La carrera de Máximo Kirchner para reemplazar a Alberto Fernández en 2023

El diputado se metió de lleno en la campaña con el objetivo de contener la caída en la imagen del presidente.
lunes, 30 de agosto de 2021 · 08:42

 

No hay que seguirlo muy de cerca ni estar constantemente en su entorno para tomar nota que Máximo Kirchner ya está empezando a convencerse que puede ser él quien represente el Frente de Todos en 2023 si algunas cosas no cambian en la presidencia de Alberto Fernández y el resultado de noviembre próximo demuestra lo que está pensando muy en privado. 

Sus apariciones, puntuales, casi quirúrgicas, ya pasaron a ser casi cotidianas. Por lo menos dos veces por semana protagoniza una actividad de campaña, empodera candidatos propios o visita territorios de posibles futuros aliados. Lo hace casi naturalmente, y lo que antes hasta podía provocarle incomodidad, ahora le sale naturalmente. 

Su preocupación por la campaña y su resultado es similar a su nombre, máxima. Por eso no dudó en participar de lleno en un acto armado por uno de sus referentes más cercanos, Martín Rodríguez, en Hurlingham, donde de pasó le dejó más que claro al ministro de Desarrollo Social, Juan Zabaleta, de que no lo quieren. Al igual que hacen habitualmente con el jefe de Gabinete, Santiago Cafiero.

Pisarle el distrito, invitarlo casi como por obligación, y luego decidir que serán ellos los encargados de un masivo casa por casa es, por lo menos una provocación que Zabaleta seguro se cobrará apenas termine la contienda. Hoy todo es unidad y tratar de seguir para adelante con Todos, la gran y única fortaleza política del oficialismo. 

Es tan profunda la caída de la imagen presidencial que su madre, la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner aparece con mejor imagen y posible contención de votos que Alberto Fernández. Y esta situación también transfigura las expectativas de Sergio Massa, aliado a los Kirchner bajo la creencia que será él la solución electoral en 2023. 

"Si cae el Frente de Todos, todos caemos, pero los únicos que quedamos con un porcentaje firme, casi inalterable, de votos somo La Cámpora, Máximo y Cristina", se le escuchó los otros días  uno de los que, de veces en cuando, tiene algún diálogo con el presidente del bloque de diputados del oficialismo. 

Por eso es que nuevamente advierte, no con palabras, sino con hechos, que su estrategia es poner en condiciones a todos sus referentes locales para que se hagan cargo de los municipios del conurbano dentro de dos años. En algunas comunas ya tiene aliados de confianza con los que no competirá, como Morón, Lomas de Zamora y Avellaneda. En otros está construyendo una relación que nadie sabe adonde terminará, pero por lo menos los respeta, como Malvinas Argentinas y Escobar, Mientras que ya gobierna Quilmes, con Mayra Mendoza, y ya empieza a anotar como propia a la intendenta de Moreno, Mariel Fernández.

Tal cual había advertido MDZ la semana pasada, su palabra es requerida por muchos más candidatos que en el pasado inmediato. Es el único que marca una senda, equivocada o no, pero que es afín a un público sediento de certezas, esas que no ve ni encuentras en el trajín diario de un Gobierno nacional marcado por los escándalos y los debates innecesarios, como sucedió con la defensa presidencial de la docente de La Matanza.

Su agenda pasa a ser nuevamente personal, por más que hace un mes muchos se entusiasmaran con que iba a ser más peronista que de La Cámpora cuando asumió la presidencia del PJ bonaerense. Ilusiones, como las que también tuvieron cuando Alberto Fernández fue designado al frente de la fórmula con Massa como primer diputado nacional en la Provincia de Buenos Aires. 

"Para afuera es con todos, pero para adentro es con los propios", se queja un intendente que sabe que tiene que lidiar con esta situación un tiempo más. Los únicos que quedaron a salvo de esta situación de jaque permanente son Alejandro Granados, en Ezeiza, Juan José Mussi, en Berazategui y Fernando Gray, de Esteban Echeverría, quien en su momento "se plantó" cuando adelantaron las designaciones del justicialismo que presidía junto con Gustavo Menéndez, de Merlo.

Ni Axel Kicillof sabe cuándo tendrá que tensar la relación con Kirchner. Sabe que la vicepresidenta lo quiere a él como candidato en 2023 y esta disputa por el calor de la que irradia el poder será crucial para el futuro de esta relación y la del poder en sí mismo.