de 1961 en el cerro Lástimas, cerca de la ciudad de Linares, donde fueron encontrados algunos restos de una aeronave y de ocupantes.
El accidente ocurrió 11 años antes de otra famosa tragedia aérea ocurrida en los Andes, cuando un avión de la Fuerza Aérea de Uruguay con 45 personas a bordo, entre ellos un equipo de rugby, se accidentó sobre la Cordillera. El incidente fue llevado más tarde al cine, con la película Viven.
El reciente descubrimiento causó revuelo en Chile. Canales de televisión y diarios digitales difundieron fotografías de los montañistas en medio de lo que serían restos del avión, dejando un manto de dudas sobre la verdadera ubicación del desastre.


"Para mí fue una sorpresa el hallazgo, porque creía que eso lo habían encontrado hace 53 años. Imagínate, yo debí haber ido en ese avión, debí haber muerto en esa nave", dijo Héctor Toledo, ex jugador de Green Cross, que en 1961 retornó a Santiago en otro avión.
"No entiendo por qué dieron otra ubicación de donde realmente ocurrió el accidente. El avión está a unos 3.200 metros de altitud en la Cordillera, a 70 km al norte de donde supuestamente lo encontraron", aseguró López.
Los montañistas encontraron restos óseos, material de un avión, fuselaje con algunos números de serie de la nave y ropa.
La zona donde se encuentra el avión es de difícil acceso y Albornoz y López se negaron a revelar la ubicación para evitar profanaciones o que se convierta en una atracción turística.

Los que se salvaron

Tras el accidente no se encontraron restos de los jugadores, por lo que el funeral "fue simbólico y en los ataúdes se colocaron cenizas que supuestamente se encontraron” “Un compañero me pidió cambiar el pasaje, porque conocía más gente en el otro avión. Y yo, como los conocía a todos, no tuve problemas en cambiárselo. Entonces, cuando él subió dio mi nombre, y yo di el de él”, recuerda Alfredo Gutiérrez. Aquel trueque le salvaría la vida. Carlos Al-Konr también escapó de la muerte, pero por un motivo muy distinto. No viajó para poder hacer un examen. “Estaba estudiando en el Físico y tenía un control de natación. Así que pedí permiso para no ir y, como en ese momento no era un jugador imprescindible, me autorizaron”, comenta. Santiago García, lateral derecho de Green Cross en aquella temporada y superviviente de la tragedia recuerda que los pasajeros del segundo avión realizaron una desafortunada broma antes de que despegara su vuelo. Nuestros compañeros que iban en el avión que cayó nos empezaron a decir ‘los ocho sentenciados: Manchester United, Torino y Green Cross’, en alusión a los accidentes aéreos que tuvieron esos clubes. Quién iba imaginar que ellos iban a ser los sentenciados”, explica García a los 79 años en declaraciones que recoge el diario La Tercera de Chile. “Mientras estábamos abasteciéndonos de combustible, pasó el vuelo de ellos. Por eso, me pareció extraño el retraso en su llegada. La gente estaba muy nerviosa en Los Cerrillos. Algo pasaba”, agrega.
El temporal habría sido el culpable de la tragedia. El avión despegó de Temuco a las 18.28 horas. 42 minutos más tarde, el piloto Silvio Parodi se puso en contacto con la torre de control para informar de irregularidades. Comenzó que estaba atravesando una tormenta y sufría una prominente formación de hielo tanto en las alas como en la hélice. A las 19.35 horas volvió a contactar, esta vez con la torre del aeropuerto de Hualpencillo para realizar un aterrizaje de emergencia y evitar que continuara formándose hielo de manera peligrosaYa no se supo nada más de aquel avión. Hasta el día después no descubrió lo que le había sucedido a sus compañeros. “Cuando llegué al trabajo se me abalanzaron mis compañeros y me mostraron la portada del diario, que decía ‘desaparecido avión de Green Cross, no hay sobrevivientes’”, recuerda García. Sus compañeros estaban muertos. Se le cayó el mundo encima. Todavía fue más duro para Alfredo Gutiérrez, cuyo nombre aparecía entre los fallecidos. “Como yo di el nombre de Toledo, todos pensaban que me había muerto. De hecho, cuando hablé con mi madre, que vivía en Villa Alegre, no me creía que estaba vivo”, confiesa.

Cerrar un capítulo de sus vidas

Ahora, el grupo de montañistas pretende retornar a la zona del desastre con algunos familiares de las víctimas del avión.
"Ellos quieren cerrar un capítulo de sus vidas. Algunos de ellos eran niños y no alcanzaron a conocer a sus familias", explicó el empresario chileno.
Hasta el momento, los familiares de las víctimas han guardado silencio con relación al hallazgo.
Entre las 24 víctimas, se encontraban ocho futbolistas del club Green Cross, su entrenador Arnaldo Vásquez, parte de su equipo técnico, árbitros y dirigentes que volaban desde la ciudad de Osorno a Santiago luego de un partido de fútbol.
El accidente conmocionó el país, en un momento en el que Green Cross era uno de los más importantes equipos del fútbol chileno. Una de las más célebres víctimas fue el delantero argentino Eliseo Mouriño, seleccionado de su país.
"Jamás nos imaginamos que se iban a encontrar restos de este desgraciado accidente. Esto nos trae muchos recuerdos de nuestra querida institución", dijo Gerardo Contreras, último presidente de Green Cross.
El equipo siguió jugando pese a perder a gran parte de su plantel. En 1965, Green Cross se trasladó al sur de Chile para fusionarse con Deportes Temuco. Hoy el equipo sólo lleva el segundo nombre.

