La oposición se reorganiza

Ya se puede anticipar que, más allá de las fotografías, Hugo Moyano no conseguirá en su visita a la Casa Rosada la participación política que anhela. Luego, la inflación no cederá porque el gasto público la necesita. ¿Por qué no habría de crecer la oposición en ese escenario? En 1er. lugar, debe reorganizarse y concentrarse.

"tres"

 

lunes, 1 de abril de 2013 · 00:00

Una ofrenda que ofrece Hugo Moyano al gobierno para comenzar las charlas es acercarse a la Central de Trabajadores Argentinos que conduce Hugo Yasky.
El cruce de cartas entre ambos por el Día del Trabajo permitió a la CGT meterse, una vez más, en la interna de la CTA y deslegitimar a Pablo Micheli en sus reclamos. Otra picardía del camionero, que dejó muy mal parado al docente entre sus aliados.
También en el camino de polarizar y ejercer una cuota adicional de populismo hay que leer el avance del gobierno sobre las empresas cotizantes, donde se produjeron curiosas designaciones que denotan una clara división de nombramientos entre ministros y grupos de poder dentro del oficialismo, creando zonas de dominio e influencia bien marcados.
Si uno fuera mal pensado, podría suponer que es parte del reparto de un botín y que puede llegarse a dibujar el mapa de los tesoros escondidos.
Además, también quedó expuesto que los únicos lugares donde el gobierno buscó busco causar conflictos fue en Siderar y el Grupo Clarín, dos enemigos declarados de la Casa Rosada, lo que confirma que la decisión de aumentar posiciones en los directores de las empresas tenía dos destinatarios claros. Así, el DNU 441 fue una norma con nombre y apellido explícito.
La judicialización de las asambleas de Siderar y Grupo Clarín son también escándalos realizados para polarizar y mostrar al gobierno en una situación de populismo barato, como ocurre con el notable freno de las importaciones, como indicaron las cifras de comercio exterior, todo bajo la excusa de ahorrar divisas y proteger el empleo local.
Pero más allá de las estrategias electorales, en la Casa Rosada están preocupados por los cambios que observan en la oposición y ya se nota los primeros esfuerzos oficiales en intentar boicotearlos.
La aceptación de Ricardo Alfonsín y Francisco de Narváez de iniciar negociaciones para una alianza en la Provincia de Buenos Aires obligó a reacomodar a todas las fuerzas políticas de la oposición, lo que aceleró el decantamiento de candidaturas que sólo se mantuvieron por egolatría o una lectura irreal de la política argentina.
El retiro de Ernesto Sanz colocó a Ricardo Alfonsín como el único postulante de la Unión Cívica Radical en la carrera presidencial y su posible acuerdo con Francisco de Narváez le permite tener una oferta electoral en Buenos Aires más fuerte y competitiva que con Margarita Stolbitzer.
Para el empresario nacido en Colombia, el acuerdo le permite tener una poderosa estructura de control de votos en Buenos Aires, lo libera de su inestable relación con Mauricio Macri, lo aleja de una Peronismo Federal que se está desmoronando como opción electoral y le permite tener un candidato a presidente que puede aportarle votos.
La falta de una estructura política nacional, sin aliado en Buenos Aires, con Eduardo Duhalde cayendo en las encuestas, el peronismo no kirchnerista divido, sin seguridad de que su heredero en Ciudad de Buenos Aires gane la elección y con el peligro de que el PRO se quiebre, Mauricio Macri no tuvo otra alternativa que congelar sus aspiraciones presidenciales y concentra sus esfuerzos en impedir que el anuncio de su reelección no lo invalide para competir en el 2015.
Ricardo Alfonsín y Mauricio Macri enfrentan la misma circunstancia: retener a sus votantes naturales.
Mientras el radical sostiene su alianza con Hermes Binner, el Jefe de Gobierno porteño busca no perder el voto de la centro derecha con su posible alianza, por eso voceros del gobierno levantan críticas por incoherencias ideológicas de ambos candidatos.
Para el gobierno, un armado electoral con Ricardo Alfonsín y Hermes Binner en la fórmula presidencial, Francisco de Narváez y Oscar Aguad en Buenos Aires y Córdoba, Mauricio Macri en Capital Federal y Julio Cleto Cobos en Mendoza (opción que crece ante la división que se produjo en el jaquismo esta semana) sería una pesadilla en octubre.
En ese escenario, poco importarán el GEN de Margarita Stolbitzer, Proyecto Sur, las protestas de Gabriela Michetti u Horacio Rodríguez Larreta, las postulaciones Eduardo Duhalde o Adolfo Rodríguez Saá o los proyectos solitarios de Elisa Carrió y Ricardo López Murphy.
La polarización tendrá la alianza gobernantes de un lado y una alianza opositora en el otro.
El apuro de Ricardo Alfonsín para cerrar su sociedad electoral –hay que entenderla sólo para la elección, no para la gestión gubernamental en caso de triunfo, dado que cada territorio quedará en manos de quién los gane con participación minoritaria de la UCR, en el mejor de los casos- es para condicionar la posibilidad de reelección de Cristina Fernández.
La Presidente de la Nación ha dicho a sus colaboradores más estrechos que buscará un segundo mandato sólo si tiene asegurado el triunfo en primera vuelta. Pero el armado opositor acerca el ballotage.
Ante un acuerdo radical–socialista–denarvista–macrista, la Casa Rosada tendría perdida la franja de clase media que intenta seducir con medidas populista. Por eso su alejamiento de Hugo Moyano es notable y se lo hace notar al camionero (con su ausencia del acto del viernes y por no haberlo mencionado en la carta enviada al acto, por ejemplo).
La sorpresa del Casa Rosada ante el armado opositor torna más inestables las negociaciones para el cierre de listas dentro del oficialismo.
Hugo Moyano sigue reclamando por más espacios en las listas, Daniel Scioli exige independencia para elegir su compañero de fórmula, los intendentes están pensando en una lista de adhesión con Sergio Massa para castigar al gobernador de Buenos Aires, y Daniel Filmus protesta, luego de la demostración de fuerzas que hizo en el Luna Park, ante los rumores que ubican a Amado Boudou como candidato a Vicepresidente de la Nación y como Jefe de Gobierno porteño, al mismo tiempo.
Polarización y populismo no alcanzarán para neutralizar un armado inteligente de la oposición.
Sin embargo, para el cierre de listas falta mucho y el gobierno todavía tiene mucho tiempo para meter la cola en las conversaciones y hacerlas fracasar. Sobrevivir a esas maniobras será para la oposición una prueba mayor que ganarle a Cristina Fernández.