EDITORIAL

¿Qué pasa en Santa Cruz?

*Por Mirta Espina -Es un dato de la realidad que la provincia de Santa Cruz es gobernada desde 1991 por una núcleo de personas cuya lealtad interna está por encima de las identidades partidarias.
lunes, 30 de marzo de 2015 · 01:29

 

Es un dato de la realidad que la provincia de Santa Cruz es gobernada desde 1991 por una núcleo de personas cuya lealtad interna está por encima de las identidades partidarias. También fueron recurrentes los intentos de enfrentarlos políticamente a partir de denunciar los hechos de corrupción, los avasallamientos a las instituciones, la desatención a las obras de infraestructura y al sector público, entre otros argumentos, que no fueron capaces de tener una convocatoria política sustantiva, capaz de generar un polo opositor sólido. Más aún, en los últimos tiempos, dos facciones del oficialismo se dieron el lujo de trasformar el estado en un escenario de lucha de facciones que reparten y retacean bienes al conjunto de la sociedad, según les convenga. Este cuadro debería hacernos pensar que algo más profundo fue sucediendo en estos años en la sociedad de Santa Cruz para que la impunidad del oficialismo se mueva con tanta soltura… Trataremos de rastrear algunos de esos indicios.

1) La destrucción de las identidades. Quien repase los modos de hacer políticas actuales y los compare con los vigentes a partir de las reformas constitucionales y legislativas, verá que ya no existen "identidades fuertes” tras las cuales se aglutine. Con matices de la ciudadanía, retrocedimos al seguidismo de personajes que compiten y se suman, representan a una localidad y no a un proyecto provincial, o disputan caóticamente concejalías. Esta fragmentación fortalece la ya de por sí existente decadencia de los partidos políticos. Y es algo más que un sistema electoral transitorio, hace al modo de concebir la política y los alineamientos sin proyectos de conjunto. Tanto mayoría como minoría son una sumatoria de fragmentaciones; donde la capacidad de alternancia es remota y el papel de las minorías solo testimonial.

2) Fragmentación de las entidades de la sociedad civil. Cualquiera que conozca una entidad de la que fuere, tomemos por caso los alcohólicos anónimos, sabe que sufrieron crisis internas producto de los intentos de cooptación que sufrieron por parte del aparato estatal. Clubes de fútbol, gremios entidades vecinales fueron perdiendo la vitalidad propia y se les fue colando en el debate interno la agenda que parte desde el oficialismo. De modo que cualquier actividad está mediada por el aparato estatal y los caprichos de algún sector del oficialismo; que acerca y aleja, pero siempre mantiene bajo control a esas agrupaciones que están limitadas en sus debates, a quienes se integra, etc.

3) La política como espacio de la negociación de los acuerdos es cada vez un hecho más lejano. La relación con el oficialismo impone subordinación, antes a Kirchner, ahora a una de las líneas en las que se fragmentó. El diálogo interno de los actores que se sienten en la oposición es dificultoso, caótico, muy atado a triunfos electorales o a imposición de una idea, antes que al acuerdo sobre temas trascendentes.

4) El malestar social explotó caóticamente en el 2007, con el conflicto docente, pero se acotó a la solución de un tema salarial- gremial: no pudo trascender la vitalidad de una parte de la sociedad movilizada a cuestionar un sistema político que limita las formas de participación ciudadana , y en cuya raíz estaba la acumulación de tanta bronca.

5) La sumatoria de desatinos estratégicos cometidos por el oficialismo es tapada con una fenomenal campaña de propaganda que es organizada desde los organismos del estado. Si sabemos que la zona norte sufre un caos por ausencia de provisión de agua, o que el acueducto a Puerto San Julián fue una obra que por su funcionamiento advierte una fenomenal estafa. El aparato de publicidad oficial nos inunda de noticias que refieren a contratación de artistas para los festejos de las ciudades, de visitas oficiales, o de un sistema de promesas dichas desde los discursos oficiales, que opacan la magnitud de los desatinos cometidos en la función pública.

6) La idea de recurrir a una justicia que guarde independencia es inaceptable para el oficialismo, pero se transformó también en moneda corriente e inevitable en el común de los actores: jueces que por fallar convalidando la inconstitucionalidad de la reforma constitucional de la provincia debieron padecer la sombra del juicio político, falta de acatamiento a los reiterados fallos de la corte en el caso del procurador Sosa, ahora recusaciones masivas de camaristas para lograr una cámara a medida que anule el fallo que declara inconstitucional el sistema de lemas para gobernador y varios temas más , quitan la noción de la justicia limitando los excesos de los poderosos como noción de práctica política y como en los absolutismos queda mirar al cielo o refugiarnos en la conciencia.

7) Otro tema es la disociación entre lo político y las planificaciones de obras o la jerarquización de la función pública. Se habla y repite de planes a largo plazo, planes estratégicos, organismos colegiados, etc, pero los cuadros del estado están atados a los avatares de las luchas internas, no son seleccionados por su idoneidad, y su "volatilidad” es alta. De modo que no existe relación entre quienes trabajen y el objetivo que se propone. Y no es cuestión de analizar esos objetivos que a veces presuponen un país al servicio de caprichos locales. Tampoco de la ignorancia que se tiene de los aportes calificados que contarían los caprichos de los gobernantes.

8) Confusión entre las nociones de estado y gobierno. Quien gobierna tiene discrecionalidad, quien se acerca al que gobierna negocia ser parte de esa discrecionalidad.

Así apreciadas las cosas, nos parece que se ve con mayor claridad que la complejidad del problema político de esta provincia trasciende la anécdota. Con la corrupción o aspectos parciales, se logró imponer una voluntad despótica de pocos por encima de la política y de las mayorías, de modo sutil en unos casos, grotesco en otros, pero fragmentado siempre, quitando el debate de ideas, limitando el diálogo. Y sobre esa "balcanización” , aparece una voz suprema que parece ser la aglutinante; y fomenta una idea que se tiende a transformar en "total”.

 


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