Quien era Eliseo Mouriño

“¿Sabe si lo vendieron a Mouriño?”. En la película La señal, Corvalán, un detective privado encarnado por Ricardo Darín, rompe con esa informalidad el espeso ambiente que se vivía en el gobierno peronista durante la agonía de Eva Perón. Boca había intentado una y otra vez quedarse con la figura de Banfield y la transferencia, que luego se concretaría, era una cuestión de Estado. Todos los clubes pugnaban por Eliseo Mouriño, uno de los futbolistas más renombrados de la época.
Nacido en 1927 en Mataderos, el Gallego se había formado en los potreros de San Cristóbal y llegó a Banfield por recomendación de un delegado. Rápidamente se destacó como un volante central con visión de juego, capacidad de ubicación y voz de mando, y debutó en el Taladro en 1946 en la Primera B, en un triunfo 3-1 contra Unión de Santa Fe. Ese mismo año el equipo logró el ascenso a Primera División, y Mouriño se asentó como titular indiscutido durante el Campeonato de 1949, en el que Banfield finalizó décimo, lejos del descenso que subyugó a Lanús.
La consagración llegaría en 1951, en un torneo en el que el Taladro mostró buenas intenciones aunque tuvo como mérito mayor sostenerse en la vanguardia durante los 32 partidos del Campeonato. Era una actuación impensada para un club considerado chico, pero, a su vez, un premio para un equipo bien plantado y convencido de una idea futbolística.
Disciplinado en defensa, explosivo y contragolpeador en ataque, Banfield fue uno de los equipos más efectivos del torneo y el menos goleado. Llegó puntero a las últimas fechas, pero sufrió una inesperada derrota 2-1 contra los juveniles de Chacarita y permitió que Racing lo alcanzara en la cima. En el medio, derrotó 5-1 a River y 5-0 a Independiente, y tuvo en Gustavo Albella al segundo goleador del Campeonato: anotó 21 tantos contra los 22 de Santiago Vernazza.
Banfield y Racing, entonces, dirimieron al campeón en una serie a doble partido, disputada en el Viejo Gasómetro. Los días previos al desempate le dieron rienda suelta a toda clase de teorías conspirativas que iban desde la supuesta preferencia de Juan Domingo Perón y Ramón Cereijo por Racing hasta la orden de Eva Perón, ya gravemente enferma, de que era Banfield quien debía dar la vuelta como una muestra de superación de los humildes. Cierto o no, el clima se tornó irrespirable y las sospechas se multiplicaron por miles.


Lo cierto es que al margen de las especulaciones, el campeonato quedó en poder de la Academia, y el mal trago afectó a Mouriño, que tardó en recuperar su nivel hasta 1953, cuando pasó a Boca por expreso pedido de Emilio Baldonedo, quien había sido su entrenador en el Taladro. En el Xeneize, junto a Francisco Lombardo y Natalio Pescia, formó uno de los tridentes más recordados de la época.
En Boca fue campeón en 1954, cuando el equipo, dirigido por Ernesto Lazzatti, volvió a consagrarse luego de diez años de sequía, con récord de asistencia y recaudación incluido. En 1955, además, fue campeón del Sudamericano con la Selección Argentina, aunque en el ápice de su rendimiento tuvo que estar parado casi un año ya que no pudo jugar durante toda la campaña de 1956 por un cuadro hepático que se complicó y le generó varias recaídas.
Volvió a estar disponible en 1957, pero no fue convocado a la Selección para el Sudamericano de Lima, aunque sí para el Mundial de Suecia del año siguiente. Allí, Argentina incurrió en uno de los fracasos más sonados de su historia, cuando fue a Europa con un equipo de edad avanzada, sin preparación física y con la convicción de que ello alcanzaba para dar una buena imagen. La eliminación en primera ronda con una goleada 6-1 en contra frente a Checoslovaquia fue el cachetazo de realidad para el fútbol local, que había profundizado su aislamiento desde la Copa del Mundo de 1934 y se había refugiado en un provincialismo mezquino participando solo de los torneos continentales. El Gallego, para colmo, tuvo poco protagonismo porque viajó como suplente de Pipo Rossi, que jugó con lumbalgia y con un cinturón de cobre para soportar el dolor.
Mouriño se despidió de la Selección ganando el Sudamericano de 1959 y se fue de Boca en 1960, tras otro año en el que lo habían jaqueado algunas lesiones, y en el que empezaba a perder el puesto con un tal Antonio Ubaldo Rattín. Su último partido en el fútbol argentino fue contra Rosario Central, el mismo día que debutó en Primera César Luis Menotti. Con ofertas de Ferro, Racing y Argentinos en el tintero, optó por ir a Chile, donde su amigo Albella la estaba rompiendo y era amo y señor en el Green Cross, tanto como para asegurarle un puesto en el equipo.
El campeonato chileno se estaba expandiendo hacia el sur con miras al Mundial 1962 y el Green Cross aparecía como un destino apetecible. Mouriño no había alcanzado a debutar cuando, recién llegado al club, aceptó acompañar a sus nuevos compañeros a Osorno para jugar por la Copa de Chile. En el regreso a Santiago el avión, por causas desconocidas, perdió el rumbo y se estrelló contra el cerro Las Animas el 3 de abril de 1961. No hubo sobrevivientes, y entre los fallecidos se contaron tres árbitros, la mayoría de los integrantes del plantel, el entrenador y el kinesiólogo. Mouriño tenía 33 años.
La tragedia generó conmoción en el mundo del fútbol y en Chile los fallecidos tuvieron funerales multitudinarios, aunque, en realidad, fue una ceremonia simbólica porque los restos del avión fueron encontrados en su totalidad recién en enero de 2015. La noticia también causó estupor en la Argentina, donde Mouriño era una celebridad y muchos, al igual que Rattín, lo recordaban con cariño: “Estaba siempre presente, hasta cuando no estaba ahí. Sin jugar, estaba siempre en la jugada. Cómo empujaba Eliseo. Cómo ordenaba y alentaba. Hizo mucho por mí con solo hablar. Cuando no jugaba, nos señalaba defectos y errores en los entrenamientos. Todo sin egoísmos”.

