¿Por qué la carne no deja de subir y preocupa al IPC?
El precio de la carne en Argentina registró fuertes aumentos impulsados por valores internacionales récord, menor oferta ganadera y cambios en el mercado. Entre noviembre y febrero subió muy por encima del IPC, afectando el consumo y generando preocupación por su impacto sostenido en la inflación.
La carne volvió a posicionarse como uno de los principales motores de la inflación en Argentina, con incrementos que superan ampliamente el promedio general de precios. En los últimos meses, el alza fue sostenida y se explica por una combinación de factores locales e internacionales.
Entre noviembre y febrero, los precios escalaron un 27,6%, mientras que el Índice de Precios al Consumidor avanzó un 11,6% en el mismo período. Según estimaciones privadas, sin el impacto de la carne, la inflación hubiese sido sensiblemente menor.
Especialistas remarcan que el fenómeno responde al salto en los precios internacionales, el tipo de cambio y la creciente apertura comercial. "La carne es más transable que antes, por lo que su valor es más sensible al dólar", explicó el economista Gabriel Caamaño.
Menor oferta y factores climáticos
Otro de los ejes que explica la suba es la caída en la oferta ganadera. Desde el sector señalan que las condiciones climáticas adversas de los últimos años, como sequías e inundaciones, afectaron la producción y obligaron a ventas anticipadas de animales.
Desde la industria cárnica indicaron que "se viene registrando una retracción sostenida de la oferta por el impacto de tres campañas con clima adverso". Esta situación derivó en una menor disponibilidad de hacienda y, por lo tanto, en mayores precios.
En paralelo, el valor del ganado en pie alcanzó niveles elevados. "El precio del kilo vivo se mantiene en máximos de los últimos quince años en términos relativos", remarcaron desde el sector.
Incentivos que pueden sostener la suba
A pesar del encarecimiento, los analistas advierten que existen incentivos que podrían prolongar esta tendencia. Uno de ellos es la decisión de los productores de retener vientres para aumentar la producción futura.
"Si el productor busca invertir, retiene animales y eso reduce la oferta en el corto plazo, lo que empuja aún más los precios", explicó el economista Lorenzo Sigaut Gravina. En la misma línea, el historiador Pablo Gerchunoff sostuvo que "los vientres son un bien de capital: si baja su oferta, suben los precios".
El impacto ya se refleja en el consumo. En el último año, la carne aumentó más del 60%, con subas destacadas en cortes como el asado, cuadril y nalga. En este contexto, el consumo per cápita cayó a 47,3 kilos anuales, el nivel más bajo en dos décadas.
Además, el encarecimiento afecta a toda la cadena: mientras los precios suben, algunos frigoríficos enfrentan caída en la actividad, suspensiones y menor rentabilidad, evidenciando un escenario desigual dentro del sector.

