Semana clave en busca de dólares: Luis Caputo espera noticias positivas del FMI
Desde el martes, Luis Caputo buscará que el Board del FMI apruebe la revisión del acuerdo y habilite el envío de US$ 1000 millones como parte del programa.
Todo indicaría que será esta semana y Luis Caputo lo sabe. El directorio del Fondo Monetario Internacional (FMI) se reunirá entre el martes y el jueves, y aprobará la segunda revisión del acuerdo de Facilidades Extendidas con Argentina, aprobado en marzo del año pasado, y que responde al ejercicio 2025.
No habrá mayores problemas con los votos, ya que se avalará con las manos alzadas de todo Occidente (empezando por Estados Unidos) más China, Asia y Africa. Los únicos posibles contratiempos serían alguna que otra crítica de los cuestionadores de siempre: Japón y, quizá, Gran Bretaña. No mucho más.
Lo importante es que entre el próximo viernes y el lunes 25 de mayo, los aproximadamente U$S 1.000 millones comprometidos por el FMI para girar una vez que se apruebe la revisión serán liberados e irán a reforzar las reservas del Banco Central.
Las que, probablemente y gracias a este giro del organismo que maneja Kristalina Georgieva, superarán los U$S 57.000 millones (reservas brutas) para fin de mayo. Pero además le permitirán a Luis "Toto" Caputo mostrar ante el público local y externo que no habrá ninguna dificultad técnica y política para pagar el próximo 9 de julio el segundo vencimiento del año de los Bonares y Globales por unos U$S 4.300 millones.
La mira en 2027
El cálculo para todo 2026 ya está asegurado en cuanto a las liquidaciones de deuda comprometida por el país, tanto con privados como con organismos multilaterales de crédito. Será cuestión entonces de comenzar a diseñar el 2027; cuando Argentina deberá pagar unos U$S 21.000 millones, en lo que será el ejercicio más complicado de toda la gestión Javier Milei.
Todo será entonces optimismo financiero internacional para esta semana. Lo único que lamentará Caputo es la tardanza en que el Board se reúna, ya que el aval que dio la gerencia para el Hemisferio Occidental para aprobar la segunda revisión del acuerdo de Facilidades Extendidas, había llegado la segunda semana de abril, durante la Asamblea Anual de Primavera del FMI y el Banco Mundial, que se desarrolló en esos días en Washington.
Luego pasó más de un mes de transición hasta que el caso argentino se trasladó el Board, algo que llamó la atención. Se explicó eventualmente que la crisis de Medio Oriente captó la atención permanente del organismo. Pero la tardanza resultó bastante sospechosa.
En busca de dólares
Finalmente, siguiendo la teoría del bilardismo puro, que reza que lo importante son los resultados, el dinero llegará pronto. Lo que no se pudo lograr desde el Quinto Piso del Palacio de Hacienda, donde tiene su despacho el ministro Caputo, es que no se liberaron antes del pago de unos U$S 830 millones al FMI hace 15 días, donde la liquidación debió hacerse comprando DEGs (la moneda que usa el Fondo) a los Estados Unidos, que de todas maneras, le hizo precio al país y terminó siendo negocio. Como sea, finalmente el dinero llegará.
El aval al ejercicio del año pasado fue otorgado, waiver (perdón) mediante (Argentina no cumplió, ni cerca, con la obligación de recuperar unos U$S 8.000 millones en reservas), durante los encuentros que en la segunda semana de abril mantuvo en Washington el ministro Luis "Toto" Caputo con los técnicos que llevan adelante el caso argentino dentro del FMI, con el venezolano Luis Cubeddu como delegado principal. Dada la importancia del tratamiento del caso local, también participaron el gerente para el Hemisferio Occidental Nigel Chalk y la propia Georgieva.
La meta del FMI
Debido a que la compra de reservas por parte del Banco Central viene en ritmo adecuado respecto a lo comprometido con el FMI (aumento fijado en U$S 8.000 antes de fin de año), el debate con el organismo se concentrará en el valor del dólar y en la evolución de la recaudación contra la inflación.
En el primer caso, se sabe que el FMI tiene su propio cálculo. El dólar versión Fondo Monetario debería cerrar el 2026 con un incremento real (sobre inflación) de aproximadamente 20%. Era el faro para el año pasado, donde tampoco se logró la medición.
Para este 2026 la carrera comenzó con un valor al oficial Banco Nación (el que le gusta al Fondo) de 1.495 pesos. Al jueves 30 la cotización llegó a los 1.405 pesos, lo que implica una caída aproximada de 6% en lo que va del ejercicio. Si ese porcentaje se cruza con una inflación conservadora acumulada a abril, crece a 15% en términos reales. Casi a 35% por debajo de lo que "recomienda" el FMI.
En consecuencia, habría concreto, contante y sonante (y termosellado), atraso cambiario. Algo que no sólo molesta al FMI. Si se quiere ensayar algún tipo de recuperación pyme, habrá que trabajar sobre las desventajas competitivas extras que trae esta foto de un dólar que no clasifica a los play off.
Superávit y recaudación
El otro dato que preocupa al FMI es la recaudación. Argentina se comprometió ante el Fondo a continuar durante el 2026 sosteniendo una de las metas básicas del acuerdo de Facilidades Extendidas, comenzando con un superávit fiscal primario de 1,4% del PBI.
Serían unos 6.200 millones de dólares de ahorro primario durante todo el ejercicio, cuando, según informó ayer el Ministerio de Economía, durante los primeros tres meses del año se acumuló un superávit primario de aproximadamente 0,5% del PIB y un superávit financiero de aproximadamente 0,2% del PIB.
La velocidad de ahorro parece conveniente. Sin embargo, la evolución negativa de la recaudación impositiva contra la inflación pone en duda la meta. Luis Caputo debe trabajar en la aplicación durante el 2026 del esquema del 2024, basado en el símbolo "licuadora y motosierra".
Esto es, bajar en gasto con una doble combinación. Aplicar, primero, una reducción directa del gasto público cercana al 2% en cada área de gestión administrativa, instrucción que el propio Luis "Toto" Caputo difundió entre sus colegas ministros con el aval personal de Javier Milei. Es la llamada "motosierra".
Sin embargo, también se está aplicando una licuación de parte del gasto al congelar el nivel de erogaciones (fundamentalmente salarios) en un esquema inflacionario que, necesariamente, implica una contracción del gasto ante una mejora de la recaudación (aunque sea nominal) por el incremento de los precios. Es la denominada "licuadora".
Sólo así se podrá llegar a ese nivel de superávit. Salvo que la actividad de la economía real reaccione, el consumo crezca, la construcción levante y la industria manufacturera vuelva a prender las máquinas, un escenario hipotético con una combinación perfecta de mejora de estas variables.
mdz

