Moyano piensa en subir la apuesta contra el Gobierno

El titular de Camioneros está abocado a reunir adeptos y a establecer alianzas tácticas para atacar a Mauricio Macri.
jueves, 22 de febrero de 2018 · 07:29

Juan Grabois, referente de los movimientos sociales y de exhibida relación con el Papa, repuso una categoría política poco difundida en estos tiempos para definir su convergencia con Hugo Moyano: habló de una "alianza táctica". El tacticismo suele estar alimentado por las necesidades de coyuntura. Y ese es un motor y también el interrogante principal para Moyano. ¿Seguirá la línea adoptada este verano, que genera una mayor fractura de la CGT y un activo pero reducido apoyo político? Visto desde el palco montado ayer en la 9 de Julio, el camino recién empezaría.

La retomada definición sobre "alianzas tácticas" es llamativa en boca de Grabois, por su origen y por las pinceladas ideológicas que suele pintar su discurso, en línea, suele destacar, con el papa Francisco. Tal vez no lo sea para otra franja, de izquierda tradicional, pero el punto es que no fue una frase al pasar sino, precisamente, una definición.

"En toda alianza táctica hay intereses particulares", abundó el dirigente de la CTEP en un contacto con la prensa. Y agregó que el objetivo común –la fuerte oposición a las políticas del Gobierno- relegaría cualquier otra evaluación política e ideológica, incluido el costado ético. "Si Moyano tiene un interés particular en un tema judicial, o no, para nosotros es absolutamente secundario", añadió. El problema, en función de la categoría referida, se plantearía entonces a la hora de sacrificar aliados tácticos en el altar de las consideraciones estratégicas.

Tal vez a Moyano no lo inquieten esas consideraciones, aunque las haya expuesto un aliado. Con todo, los pasos que vaya dando expresarán cuánto se extiende en el tiempo la necesidad coyuntural, táctica, y si el camino termina o no reacomodando las fichas de otro modo, menos confrontativo.

Por lo pronto, en el acto de ayer no se habló expresamente de profundizar la protesta. El temario leído allí podría ser firmado por cualquier otro dirigente sindical: el punteo anotó el reclamo de paritarias libres, el rechazo al nuevo sistema de cálculo jubilatorio y también a la reforma laboral, ya desarmada por el Gobierno, entre otros temas.

La cuestión de fondo, sin embargo, es más compleja, incluyendo el frente judicial de Moyano. El propio jefe sindical le dio ese tono con frases como "no tengo miedo de ir preso" o "tengo las suficientes pelotas para defenderme solo": títulos cantados para cualquier medio.

¿Cómo sigue Moyano y, señal para sus acompañantes, cómo sigue la protesta? El acto podría ser considerado un punto de tensión máxima con el oficialismo o el primer paso de una escalada, según las señales que vaya dando en los próximos días o semanas. Si bien la convocatoria a un paro no fue eje de los discursos, es sabido, por ejemplo, que las dos CTA y otros sectores impulsan una medida de fuerza para fines de marzo.

 

El futuro de la CGT

 

También fines de marzo o abril figuran en el almanaque de Pablo Moyano: dijo que ese podría ser el momento para convocar al congreso cegetista y consagrar una nueva conducción de la central sindical. Eso requeriría de intensas negociaciones en la quebrada interna de la CGT. No parece fácil que así como están las cosas pueda discutirse y menos imponer un paro nacional a la mayoría de los sectores gremiales.

El endurecimiento de Moyano, basado en la convicción de que las denuncias y acciones judiciales que lo involucran –desde Independiente hasta la obra social de camioneros- son fruto de operaciones oficialistas sincronizadas, agudizó las fracturas en la CGT, al punto que el triunvirato de conducción –Juan Carlos Schmid, Héctor Daer y Carlos Acuña- hoy está virtualmente disuelto. Sólo uno de ellos, Schmid, estuvo en la 9 de Julio.

Moyano volvió a demostrar capacidad de movilización, más allá de la discusión sobre el número de la concentración, que pareció igual o tal vez menor al de otras demostraciones. También exhibió que su armado mantuvo el círculo más próximo, aunque con astillas, con la suma de dirigentes más vinculados al kirchnerismo, como el bancario Sergio Palazzo, y buena parte de las CTA.

También añadió a las organizaciones piqueteras, un vínculo que combina algunos capítulos de encuentro y otros de competencia por lo que se denomina representación social.

Del mismo modo, la puesta sobre el escenario de ayer mostró la ausencia de la mayor parte de la CGT. Luis Barrionuevo, que en enero y con asado de por medio parecía un socio al menos temporal, se corrió rápidamente de ese eje y su sector, con Acuña entre otros, no participó del acto. Los "gordos", los "independientes" y los no etiquetados ya había anunciado -en una larga serie de anuncios- que tampoco acompañarían. Sumados, representan a los principales gremios de la producción y de los servicios, incluida buena parte del transporte.

Frente a ese cuadro, el futuro de la CGT es más que incierto. Cuesta imaginar alguna forma de unidad, aún precaria, como resultó la conducción tripartita. Nadie parece dispuesto a convalidar un esquema que represente la primacía de uno sólo de sus referentes. Y la ampliación de la protesta, por esa vía, es un tema que al menos hoy fragmenta en lugar de unificar. 

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