Luces de Bengala vuelve con la obra "Conversaciones sin sentido para sobrevivir al silencio"
Nilda Azar, directora del grupo teatral Luces de Bengala, dialogó con Javier Seveso en el programa Rock and Frío de Radio Nuevo Día sobre la obra "Conversaciones sin sentido para sobrevivir al silencio", que se presentará el sábado a las 21:30 en el Teatro Gran Cabral de Río Gallegos. La propuesta, basada en el teatro del absurdo y en una creación colectiva, aborda la incomunicación y el impacto de la tecnología en los vínculos humanos.
El grupo teatral Luces de Bengala, con 35 años de trayectoria, regresa a escena con una obra que invita a reflexionar sobre la comunicación y los vínculos humanos. Su directora, Nilda Azar, explicó que el espacio nació como un taller de adolescentes con una finalidad educativa: "No era para formar actores, sino para utilizar las herramientas del teatro para la vida".
Con el paso del tiempo, aquellos jóvenes se convirtieron en adultos, muchos de ellos profesionales del teatro que hoy continúan ligados al proyecto. "Ahora los que fueron mis alumnos son los profesores que atienden el taller", destacó, valorando el crecimiento colectivo y la continuidad generacional.
La obra surge, además, del reencuentro de dos actores que no compartían escenario desde hacía más de 15 años, quienes impulsaron la idea de volver a trabajar juntos bajo su dirección.
El absurdo como forma de hablar de la incomunicación
"Conversaciones sin sentido para sobrevivir al silencio" se inscribe dentro del teatro del absurdo y toma como base textos de Eugène Ionesco, especialmente "La cantante calva". A partir de allí, el grupo realizó una creación colectiva que dio forma a una obra compuesta por cuatro escenas.
En cada una, dos personajes -interpretados por Tamara Torres y Matías Silveri- representan distintas situaciones y personalidades, siempre atravesadas por diálogos aparentemente incoherentes. "Es un absurdo total, pero dentro de ese absurdo tratamos de decir cosas que sentimos y pensamos", explicó Azar.
El eje central es la incomunicación. "El silencio es la falta de ver al otro, de sentir al otro", afirmó. En ese sentido, la obra plantea que las personas viven como "pequeñas islas" dentro de la sociedad, sosteniendo conversaciones vacías como forma de sobrevivir a esa desconexión.
Además, remarcó que la propuesta no se sitúa en un tiempo o lugar específico: "Es universal, lo podés ubicar en cualquier momento, pero refleja este tiempo de incomunicación".
Una experiencia sensorial y un mensaje actual
La directora también destacó el trabajo escénico y la innovación en la puesta. "La idea del objeto escénico es bastante novedosa, es fruto de mi locura", señaló, aunque aclaró que el texto fue construido colectivamente junto a su equipo, entre ellos su asistente Toto Silva.
Uno de los momentos clave de la obra se encuentra en su desenlace: "Creo que lo más importante son los dos minutos finales, donde hay un descubrimiento", adelantó, sin revelar detalles.
Azar vinculó el mensaje de la obra con la actualidad, marcada por el uso intensivo de la tecnología. "No nos miramos a los ojos", sostuvo, y ejemplificó con su trabajo en talleres: "Los chicos dejan el celular y les cuesta mirarse, pero después descubren que mirando al otro también se descubren a sí mismos".
La función será el sábado a las 21:30 en el Teatro Gran Cabral, con puntualidad estricta. "Una vez que empieza la obra no se entra, porque si no, no se entiende", advirtió, e invitó a la comunidad a acompañar: "El teatro sin público no existe". (Diario Nuevo Día)

