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¿Quién fue María Catalina Echevarría de Vidal? La mujer que cosió la Patria

¿Quiénes construyen la historia de un país? ¿Solo aquellos cuyos nombres figuran en documentos oficiales, o también quienes, desde el silencio y el ámbito doméstico, hicieron posibles los grandes gestos fundacionales?

Redacción Nuevo Día
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Por Katia Ruiz

María Catalina Echevarría nació en Rosario el 1 de abril del año 1782. Quedó huérfana siendo muy niña y fue criada por un matrimonio amigo de sus padres, conformado por Nicolasa Costey y Pedro Tuella, una familia respetada del Rosario colonial. Pedro Tuella, era dueño de un comercio multirubro, en aquel se vendían, entre otras cosas, telas. Tuella, fue además funcionario y uno de los primeros historiadores de la ciudad. En ese hogar, Catalina recibió una crianza orientada a los valores de la época: la fe, el cuidado del hogar y la preparación para un "buen matrimonio".

Era hermana de Vicente Anastasio de Echevarría, abogado prominente, comprometido con el proceso revolucionario y amigo cercano de Manuel Belgrano desde comienzos del siglo XIX. Ese vínculo familiar sería clave para que Catalina quedara, aunque de manera silenciosa, ligada a uno de los momentos fundacionales de la Nación.

En el año 1810, el mismo año de la Revolución de Mayo, María Catalina se casó con Manuel Vidal y continuó viviendo en Rosario, en una casa cercana a lo que hoy es el Monumento a la Bandera y la Catedral: el corazón político, social y religioso del pequeño poblado. También ese año tomó el Santo Hábito Franciscano como hermana terciaria, reflejo de una profunda vida espiritual que la acompañaría siempre.

Cuando Belgrano llegó a Rosario en el 1812 para organizar la defensa del litoral y construir las baterías Libertad e Independencia, se alojó en la casa de Pedro Tuella. El núcleo poblacional era pequeño, las relaciones eran cercanas, y todo indica que María Catalina no fue ajena a las conversaciones, preocupaciones y esperanzas de aquellos días. ¿Cómo no habría escuchado hablar de la Patria naciente, de la necesidad de un símbolo que uniera y diferenciara? ¿Cómo no habría sentido que algo extraordinario estaba ocurriendo en ese momento de la historia?

La tradición sostiene que fue ella quien tomó del comercio familiar las telas celeste y blanca y, junto a dos vecinas, cosió la primera bandera argentina, siguiendo las indicaciones del General Belgrano (hoy en su legado Padre de la Patria). La tarea habría llevado varios días y, según algunos historiadores, se utilizaron hilos dorados para adornarla. También es importante mencionar que coser en aquella época era una labor típicamente femenina, propia del ámbito doméstico, y quizá por eso su gesto fue considerado "natural", casi invisible, y no digno de ser registrado.

No existe un expediente militar que certifique este hecho. No hay una carta de Belgrano que lo confirme. Pero ¿cuántas acciones fundamentales de las mujeres quedaron fuera del registro escrito por el solo hecho de pertenecer al mundo de lo privado?

La tradición también señala que María Catalina no solo confeccionó la bandera, sino que la llevó hasta las barrancas del río Paraná y permaneció en la ceremonia del 27 de febrero de 1812, cuando fue izada por primera vez. Un acto excepcional, si se considera que las mujeres rara vez participaban de eventos públicos de esa naturaleza.

Con el paso del tiempo, su figura fue quedando difusa, envuelta en el silencio y en el relato de la tradición oral. Sin embargo, la memoria colectiva insistió. Hoy, su presencia se recupera en distintos homenajes: un pasaje con su nombre en el Monumento a la Bandera, un vitral en la Catedral de Rosario, un bajorrelieve de Eduardo Barnes, pinturas históricas y menciones en obras de investigadores que defendieron la verosimilitud de la tradición.

María Catalina pasó sus últimos años en San Lorenzo, donde continuó ligada a la vida religiosa y comunitaria. Falleció el 18 de julio de 1866 y fue sepultada en la parroquia San Lorenzo Mártir. Su hija hizo colocar una placa de mármol en su memoria. Un gesto íntimo, familiar, como había sido casi toda su vida.

Después de compartirles esta historia me pregunto, ¿Puede existir una Patria sin esos gestos silenciosos? ¿Cuántas Catalinas quedaron en la sombra por no haber empuñado un arma ni firmado un decreto?


Este artículo es un humilde reconocimiento a todas aquellas mujeres que, desde el anonimato, fueron parte esencial del nacimiento de nuestra Nación y a aquellas que hoy en día también siguen construyendo desde el compromiso silencioso y valiente, una Patria mejor.

Sobre Katia Ruiz

Nacida y criada en la ciudad de Río Gallegos, desarrolló su formación académica y profesional Buenos Aires, donde consolidó una sólida trayectoria en comunicación, ceremonial e imagen institucional. Es Licenciada en Relaciones Públicas por la Universidad Abierta Interamericana (UAI), Técnica Superior en Ceremonial Empresario y Técnica en Organización de Eventos Empresariales y Espectáculos (CEO). Además, cuenta con Posgrado en Comunicación Política e Institucional (UCA), una Especialización en Comunicación Política del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, y diplomaturas en Comunicación de Crisis (CAEP) e Imagen Política (CKV). Es Técnica Universitaria en Lenguaje Musical por la Universidad Católica Argentina (UCA) y Maestra de Ceremonias, egresada del Instituto Argentino de Ceremonial "Embajador. Blanco Villalta". Cuenta con una Diplomatura en Logística Organizativa, Imagen y Ceremonial (CIDEC y Universidad San Pablo Tucumán. Asimismo, es Diplomada del Instituto Nacional Sanmartiniano. Actualmente, se encuentra finalizando su tesis de la Licenciatura en Ceremonial y Protocolo, continuando su formación académica con el mismo compromiso y vocación que la caracterizan.

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