Victoria Villarruel

Origen de la fundación de Victoria Villarruel: Se vincula a un exfuncionario de la SIDE durante la dictadura militar

La nueva denominación "Oíd Mortales" oculta la conexión con la Fundación Tridentina, liderada por Gustavo Corbi, excolaborador de la SIDE durante la dictadura. La agrupación "Jóvenes por la Verdad", a la que pertenece la diputada de La Libertad Avanza, promovía cartas a favor del represor Ricardo Cavallo.

Victoria Villarruel, la candidata a vice de Javier Milei, es uno de los apoyos argentinos a la ultraderecha española que encarna Vox. Compartió actos con sus principales dirigentes y formalizó su apoyo con la firma de la carta de Madrid a través de Oíd Mortales, la fundación de la que es presidenta honoraria. Oíd Mortales es, en realidad, un sello nuevo para una marca vieja: es la fundación que en 2011 había conformado Gustavo Corbi, un teólogo ultraconservador que estuvo a cargo de la sección Religión de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) durante los primeros meses de la última dictadura y que solía pedir que volviera la Inquisición a través de la Revista Cabildo.



Oíd Mortales apareció en escena días atrás. Fue después de que Milei dijera que Villarruel sería la encargada de nominar a los ministros de Seguridad y Defensa si llegan al gobierno. Allí surgió un nombre: el del coronel retirado Jorge Vives, un especialista en inteligencia que, durante el gobierno de Cambiemos, fue director de Investigaciones de la Aduana. En la causa que orbita alrededor del falso abogado Marcelo Sebastián D’Alessio, Vives aparecía como un hombre ligado a Elisa “Lilita” Carrió. Vives es, además, responsable de las áreas de Seguridad y Defensa de la fundación que preside Villarruel de manera honoraria.



Según pudo saber Página/12, Oíd Mortales no es más que el cambio de denominación de la Fundación Tridentina por los Valores Clásicos, que en 2011 conformó Corbi con su principal adlátere, Eduardo Ignacio Llorente. La asociación básicamente tenía el objetivo de preservar la obra y la biblioteca de Corbi, que falleció al año siguiente de la conformación de la Fundación Tridentina.



En sus años mozos, Corbi integró el grupo del Molino, que eran quienes se reunían los sábados en la confitería de Callao y Rivadavia. Ese conjunto estaba conformado por quienes seguían asistiendo a la misa tridentina, es decir, a la misa como se daba antes del Concilio Vaticano II: una misa de espaldas a la feligresía. Al menos entre 1975 y 1976, Corbi estuvo a cargo de la sección religión de la SIDE, como surge de los diarios del obispo y pro-vicario castrense Victorio Bonamin, que analizaron Lucas Bilbao y Ariel Lede en el libro Profeta del genocidio.



Bonamin y Corbi intercambiaban figuritas. “Muchacho muy ordenado en su escritorio, en su archivo, ‘y en su cabeza!”, lo describía Bonamin. Al obispo le servía su amistad con el excolaborador de la revista Discalia para tener información de los sectores díscolos de la Iglesia e incluso para tener datos concretos de algunos integrantes de la Junta Militar como Emilio Eduardo Massera. Corbi le mostraba cartas de otros monseñores a Bonamin. Se presume que es porque, en esa época, la SIDE podía interceptar las comunicaciones: cartas y teléfonos.



El último encuentro que aparece entre Bonamin y Corbi en los diarios a los que pudieron acceder los investigadores es del 21 de diciembre de 1976. “Lo han dejado cesante en la SIDE”, consignó Bonamin. Para entonces, estaba en marcha la primera gran remodelación de la SIDE procesista: se produjo la salida de Otto Paladino de la jefatura del organismo. Hay quienes atan ese recambio a la fuga que obligó a levantar el centro clandestino conocido como Automotores Orletti, que funcionaba bajo la órbita de la Secretaría de Inteligencia.





El grito sagrado

En 2011, Corbi armó la Fundación Tridentina con Llorente, un politólogo vinculado a la empresa Las Tres Vírgenes SAU –que se dedica a servicios agropecuarios, comerciales y financieros–. Quienes lo conocen lo definen como el principal seguidor de Corbi.



En mayo del año pasado, Llorente –que estaba como presidente de la Fundación Tridentina– inscribió el cambio de nombre de la asociación, que pasó a llamarse Oíd Mortales –como la apelación del himno argentino–. El secretario de la Fundación es actualmente Guillermo Maximiliano Montenegro, mano derecha de Villarruel y uno de los asesores que tiene la abogada en la Cámara de Diputados de la Nación. Otro de los asesores de la diputada de La Libertad Avanza (LLA) es Marcelo Cinto Courtaux, hijo homónimo del represor que integró la estructura de inteligencia del Ejército durante la dictadura.



