De docente en Río Gallegos a ser una de las artistas más reconocida de la escena cordobesa

Una entrevista a fondo con María Fernanda Páez (más conocida como Fernanda Salomón), una de las artistas más reconocidas de la escena cordobesa con una vida llena de altibajos y grandes esfuerzos detrás de un sueño.
miércoles, 20 de enero de 2021 · 10:47

Hoy se destaca con su propio espectáculo «Maravillosa Noche», que se presenta todos los días -excepto los martes- a las 22 y las 00 hs. en la Sala 1 del Multiespacio Coral de Villa Carlos Paz.

Nació en Los Palacios, un pequeño pueblito de La Rioja, de calles de tierra y casitas de adobe, vivió una infancia llena de carencias y tuvo una visión: convertirse en artista.

«Me sacaron de ese pueblo a los doce años, me llevaron a Chilecito donde hice el secundario y a los 19 años, me recibí del profesorado de enseñanza primaria. Me fui al sur, a Santa Cruz, a la ciudad de Río Gallegos a trabajar como docente. Daba clases en primaria y secundaria, lenguas sociales, instrucción cívica y hasta llegué a dar clases a los presos en el área de alfabetización. Después de cuatro años, me vine a Córdoba y le dije a mi familia que me venía a estudiar Radiología. Después de mucho tiempo de terapia, me di cuenta que nunca quise estudiar radiología, me vine a la gran ciudad persiguiendo el único sueño que tuve desde mi infancia, porque ese niño que vivía en ese pueblo perdido de La Rioja había soñado toda su vida con ser un artista. Ahora ya hace seis años que puedo cumplir ese sueño en Carlos Paz. Obviamente, hice algunas cosas antes, tuve una participación en la obra «Al buen tiempo, buena cara» y algunos más. La gente hoy me saluda y dice: ´mira la Salomón´. Y me da mucha vergüenza»; expresó en la entrevista concedida a este medio.

«Con respecto a mi adolescencia, digamos que siempre se notaba que yo tiraba para otro lado. Siempre alguna cosita se decía, pero nada que no se pudiese solucionar. Yo siempre tuve un carácter medio fuerte y en mi adolescencia, tampoco tuve grandes problemas de discriminación. Una vez que vine a Córdoba, empezó a salir como mi otro yo. En el 92, yo tenía 23 años y no fue nada fácil, fueron seis años de ir creando este personaje. Acá trabajé seis años como docente, fui el primer docente varón del Carbó y cuando presenté la renuncia, no me la tomaban. Los padres no querían que me fuera, pero yo no podía seguir negando lo que era y dejé un cargo titular persiguiendo mi sueño. Cuando le conté a mi familia que decidí ser una persona trans, no tuvieron grandes problemas. Cuando ya me vestía como mujer, un día fui a Chilecito y hablé con mi familia. Me senté frente a ellos y les dije que si no lo aceptaban, que supieran que era la última vez que yo iba a verlos. Mi mamá me miró y me dijo: `mire mijo, he tenido cuatro hijos y los cuatro hijos son como los cuatro dedos de esta mano. Si un dedo me faltara de esta mano, no podría funcionar y si un hijo me faltara, yo como madre tampoco podría funcionar»; expresó con emoción.

Sobre la transformación que experimentó, Fernanda Salomón destacó: «Me operé la nariz, las lolas y hasta me coloqué silicona en la cola. Fue lo peor que hice, me puse esa silicona líquida, aceite de avión que le dicen. Ahora estoy sufriendo las consecuencias y quiere empezar una movida para que las chicas nuevas no hagan lo mismo que nosotras. Tengo hecho el cambio de documento, el año que salió la nueva Ley de Identidad de Género me lo hice. Me trae algunos problemas con mi título si quiero ejercer, porque no me lo reconocen pero es quien soy».