Se cumplen 98 años del asesinato del coronel Varela, quien dirigió los fusilamientos de los obreros de la "Patagonia Rebelde", a manos de Kurt Wilckens

El anarquista lo mató en Buenos Aires. El no había estado en los sucesos de la Patagonia pero lo hizo como una forma de reivindicar y hacer justicia por los huelguistas asesinados en Santa Cruz.
miércoles, 27 de enero de 2021 · 19:16

Héctor Benigno Varela fue un militar, enviado por el Gobierno nacional de Hipólito Yrigoyen y los estancieros, conocido por haber dirigido la matanza de 1500 obreros en Santa Cruz, durante los hechos que se conocieron como la Patagonia Rebelde, las huelgas rurales de 1921 que durante este año cumplen 100 años.

En 1923 Varela encontraria la muerte a manos del anarquista Kurt Wilckens, quien lo asesinó en las calles de la Capítal Federal y declaró que lo hizo en memoria de los obreros santacruceños. Las organizaciones de trabajadores reivindicaron el hecho como un acto de "justicia proletaria"

… Si hubiera tenido mil vidas las hubiera dado alegremente por la causa… no hablemos de venganza. No fue venganza; yo no vi en Varela al insignificante oficial. No, él lo era todo en la Patagonia: gobierno, juez, verdugo y sepulturero. Intenté herir en él al ídolo desnudo de un sistema criminal. Pero la venganza es indigna de un anarquista. El mañana, nuestro mañana, no afirma rencillas, ni crímenes, ni mentiras; afirma vida, amor, ciencia; trabajemos por apresurar ese día, escribió Wilkens. 

La Crónica de los hechos*

En la mañana del 27 de enero de 1923, cuando Varela sale de su casa de la calle Fitz Roy 2461, Wilckens primero arroja un bomba -cuyas esquirlas hieren a ambos- y luego vacía el tambor entero de su arma… Todos los impactos son mortales… El teniente coronel Varela ha muerto.

Ese hombre rubio no es pariente de ninguno de los fusilados, ni siquiera conoce la Patagonia ni ha recibido cinco centavos para matarlo. Es un anarquista alemán de tendencia tolstoiana, enemigo de la violencia. Pero que cree que ante la violencia de arriba, en casos extremos, la única respuesta debe ser la violencia. Y cumplirá con lo que cree un acto individual justiciero.

Kurt Gustav Wilckens, de 36 años de edad, ha nacido en Bad Bramstedt, distrito de Seegeberg, provincia de Schleswig-Holstein (Alemania del Norte, lindando con Dinamarca), el 3 de noviembre de 1886. Mide 1,76 m. de altura, cuerpo mediano, cabellos rubios, ojos color azul claro, frente ancha.

… En junio, el fiscal pide 17 años de prisión para Wilckens. Se sabe que el juez de sentencia ha de dar su veredicto dentro de pocos días. El jueves 14 —día de visita— logran ver a Wilckens su abogado, el doctor Prieto, y dos amigos del Comité Pro Presos. Le llevan dos bolsas con fruta. Hay preocupación porque Wilckens ha recibido amenazas de muerte por diversos conductos. Algunos carceleros le han dicho que lo van a tratar de envenenar con la comida y que hay un complot de la Liga Patriótica Argentina para asesinarlo. Aunque Wilckens trata de restar importancia a los rumores, el doctor Prieto entrevista al director de la cárcel para denunciarle el hecho y reclamar seguridades. La noche del viernes 15 es para Wilckens otra más y a las 21 estará en el lecho, según el reglamento carcelario… Sólo despertará para morir.

—¿Vos sos Wilckens?

— Jawohl — responde en alemán el sorprendido preso.

La bala sale a quemarropa… El caño del arma toca bien el cuerpo, como para no fallar. Jorge E. Pérez Millán Temperley, con uniforme de guardiacárcel dió muerte a Wilckens en la madrugada del 16 de junio de 1923.

(*Texto publicado por la UNDAV, extraído de la Patagonia Rebelde, de Osvaldo Bayer)