Juan Hilarión Lenzi: su huella en el periodismo

Subió el último peldaño de la escalera del portaviones y se desplomó moribundo. Juan Hilarión Lenzi estaba a punto de cumplir un anhelo que lo había acompañado toda la vida y que precisamente se llevó su vida.
domingo, 8 de diciembre de 2019 · 21:11

* Mario Novack

Desde años gestionó y promovió el traslado de los restos del primer gobernador de Santa Cruz, Carlos María Moyano a la localidad de Puerto Santa Cruz, capital histórica de nuestra provincia.

Era un 29 de noviembre de mil novecientos setenta, en el mar a bordo del portaaviones 25 de Mayo y frente a las costas santacruceñas, esas que tantas veces recorrió Lenzi cuando comenzara su tempranero derrotero desde su Viedma natal a la provincia que ocuparía la mayor parte de su vida: Santa Cruz.

Lenzi es también historia aquí no sólo por su labor periodística, sino por su labor como funcionario público municipal y permanente hombre de consulta y hasta promotor de la Zona Franca que en 1918 había derogado el gobierno de Hipólito Irigoyen.

Dos años antes, en mayo Lenzi publicaría su primer artículo en un periódico político de Viedma-Carmen de Patagones. El mismo se llamaba “Educación y por lo extenso debió aparecer en tres números. Juan Hilarión Lenzi tenía 17 años.

Su llegada a nuestras tierras está relacionada con el contacto que Juan tenía con dos hidrólogos, ingenieros Debenedetti y Buitrago, a quienes conoció cuando ambos realizaban un estudio sobre el Río Negro y posteriormente se trasladaran a nuestra provincia con el fin de estudiar el Río Santa Cruz.

Corría el año 1918 y ante imposibilidad de trasladarse a Lago Argentino decide establecerse en Puerto Santa Cruz comenzando sus labores en el semanario “El Pueblo” de esa localidad. En sus editoriales reclama por el restablecimiento de las aduanas y embate contra esta errónea decisión del gobierno nacional que perjudica a Santa Cruz.

Escribe un extenso artículo con el seudónimo de Enotrio Argentino que fue sumamente comentado, sosteniendo algunos que había sido escrito por un médico, otros por algún abogado de Río Gallegos.

El año 1921 lo encontraría en Puerto San Julián, incorporándose al periódico “la Semana” que aparecía los sábados, dirigido por Juan Manuel Mouesca, convirtiéndolo en poco tiempo en el centro de opinión, además de un vehículo de noticias.

Dice Alberto Raúl Segovia en su biografía sobre Lenzi refiriéndose a estos acontecimientos “Vive en esos instantes en San Julián los acontecimientos sociales originados en el sector del Territorio de Santa Cruz. Los problemas portuarios de Buenos Aires fueron llevados a la costa patagónica. Todo el territorio muy pronto es un solo conflicto social. Las diferencias concretas no eran tantas, pero faltó elasticidad en las negociaciones y se confió excesivamente en la fuerza “.

