Carlos Telleldín, un acusado por la AMIA que defiende a dos imputados del crimen de Fabián Gutiérrez

El procesado por la entrega de la Trafic que se usó como coche bomba, que se recibió de abogado en la cárcel, ahora asesora a la defensa de los hermanos Zaeta.
domingo, 12 de julio de 2020 · 19:01

Carlos Alberto Telleldín (59 años) se autodefine como un “simpático pillo” que reivindica al “glorioso Ejército Argentino”, a Perón y Cristina Kirchner. En realidad, siempre fue “un buscavida” que hizo negocios al borde del Código Penal. En la actualidad, por un lado defiende a los hermanos Zaeta en el crimen de Fabián Gutiérrez en El Calafate, y por otro, es el principal acusado por entregar la Trafic que se usó como cochebomba en el atentado a la AMIA.

Quienes conocen a Telleldín ─alias “El Enano”─ por su paso por tribunales federales lo definen como personaje “embustero, verborrágico, mediático y astuto” y con una formación “en inteligencia en la policía de Córdoba”.

El nuevo gobierno de los Fernández, bajo la lupa de Ignacio Miri.
Durante los diez años que pasó con prisión preventiva en la cárcel por la AMIA, se recibió de abogado y ahora se dedica al derecho penal con la modalidad “trabajo por cantidad”, es decir tener 200 o 300 presos comunes como clientes, contactos con las comisarias y un par de abogados jóvenes que escriban las presentaciones, para hacer buenas ganancias.

Desde la caída del primer juicio por la AMIA en 2004, se lo ve en autos de alta gama, activo en Twitter contra el macrismo y con custodia. En la página web de Telleldín y asociados dice que tiene una sucursal en Liniers y otra en Río Gallegos.

Como antecedentes, dice que defendió a acusados de ser miembro de la mafia china, del robo de los radares de Ezeiza, del padre Grassi y de Felipe Romeo, uno de los ex jefes de la Triple A, entre otros.

En un capítulo del manuscrito del libro que escribió en la cárcel e iba a publicar titulado De monaguillo a soldado, recordó su infancia en Córdoba, y su paso por el Liceo Militar, del que dice que egresó como subteniente y donde tuvo como compañero a un hijo del ex dictador Jorge Rafael Videla.

“El Enano” es hijo del ex comisario general de la policía de Córdoba, Pedro Telleldín. Este luego de su retiro como suboficial del Ejército, en 1974 se incorporó a la policía cordobesa de la mano del teniente coronel Domingo Navarro, quien derrocó al gobernador peronista de izquierda Ricardo Obregón Cano, en un golpe conocido como "el navarrazo".

Su padre estuvo acusado de haber integrado el Comando Libertadores de América, un brazo de la Triple A (Alianza Anticomunista Argentina), responsable de la represión ilegal en esa provincia antes del golpe del 24 de marzo de 1976.

En el manuscrito del libro que había acordado publicar con Tuny Kollmann y que le dictó a su ex compañero de celda, el ex fiscal trucho Jorge Damonte, admite sus antecedentes penales: "Si bien no guardo antecedentes frondosos de delitos aberrantes, soy lo que todos conocemos como un simpático pillo”. Y aclara "siempre me caractericé por trabajar con el Código Penal en la mano".

Cuenta también cómo una vez le embargaron un yate en Uruguay por contrabando de electrodomésticos: "Aún hoy mi crucero aguarda la excarcelación al igual que yo, ya que tanto Benidorm (así llama al barco) y yo somos víctimas de delitos que no cometimos".

Y para defenderse de las acusaciones, agregó: "¿Acaso debemos también declarar penalmente responsables de encubrimiento a todos los intermediarios del país? Qué despropósito, de esa forma acabaríamos con los principios del libre comercio".

En julio de 1994 compró una Trafic siniestrada de la firma “Messin” a Automotores Monjo y cambió su vida para siempre. Le sacó el motor que es el que el 18 de ese mes apareció en los escombros de la AMIA.

Se lo acusa de haber robado otra camioneta igual y haberle puesto el motor de la primera para “doblarla” y venderla con sus “papeles vivos”.

Al ser detenido por primera vez en 1994, afirmó que entregó la Trafic a un hombre que hablaba español con acento centroamericano y usaba anteojos y sombrero. Luego de recibir un pago de la SIDE de Menem por US$ 400 mil dólares, dijo que se la había entregado a efectivos de la Bonaerense. Años más tarde, volvió a su versión original.

Para Miguel Bronfman, el abogado histórico de la AMIA, Telleldín “guarda el secreto de a quién le vendió la camioneta” y por “eso plantó pistas falsas y trató de escaparse en 1994”. Saber a quién se la entregó es clave para conocer dónde se le puso a la Trafic 300 kilos de amonal, un detonador y un chapón para dirigir la explosión hacia las columnas del edificio de la AMIA, donde murieron 85 personas.

La investigación original de la AMIA ─que realizaron los entonces juez Juan José Galeano y fiscales Eamon Mullen y José Barbaccia─ fue anulada en 2004 por el Tribunal Oral Federal Nº3 por el pago a Telleldín. Pero la querella de la AMIA apeló y la Corte en octubre de 2009 dispuso que la causa no estaban contaminada desde ese pago para atrás. Así este año se abrió otro nuevo juicio oral a “El Enano”.

Paralelamente, en marzo de 2019, el Tribunal Oral Federal 2 condenó a Galeano, a los ex fiscales y a Telleldín le dio tres años y medio de prisión en la causa que se conoce como la del supuesto encubrimiento o AMIA II.

Este año la Unidad Fiscal AMIA, que dirige Sebastián Basso, volvió a acusar a Telleldín en el nuevo juicio oral que está en marcha. En el requerimiento de elevación a juicio se le atribuye “la obtención, acondicionamiento y posterior aporte” a los terroristas del Hezbollah de la Trafic utilizada en el atentado.

“El imputado supo en todo momento que ese vehículo sería usado para un atentado de las características del dirigido contra la AMIA”, afirma la acusación de la fiscalía. “La elección de Telleldín para tomar parte en la operación evidentemente no fue azarosa sino que se basó en sus actividades al margen de la ley, en especial sus acabados conocimientos en el ´doblado´ de automóviles”, indica el escrito.

En concreto, la calificación legal que le endilgó fue la de “partícipe necesario del delito de homicidio calificado agravado por haber sido cometido por un medio idóneo para causar un peligro común, en perjuicio de 85 víctimas, en concurso ideal con los delitos de lesiones graves reiteradas (36 hechos), leves reiteradas (115 hechos) y daños múltiples”. Ahora si eventualmente se lo condena a un delito menor a diez años, no irá preso porque ya tuvo diez años de preventiva. Siempre “un pillo simpático” sobre el que pesan graves acusaciones.