A quienes enterraron en realidad ?

Ocho días después de que se perdiera el rastro del avión fueron encontrados los restos. Durante los días previos se puso en funcionamiento un dispositivo de búsqueda que peinó tanto por aire como por tierra toda la cordillera entre las ciudades de Los Ángeles y Santiago, donde se suponía que debería de estar el fuselaje del avión estrellado. La Escuela de Artillería del Ejército de Chile encabezó el rastreo. Se trabajó sin descanso hasta que después de ocho días de búsqueda Sergio Riesle, capitán de un avión LAN, y su copiloto René Sugg, confirmaron que habían encontrado los restos del avión. Según su informe, desde 3000 pies de altura habían avistado un ala y parte del fuselaje del aparato en el cordón montañoso del Nevado de Longaví. Por la disposición en la que se encontraban las distintas partes del avión, se interpretó que éste se habría estrellado contra la ladera nordeste del cerro Las Ánimas y que tras ello se incendió, por lo que los pasajeros fallecieron de inmediato. Sin tiempo para más, el 17 de abril de 1961 tuvieron lugar los funerales de las víctimas en el edificio de la Asociación Central de Fútbol.

Los ataúdes fueron colocados en el Salón de Honor de la Asociación. A un lado se situaron los componentes del Green Cross y al otro el resto de víctimas. Todo Chile acudió para despedir a los fallecidos, hasta el mundo de que tuvo que organizarse un operativo especial para poder organizar a todos aquellos que se acercaron. Incluso quisieron dar un último adiós personalidades destacadas del mundo del fútbol. Sin embargo, hubo algo que no terminaba de encajar. Los féretros tenían más cenizas y piedras que los restos, recuerda Carlos Al-Konr. La velocidad con la que se había procedido a enterrar a los supuestos restos de los fallecidos y dar carpetazo al operativo de búsqueda resultaba extraño. 54 años después se ha producido un descubrimiento que ha arrojado más dudas todavía sobre la actitud que tomaron las autoridades con respecto a los restos. Y es que, en el pasado mes de febrero de 2015, dos alpinistas encontraron los auténticos restos de la aeronave Douglas DC-3 en la que perdieron la vida los jugadores del Green Cross.
El tiempo, el clima, el azar, el destino o como se quiera definir siempre hace emerger la realidad. Recuerdo el caso del avión del Ejercito Argentino que aterrizara en Río Gallegos para continuar viaje a Ushuaia y nunca arribó. Su destino fue un glaciar de la Tierra del Fuego chilena., a escasos kilómetros de la capital fueguina. La diagonal que nace en la avenida San Martín y termina en el Hospital de Río Gallegos lleva el nombre del comandante de esa escuadrilla capitán Bautista Mendioroz.
El 16 de marzo del 2009, una expedición de unos andinistas chilenos, encuentran en la morrena de un glaciar del Fiordo Parry, distintas partes del Avro Lincoln B-019 accidentado y también diversos restos óseos en principio de sus tripulantes. Este hecho se ubicó en el extremo sur oeste de la Isla Grande de Tierra del Fuego en territorio Chileno.
Este hallazgo permitió cerrar un capítulo de nuestra historia militar argentina y llevar algo de consuelo a sus familiares. En próximas entregas continuaremos con otros episodios trágicos de la vida aeronáutica en la Patagonia.