Río Grande: hay un cuarto hombre que prestó apoyo a los homicidas y aún no está identificado

El fallo del juez Daniel Cesari tiene pendientes los resultados de numerosas pruebas periciales realizadas, pero establece con relativa certeza la participación activa en el homicidio de los tres varones procesados. De un seguimiento de las cámaras de seguridad de la zona surge un cuarto cómplice sobre el cual no hay más rastros.
martes, 24 de septiembre de 2019 · 10:38

 Se conoció el pronunciamiento del juez de Instrucción 1 a cargo de la investigación por el crimen de Gladys Moledo, quien procesó a Gastón Blanco de 35 años, su hijo de 17 años y a Juan Ramón Gómez, su cuñado de 34.
El gran aporte inicial fue un exhaustivo relevamiento de cámaras de seguridad por toda la zona que permitió recrear que el homicidio se habría producido a minutos de la última vez que la víctima fue vista con vida, cuando se dirigió a la despensa de sus vecinos cerca de las 21:15 del lunes 9 de septiembre.
Las cámaras captan a 3 personas caminando detrás de un auto que circulaba despacio por la calle Monte Independencia (en el 113 vivía la víctima), los que giran hacia la casa de la víctima.
Fue a las 21:22 y se estima fueron los asesinos, ya que el auto era el Ford Ka de Blanco, e incluso un hombre que es visto en las cámaras los cruzó y aseguró temer que pudieran asaltarlo porque iban con los rostros cubiertos. Describió eran 3 varones muy similares a los tres procesados por la contextura física.
Allí el auto continuó hasta el polirrubro La Bahía, a pocos metros, donde su conductor descendió y luego se retiró por otra vía. Ese cuarto hombre aún se desconoce quien podría ser, pero abandona la zona actuando sólo como un transportador de los homicidas.
El auto y los asesinos se retiraron por distintas vías y se encontraron luego en un punto acordado en calle Los Sauces, lo que la Justicia utiliza en uno de los agravantes sobre la “planificación” del hecho.

El celular de la víctima
Una hora después desde una cámara se observa que en calle Paso de los Libres, desde un Ford Ka arrojan un elemento. La prevención policial en ese mismo horario, a pocas cuadras identificó al Ka con Gustavo Blanco a bordo, Juan Ramón Gómez y ahora aparece la imputada con “falta de mérito” Jésica Gómez a bordo.
Esta fue la imputada que en su detención acusó a los imputados de haber cometido el hecho, pero su presencia allí contradice la versión cuando se sacó totalmente del contexto activo en torno al crimen.
Ese mismo móvil policial que los identifica, es notificado luego por un transeúnte que encontró un celular tirado en el mismo punto donde la cámara mostró que arrojaron algo desde el Ka.
Era el celular de Gladys Moledo, una prueba que compromete directamente a los 3 involucrados a bordo del auto, a pesar de lo cual Jésica Gómez tiene una “falta de mérito”.

El lavado de evidencia
De igual manera el juez aclara que aún resta prueba científica crucial, y es que precisamente al día siguiente al crimen, el menor de 17 años lavó completamente el vehículo así como las fundas de los asientos que fueron retiradas.
Esa acción fue registrada por la Policía que ya seguía a la familia Blanco como sospechosa, por lo que se realizaron distintas tomas de muestras sobre esas fundas, de las cuales se aguarda obtener algún elemento más incriminante, y que pudiera incluso permitir identificar al cuarto ocupante masculino del auto.

El más complicado y la menos
A pesar de la falta de elementos ya la situación procesal de Juan Ramón Gómez es la más comprometida de todos los imputados; a partir de marcas de rasguños y pisada de un calzado similar a uno por una causa de flagrancia que posee. Asimismo el otro detenido, Gastón Blanco también con rasguños y de esas lesiones se espera que hayan dejado rastros genéticos que permitan arrojar un resultado positivo en las tomas extraídas de las uñas de la occisa.
Pero incluso Juan Ramón Gómez ya suma otros testimonios. El de la imputada Jésica Gómez -su hermana- que da cuenta de haberlo escuchado hablar de “las dos puñaladas que le dí en el cuello”, y de una bolsa negra con ropa que se llevó, cuando volvieron a su casa tras el homicidio; según contó.
Finalmente, un cuñado de Gómez que reside en calle Yaven, testifica que esa noche lo encontró en su casa, donde habrían llevado esa bolsa para incinerar la ropa, y allí el refirió, mostrándole las manos ensangrentadas “me mandé un cagadón muy grande”.
Muy diferente es la situación de la hijastra de la víctima, Oriana González, quien se demostró estuvo toda esa noche en la casa de la familia de su novio, con testimonios e incluso registros fílmicos de una cámara de seguridad de una casa vecina desde la cual se la vio en dos oportunidades esa misma noche.
Solo hay dudas en torno a las llaves que la joven tenía de la casa, y el cruce de llamados con la familia Blanco, en uno de los cuales les dijo que no estaba en su casa y que su madrastra Gladys estaba sola, aunque el mensaje no parece ser en un contexto de “entregadora”.
En ese sentido aún restan por definir pericias en los teléfonos celulares y entrecruzamientos de mensajería.

Sureño