Historias de Río Gallegos: Preso en su propia cárcel

Las sospechas de aparición de casos de tuberculosis en la Unidad Carcelaria Nº 15 de Río Gallegos, hace pocos meses reavivó el fantasma de un flagelo registrado desde hace mucho tiempo en prisiones de distintos lugares del país.
sábado, 27 de abril de 2019 · 22:10

* Mario Novack

La ciudad que había cumplido sus jóvenes 27 años, se vió conmovida por la noticia que circulaba en esas horas.

Corría el mes de enero del año 1913 y se vivían momentos de extrema angustia en la capital santacruceña. El director de la cárcel miró incrédulo al Juez del Territorio, Federico Vadell que ordenaba su detención.  Corría el mes de enero de 1913 y Juan Delú pasaba ahora al otro lado de la reja, como preso en la Unidad Penitenciaria  de Río Gallegos, su propia cárcel.

La causa era una preocupante ola de casos de tuberculosis que ya amenazaba con convertirse en epidemia y causaba pánico en la incipiente capital del Territorio. Es que las condiciones higiénico-sanitarias del Penal no eran de las mejores.

Instalada en lo que había sido un barracón de las Tropas Militares del Regimiento de Infantería de Línea, tenía más aspecto de establo que de cárcel para albergue y rehabilitación de personas.

Hacia principios de 1902, el Poder Ejecutivo Nacional dictó el decreto por el cual se constituyeron las Comisiones de Vigilancia y Construcción de las Cárcel de los Territorios Nacionales.  Esta comisión integrada por el Gobernador, Director de la cárcel y el fiscal del Juzgado Letrado, tuvieron entre sus funciones procurar los medios necesarios para el emplazamiento de la cárcel en Río Gallegos.

Una vez construida la cárcel, la comisión desarrollaría la tarea de vigilancia del régimen carcelario y de control del racionamiento a los presos, concentrando de esta manera facultades de superintendencia.

Al conformarse la comisión, comenzaron entonces los intentos para conseguir un edificio propio, ( hasta entonces funcionaba en el local de la policía ). Finalmente en 1904, una vez aprobado su traslado, la cárcel pasó a ocupar los galpones de zinc y madera donde se había instalado anteriormente  el regimiento de Infantería de Línea.

Las instalaciones edilicias de la cárcel estuvieron desde el comienzo en la  mira de las críticas vertidas por los diarios de la localidad que las asociaban a las dirigidas  hacia el gobierno nacional. 

El periódico El Antártico  consideraba  que “el actual edificio es un local más propio para establo que para habitación de seres racionales y no ayuda al mejoramiento moral” con el agravante de que vuelve “ilusoria la seguridad de los presos”, agregando  que “la falta de un edificio para la cárcel es otra prueba del abandono del Gobierno Nacional hacia el Territorio de Santa Cruz.

Con referencia a la falta de seguridad el diario relataba la pelea de varios presos en las primeras horas de la noche que había culminado en la fuga de uno que fue perseguido a tiros y finalmente apresado por agentes de policía.

De manera similar a lo que ocurría en el Penal de Ushuaia o la cárcel de Neuquén eran frecuentes las fugas de presos, a veces desde el interior del edificio y otras aprovechando las salidas laborales, pero la posibilidad de lograr el objetivo se dificultaba por la lejanía en que se encontraba la población respecto a otras localidades y las condiciones climáticas imperantes durante casi todo el año.

El emplazamiento del edificio de la cárcel también fue objeto de disputas ya que la manzana que ocupaba , inicialmente reservada para el Ministerio de Guerra , por decreto del 15 de diciembre de 1909 fue asignada por el Ministerio de Agricultura de la Nación para el emprendimiento de la “Patagonia Meat Preserving Co. Ltd . Debido a que el proyecto del Frigorífico no se concretó el Poder Ejecutivo anuló la reserva el 30 de julio de 1913 estableciendo que los terrenos serían de utilidad pública.

Reiterando las críticas edilicias iniciales, en la década de 1910 algunos de los diarios locales iniciaron una campaña para lograr, con sus denuncias, mejorar el estado de la cárcel, el cambio en el trato dado a los presos y la renuncia de sus autoridades a quienes consideraban responsables de esa situación.Enumeraban además posibles casos de corrupción en la compra y calidad de alimentos.

Denunciaba también que “a los enfermos no se los atiende ni sales dan, ni  medicamentos” y que el médico de la Gobernación, Dr. Julio Larrauri, hacía más de un mes que no visitaba la cárcel y sólo iba el enfermero Félix Chacón que recetaba a los enfermos no teniendo “otros conocimientos que los que le dictaba su buena voluntad”.Vuelve a hacerse eco del pésimo estado de las instalaciones cuando el nuevo Juez letrado, Dr. Vadell, visitó la misma .

Estas críticas fueron acompañadas por el periódico La Unión quien afirmaba que la cárcel es “un verdadero centro propagador de tuberculosis” la que ha provocado las defunciones de varios detenidos. 

La situación deficiente se mantuvo con los años y en 1914 el Director de la Asistencia Pública del Territorio, Dr. Julio Ladvocat, expresó en su Informe que la mayoría de los casos de tuberculosis se daba en la cárcel. La misma, que alojaba 150 presos, aunque se denunciaba que el ruinoso edificio no tiene comodidad sino para albergar unos cuarenta”, no había sido nunca desinfectada y carecía de baño y de enfermería.

Respecto al mantenimiento del edificio de la cárcel el periódico La Nueva Era esperaba transformaciones por parte del nuevo director de “nuestro establecimiento carcelario, si tal se le puede llamar al galpón que amenaza derrumbarse y que es vergüenza del progreso que hemos conquistado”

Coincidiendo con estas críticas, al aludir La Unión a un proyecto de nuevas construcciones elaborado por el Ministerio de Justicia , expresaba que de todas las cárceles de los Territorios la que se hallaba en peores condiciones era la de Río Gallegos ya que “basta contemplar el edificio desde el exterior para que el más profano pueda deducir de ello lo que será el interior. Esos corredores, esas cuadras antihigiénicas, todas las diferentes madrigueras que componen el titulado edificio...”

Las críticas se reiteraron durante la década de 1920 pidiendo la construcción de un nuevo edificio ya que “el existente es viejo, antihigiénico y poco seguro” calificándolo de “viejo y ruinoso barracón llamado impropiamente cárcel de

encausados”. 

En sus pedidos de construcción se hacía alusión a obras pendientes en el Territorio pero, fundamentalmente, a razones humanitarias ya que la cárcel aloja “ seres humanos que, por más que hayan caído son dignos de consideración por parte de cualquier gobierno”.

Pocos metros separaban al edificio carcelario del entonces cementerio de Río Gallegos, aquel donde por ejemplo cayera abatido en una cinematográfica fuga, el 13 de agosto de 1936 Emilio Gustavo Lajus, autor del asalto y asesinato en el Banco Anglo, de Puerto Santa Cruz.

La tuberculosis fue una enfermedad temible a lo largo de los siglos, mejorándose su tratamiento a partir de vacunas y nuevos medicamentos. Nos asalta aún la imagen del Instituto del Torax, ubicado en la avenida Santiago del Estero, donde funciona  actualmente el Centro de Salud Mental.

“El Torax” fue todo un emblema de época y su funcionamiento remite a etapas difíciles para la población de Río Gallegos.