Historias de Patagonia: Cuatro Fugas de la U 15

Un balazo en el pecho y su huída de solo veinte metros hasta caer muerto. Una frustración más en su vida delictiva. “Coco “ el ladrón nocturno no tuvo tiempo para pensar en Río Gallegos y la Unidad 15, lugar donde estuvo detenido hasta su fuga.
sábado, 26 de octubre de 2019 · 23:31

* Mario Novack

Se llamaba Claudio Jorge Silva Villafañe y había comenzado desde joven una carrera  delictiva, plagada de fracasos , que cobraría trascendencia cuando llevó adelante dos secuestros extorsivos, hace doce años. El debut en el terreno del delito había sido en 1992, con el robo de una bicicleta en Azul.

Su prontuario no asoma como el de alguien muy conocido. El año pasado fue noticia en los medios locales al fugarse mientras desarrollaba tareas en la huerta de la Unidad Penitenciaria.

La evasión desde la famosa  U15 despierta, aún hoy, las más variadas suspicacias por la pasividad con que fue lograda y la demora que tuvieron las autoridades penitenciarias en denunciar el hecho.

Pero vamos a desandar su historia antes de llegar a Río Gallegos. “Coco” no siempre fue “Coco”. Ese apodo le quedó luego de comunicarse con los familiares de sus víctimas y darse a conocer de ese modo.

“Disculpame, y disculpas para tu mujer también, ya está”, dicen que le dijo a uno de los secuestrados antes de liberarlo. Fue al empresario Antonio Massa (41), a quien en julio de 2007 se llevaron de la puerta de su fábrica de aberturas metálicas, en Banfield.

Era, su organización delictiva algo así como el “Clan Puccio” de segunda selección. Preso en una casilla de madera y con música de cumbia a todo volumen transcurrió su cautiverio Cayetano Di Pascale.

El secuestro de Massa

Fue el 31 de mayo de 2007, cuando Antonio Massa (41) fue a visitar a su mamá por el cumpleaños, en Lomas de Zamora. Cuando salía lo sorprendieron tres jóvenes, lo subieron a su propio auto y lo secuestraron.

Cuando se comunicaron con su familia, los secuestradores pidieron 150.000 pesos de rescate. Tuvieron al empresario secuestrado durante 4 días y lo liberaron en el mismo partido. Hay versiones encontradas sobre el rescate. Algunos dicen que no se pagó, otros que fue de 40 mil pesos.

Felix Massa, el papá de la víctima, contó después: “A mi hijo lo trataron muy bien, le dieron de comer y hasta durmió bien. Ellos me pedían dinero, pero no llegamos a nada porque yo les decía que plata no había. Este secuestro no fue al voleo, sino que a mi hijo lo venían estudiando”.

El secuestro De Pascale

A Cayetano De Pascale se lo llevaron el 31 de mayo de 2008 cuando llegaba a su fábrica de guantes y elementos de protección para trabajadores de la industria, en Aldo Bonzi.

Tras una semana de estar cautivo, fue liberado después de que la familia tuviera dos contactos telefónicos con los captores y pagara 145 mil pesos. Según trascendió, el pedido inicial fue de $400 mil.

Durante el cautiverio, De Pascale estuvo vendado y escuchando cumbia a todo volumen en una casilla al fondo de la casa de Claudio y su esposa, Cinthia Vélez, que estaba embarazada de ocho meses y se ocupaba de cocinar para él.

“Coco” fue detenido en 2008 a sus 35 años en la villa San Petersburgo, de Isidro Casanova. También detuvieron a su cuñado y a su mujer. Fue gracias a que los billetes del rescate de De Pascale habían sido marcados.

Durante el juicio, se declaró culpable de varios robos y dejó algunas perlas que graficaban sus carencias “operativas” en el secuestro de De Pascale. Contó que contó cómo en la mañana del 31 de mayo de 2008 él, su hermano Diego y un vecino que hizo de entregador, llegaron a la fábrica de De Pascale en La Matanza. Tenían tan poca infraestructura que para ir se tomaron un colectivo.

Con la plata del rescate “Coco” había comprado un lavarropas, un secarropas, una cocina y un caloventor, y había señado con 27.000 pesos una casa en Villa Luzuriaga.

La villa San Petersburgo, donde fuera detenido es considerada uno de los lugares más peligrosos del Conurbano Bonaerense, donde unas cinco mil personas residen en medio de carencias, miseria e inseguridad.

Muy lejos de Rusia la San Petersburgo ofrece un panorama desolador en cuanto a cualquier indicador que se quiera mostrar. Nadie sabe que su verdadero nombre es Barrio 25 de Mayo. Todos la llaman la villa San Petersburgo, una de las tantas que existen en Isidro Casanova, partido de La Matanza, y donde unas cinco mil personas luchan día a día por sobrevivir en medio de la inseguridad y la violencia, pero, sobre todo, en medio de toda clase de carencias.

“Acá vivimos como ratas”, grafica María, quien gestiona un comedor comunitario en este barrio que surgió a principios de los años 80, cuando en plena dictadura miles de vecinos de villas de emergencia de la Capital fueron desalojados y obligados a instalarse en este lugar que en ese entonces era poco menos que un descampado.

Siempre fueron paupérrimas las condiciones de vida de los habitantes de “San Pete”, que debe su apodo a la calle sobre la que se ingresa a la villa, llamada San Petersburgo en el pasado y rebautizada como José I. Rucci hace unos años.