En Oíd Mortales, Ida María Tejeda de Anchézar está a cargo del área de Formación. Tejeda de Anchézar suele compartir posteos de Villarruel en sus redes sociales y también celebra los cumpleaños de Christian Federico Von Wernich, el capellán de la Policía Bonaerense condenado a prisión perpetua por crímenes de lesa humanidad.



El área de Justicia de la fundación está en manos de Federico Pávito, que se presenta como abogado laboralista egresado de la Universidad de Buenos Aires (UBA). En su página de Linkedin, Pávito figura como integrante del estudio jurídico Montenegro, Pávito y asociados. Si se escribe en Google Montenegro, Pávito y asociados, aparece la dirección Sarmiento 989, que es justamente donde funciona Oíd Mortales. En Twitter, Pávito solía compartir publicaciones de Justicia y Concordia –la organización que reúne a abogados defensores de condenados o investigados por crímenes contra la humanidad– u otras que increpan a Horacio Rodríguez Larreta por el hecho de que los pañuelos de las Madres estén pintados en la Plaza de Mayo.



La sección Agricultura tiene como responsable a Santiago Gándara, que saltó a la fama en 2010 porque reivindicó el accionar de las Fuerzas Armadas en la apertura de la exposición rural de General Pico, La Pampa, mientras denostaba al marxismo, al Chile de Salvador Allende y a Cuba. Por la reacción que se generó, Gándara debió dejar su cargo como presidente de la Sociedad Rural local.



Ecos del pasado

Villarruel tiene una larga trayectoria en las organizaciones que se denominan como de “memoria completa”. Estos grupos surgieron a principios de 2000 como una reacción a la presencia de los temas de derechos humanos en la agenda pública.



Según Pedro Mercado –marido de Cecilia Pando– relató en un posteo de Facebook, Villarruel inició su militancia en la Asociación Argentinos por la Memoria Completa, que fue hegemónica durante aquellos años pero cayó en el olvido después de que una cámara oculta mostró que su principal dirigente, Karina Mugica, ejercía la prostitución en Mar del Plata.



A finales de 2001, se conformó Jóvenes por la Verdad. Según Mercado, fue un grupo impulsado por Villarruel y se dedicó a realizar visitas al dictador Jorge Rafael Videla mientras estaba en prisión domiciliaria. Mercado escribió que él conoció a Videla a través de la actual diputada de LLA. Según un artículo de la revista pro-dictadura B1 –que dirigían José D’Angelo y Mercado–, Jóvenes por la Verdad tenía un programa en la FM 88.5 que conducía Victoria Villarruel. Se llamaba Proyecto Verdad.



El grupo no escondía por entonces sus simpatías por los represores de la última dictadura, particularmente de los marinos que actuaron en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA). “En el transcurso de nuestras investigaciones, Jóvenes por la Verdad pudo comprobar violaciones a los derechos humanos de los que combatieron contra el terrorismo en los años 70 y decidimos promocionar campañas con fines humanitarios. Una de ellas, en apoyo al Cap. Cavallo bajo el lema ‘escríbale una carta al Cap. Ricardo Cavallo’ injustamente encarcelado en España”, puede leerse en el segundo ejemplar de B1.





Semanas atrás, Pando le recordó a Villarruel su vínculo con otro represor de la ESMA, Alberto Eduardo González, condenado también a prisión perpetua. Según Pando, Villarruel firmó los libros que escribió el “Gato” González. Página/12 consultó con el defensor de González, Guillermo Fanego, quien confirmó el vínculo de la diputada de LLA con su defendido, mas no la coautoría.



Villarruel suele negar su defensa de los genocidas y retruca que ella únicamente se enfoca en la defensa de las víctimas de las organizaciones armadas de izquierda, a las que ella cataloga como terroristas. Su plafón para ello es el Centro de Estudios Legales sobre el Terrorismo y sus Víctimas (Celtyv), que se conformó en 2006 –casualmente el año en que se reiniciaron los procesos contra los genocidas. El Celtyv, según surge de una publicación de B1, es una rama de la Asociación Unidad Argentina (Aunar) –creada en 1993 y que tuvo cómo máximo exponente al exjefe de inteligencia del Comando de Institutos Militares Fernando Exequiel Verplaetsen–. En 1998, el diario La Nación catalogaba como “procesista” a Aunar por su defensa de lo actuado en la llamada “lucha contra la subversión”.


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