Aventuras

Una familia argentina navega hace años por el mundo y convirtió un velero en hogar, escuela y proyecto de vida

Constanza Coll, diseñadora gráfica, periodista y escritora, junto al psicólogo Juan Dordal, dialogaron desde la Polinesia Francesa con Radio Nuevo Día sobre su vida a bordo de un velero junto a sus hijos Ulises y Renata. Contaron cómo dejaron Argentina para vivir navegando, las experiencias culturales que atraviesan en familia y el presente de "El Barco Amarillo", el proyecto que inspira a miles de personas en redes sociales.

Redacción Nuevo Día
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Constanza Coll, diseñadora gráfica, periodista y escritora, junto al psicólogo Juan Dordal, dialogaron desde la Polinesia Francesa con Radio Nuevo Día sobre su vida a bordo de un velero junto a sus hijos Ulises y Renata. Contaron cómo dejaron Argentina para vivir navegando, las experiencias culturales que atraviesan en familia y el presente de "El Barco Amarillo", el proyecto que inspira a miles de personas en redes sociales.

Dejar la rutina y convertir el mar en hogar

En una entrevista íntima y extensa con el programa Rock and Frío, Constanza "Coni" Coll y Juan Dordal relataron desde la Polinesia Francesa cómo transformaron una decisión de vida en una aventura familiar que ya lleva años navegando distintos rincones del planeta.

Una  familia argentina navega hace años por el mundo y convirtió un velero en hogar, escuela y proyecto de vida

"Hay personas que sueñan con cambiar de vida y otras que realmente se animan a hacerlo", resumió Javier Seveso al presentar la historia de "El Barco Amarillo", el proyecto familiar que comenzó como una experiencia de viaje y hoy se convirtió en un modo de vida.

Coni explicó que actualmente se encuentran en la Polinesia Francesa, siete horas adelantados respecto de Argentina, navegando entre islas del Pacífico Sur. "Estamos en unas islitas en el medio del océano Pacífico", contó.

La llegada no fue sencilla. Para arribar a las Islas Marquesas navegaron durante 28 días y 28 noches sin escalas, partiendo desde Panamá y atravesando el océano hasta Fatu Hiva. "Navegamos y navegamos hasta llegar a una pequeña isla de la Polinesia", recordó.

La familia lleva dos años recorriendo distintas islas polinesias y recientemente evaluaron continuar rumbo a Indonesia. Sin embargo, decidieron quedarse más tiempo. "La Polinesia está demasiado buena como para seguir corriendo", afirmó.

Criar hijos navegando y aprender del mundo

Una  familia argentina navega hace años por el mundo y convirtió un velero en hogar, escuela y proyecto de vida

Coni y Juan viven junto a sus hijos Ulises y Renata en un velero, donde desarrollan una crianza nómade y una experiencia educativa basada en el contacto permanente con otras culturas.

Ulises cumplió recientemente 10 años y pasó ocho de ellos viviendo en el barco. Renata, en tanto, nació durante el viaje y lleva toda su vida a bordo.

"Para nosotros es lo más normal del mundo estar navegando", expresó Coni, quien recordó que comenzaron a navegar a los 25 años luego de enamorarse de la vida en el mar. "Fue amor a primera vista", aseguró.

La familia es oriunda de El Palomar, en la zona oeste de Buenos Aires, aunque los primeros contactos de Coni con la navegación fueron durante vacaciones familiares en Puerto Madryn y Puerto Pirámides.

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La educación de los chicos combina homeschooling, aprendizaje cultural y experiencias directas. "Aprenden geografía, idiomas, naturaleza y ecología viviendo", explicó.

Actualmente, los niños asisten a la escuela en la Polinesia y participan de celebraciones locales. "Hoy festejaron el Día de la Polinesia, bailaron y cantaron canciones tradicionales", contó.

La inmersión cultural es total. "Nuestros hijos no tienen compañeros franceses, son todos tahitianos", señaló, remarcando la riqueza de convivir con otras costumbres, idiomas y modos de vida.

El Barco Amarillo, trabajo y vida en comunidad

Aunque el proyecto mantiene el nombre "El Barco Amarillo", la familia ya cambió varias veces de embarcación. Actualmente viven en "Cambombia", un velero de 15 metros diseñado por el argentino Germán Frers.

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La vida a bordo también se convirtió en trabajo. A través de charters turísticos reciben visitantes, especialmente europeos y franceses, a quienes llevan a recorrer distintas islas.

"Les cocinamos, hacemos snorkel, yoga en la playa y guitarreadas", contó Coni, quien además es profesora de yoga. La propuesta busca mostrar otra forma de viajar y conectar con la naturaleza.

En paralelo, la familia comparte su experiencia en redes sociales, donde miles de personas siguen las travesías, tormentas, celebraciones y momentos cotidianos de la vida en el mar.

Coni destacó además el vínculo permanente entre todos los integrantes de la familia. "Estamos juntos las 24 horas, trabajamos juntos y criamos juntos", explicó.

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La experiencia también modificó la mirada de sus hijos sobre el mundo. "Ulises no piensa como nosotros. Cuando llegamos a la Polinesia, después de cruzar el océano, preguntó por qué no cruzábamos otro más", relató entre risas.

Lejos de imaginar un regreso definitivo a tierra firme, la familia sigue proyectando nuevas rutas. "Todavía no sentimos que encontramos el lugar donde quedarnos para siempre", reconoció.

Mientras tanto, continúan navegando entre aguas cálidas, culturas lejanas y paisajes paradisíacos. "Estar en el mar nos hace sentir en casa", concluyó Coni.

(Diario Nuevo Día) Producción: @pabloeduardomouesca

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