El tiro del final

Esa fatídica madrugada del 8 de abril de este año, “Coco” Silva Villafañe resolvió salir de “caño” , eligiendo el blanco de su accionar. Ninguna suerte tendría ya que al acercarse a la estación de servicios buscando un blanco fácil, no contó con que justamente esa noche el empleado recibía la visita del suegro que, además, era policía.

La casilla del playero se transformó en una escenario de una rápida y feroz balacera. El suboficial mayor  que presta servicio en la comisaría Tercera de la Matanza, Osvaldo Ramón Lamboglia resultó con heridas de gravedad y el delincuente muerto, después de una mortal carrera de 20 metros.

Lajus y una fuga frustrada

Un 21 de abril de 1935, se produjo el robo y muerte – en Puerto Santa Cruz – de dos empleados del  Banco Anglo, identificados como Donald Shuterland y Thomas Veitch Henderson, de 27 y 33 años respectivamente y un botín cuantioso que alcanzaba los 225.000 pesos moneda nacional.

El autor Emilio Gustavo Lajus, fue detenido luego de trabajosas investigaciones y alojado en la cárcel de Río Gallegos

Un 13 de agosto de 1936, aprovechando el tumulto del recreo penal reducen a un guardia amenazándolo con un cuchillo, – autor material de los asesinatos  -  y otro cómplice, se apoderan de una carabina.

Tras saltar el muro perimetral  de 2 metros de altos y siete hilos de alambrado emprenden la fuga por el antiguo cementerio ubicado en la parte trasera de la Unidad.

Han sorteado con éxito los primeros disparos que realiza el guardia ubicado en la garita del penal. Sin darse vuelta Emilio le dispara a un segundo guardia acertándole en la cara.

La fuga es desesperada entre las matas que pueblan la zona. El guardia Carlos Boisselier que había disparado al evadido recibe un balazo en el corazón disparado con el arma que portaba Lajus.

Sin embargo, el final se acerca, ya que un balazo de los guardias penitenciarios acierta en una de las piernas de Emilio, quebrándole el fémur.

Herido, imposibilitado de seguir y con una sola bala en su arma Lajús toma su última decisión: “apoyó la culata en el suelo y como pudo, sabiendo que le quedaba solo un proyectil, colocó su mentón en el caño. Con el pulgar buscó el gatillo, lo apretó…murió en el acto. Viendo esto Gabriel Tulián, el otro prófugo,  levantó sus manos y se rindió.”

La fuga peronista

Es la más conocida de todas. Para algunos una fuga épica, mientras que para otros ni más ni menos que una evasión acordada con fech, hora, e itinerario sabidos de antemano. Mucho se ha dicho y escrito sobre ello, pero lo cierto es que esa evasión registrada tuvo fuerte impacto político, más allá de lo periodístico.

Jorge Antonio, Héctor Cámpora, Guillermo Patricio Kelly, John William Cooke, José Espejo y Pedro Gomis, seis importantes dirigentes peronistas, lograron fugarse esa madrugada de la cárcel de Río Gallegos. Se trata de uno de los escapes más legendarios de la historia contemporánea argentina. Una trama de engaños, osadía, sobornos, picaresca, odios e intereses políticos cruzados.

Dio para películas, libros, documentales, etc y muchas veces se opacaron en la historia a protagonistas que mucho tuvieron que ver en la logística y preparación de la fuga, como la legendaria partera y luego escritora y periodista Perla de La Vega, entre otros.

Punta Arenas primero, Santiago de Chile, Caracas y otros puntos fueron el itinerario de los fugados. A algunos de quienes colaboraron recibieron cárcel con condenas firmes. Tambien la pasaron mal varios guardiacarceles, acusados de apoyar la fuga.

Huye el soldado Pereyra

La cárcel no sólo es cárcel para el preso, también para su carcelero. Al menos eso habrá pensado en la medianoche del 13 de enero de 1907 el soldado Juan Pereyra, destinado a prestar servicios en la Unidad 15, en los primeros años de la capital santacruceña.

Es por ello que optó, de acuerdo al juicio que con posterioridad se le llevó adelante emprender su fuga embriagándose en uno de los tantos bares que existían en Río Gallegos. Alertados de su ausencia varios soldados y dos cabos fueron en busca de él, lo cual despertó su ira.

Conducido al penal el soldado Pereyra logra quitarle a uno de los efectivos el rifle con bayoneta que portaba hiriendo al cabo Morán que trataba de quitarle el arma.

Dice el expediente de su juicio castrense que también busco herir con un arma quitada del pañol al sargento Ayala, a quien acusaba de todos sus males por no dejarle expresar sus quejas de malos tratos al Jefe del Regimiento con asiento en Río Gallegos que por entonces cumplía con las tareas de custodiar la cárcel de la ciudad.

Reducido, encarcelado y enjuiciado a partir del 28 de enero de 1907, el soldado Pereyra es finalmente condenado a mediados del año 1918, ya con 41 años de edad por tiempo transcurrido. En el desarrollo del mismo había sido sometido a una prisión preventiva rigurosa en el entonces Territorio de La Pampa.

Finalmente la fuga le resultó mucho más nociva que permanecer en la guardia de la leendaria U15, por entonces un barracón de madera que poco le envidiaba a un sector de corrales, cercano a lo que sería tiempo más tarde la planta del Frigorífico Swift.