Luego de ser cronista de los acontecimientos de Puerto San Julián, un año después comienza a colaborar desde Buenos Aires con el semanario “El Radical” de Río Gallegos, también dirigido por Juan Manuel Moesca.
En abril de 1923 llega a Río Gallegos, lugar que sería el escenario principal de su vida desde lo íntimo, familiar y personal. Aquí se casa, tiene sus cinco hijos y dirige y es propietario de varios diarios a lo largo de su vida.
Después de un breve paso por “El Heraldo del Sur” se incorpora a “El Nacional” y al cabo de dos años logra adquirir junto con su taller gráfico, en “el más desventurado negocio que pueda imaginarse, por las muchas deudas que hube de reconocer y pagar.”
Lucha desde su diario por la eficiente administración y la recta justicia. Esa actitud lo enajena con el gobernador y la otra le cuesta un proceso por desacato.
A batirse a duelo
En 1925 es desafiado por el ex gobernador Edelmiro Correa Falcón a batirse a duelo, por sus escritos, algo que finalmente no prospera. Queda para el registro histórico que no se ponían de acuerdo en cuanto a las armas a utilizar. Mientras que Correa Falcón pretendía utilizar el sable, Lenzi argumentaba una desventaja para él dado que no era tan conocedor de la esgrima.
Fue un prominente miembro de la masonería local, en la constituida Logia Rivadavia que contara con un gran poder político y social. Si bien el duelo físico no se realizó quedó para la posteridad el duelo verbal y gráfico entre dos personajes de la Santa Cruz de entonces.
En 1930 se asocia con dos vecinos de la ciudad y adquiere el diario “La Unión”, de tendencia conservadora, provocando un hecho inédito por entonces, ya que “La Unión” era matutino y “El Nacional” seguía apareciendo a la tarde.
Esta modalidad dura un año hasta que el 6 de junio de 1931, previo al Día del Periodista, aparece el último ejemplar de “El Nacional”, quedando únicamente “La Unión”, a la que Lenzi transforma en un medio federalista realizando giras y coberturas en todo el territorio santacruceño.
En su accionar social logra luego de mucho batallar que se instale una Usina Municipal que brindo el servicio de electricidad en nuestra ciudad, que anteriormente era generada por una empresa con altísimos costos para los vecinos.
Asimismo promovió la nacionalización de la Sala Hospitalaria que dependiendo de la administración municipal, no contaba con los suficientes recursos para cumplir eficientemente su objetivo. La iniciativa fue presentada por el Dr. Ernesto Sanmartino, diputado nacional que lo presentó en el Congreso logrando la sanción correspondiente.
También se desempeño como corresponsal de numerosos medios de la ciudad de Buenos Aires, entre ellos “La Prensa”, “La Nueva Provincia” de Bahía Blanca y “La Razón”, destacándose la primicia acerca del accidente aéreo del aviador alemán Gunther Pluschow.
Luego de la venta del diario “La Unión” se dedica a la publicación de una revista de la Sociedad Rural y encontrándose en Buenos Aires un vecino de nuestra ciudad , Próspero Suarez, le propone adquirir la maquinaria para un nuevo diario en Río Gallegos.
Así nace “La Mañana” medio periodístico que sería “su diario”, destacandose en la Patagonia por su calidad de realización y contenido. Paralelamente trabajaba como funcionario municipal, ocupando la Secretaría cargo que sucedía al del Presidente Comunal.
No le faltaron ocupaciones y preocupaciones a Lenzi como la orden de “secuestro de los ejemplares de sus diarios” dictada por el gobernador Juan Manuel Gregores. Era la iracunda respuesta luego que “La Mañana” publicara la información de la renuncia del mandatario a su cargo, cosa que iba a suceder y que Lenzi publicó como primicia.
Despedido por las autoridades militares de su cargo municipal en 1943 emprendió viaje a la ciudad de Buenos Aires donde se radicó trabajando en diversos medios periodísticos como “El Diario”, un periódico fundado en 1881 por Manuel Laínez.
Comienza su relación directa con el peronismo y sus líderes Juan Domingo Perón y Eva Duarte que lo tuvieron como hombre de consulta en temas relacionados con la Patagonia, algo que también haría Arturo Frondizi.
En alguna ocasión fue propuesto, a comienzos del primer gobierno peronista, como gobernador del Territorio de por parte de numerosos vecinos, algo que finalmente no se concretó y nuevamente fue impuesto un hombre foráneo y desconocedor de los problemas de Santa Cruz.
Pero este hombre – el coronel Rafael Lascalea – venía de ser Subsecretario de Informaciones y Prensa del peronismo y fue el propio Perón que inclinó la balanza a su favor. Lascalea sería recordado por enfrentarse a los zares de la prostitución aquí en Río Gallegos.
Tiempos de la “madama” Carmen “la Coca” Egues, dueña de las “casitas” desde Viedma a Ushuaia y propietaria de una línea aérea propia donde trasladaba a sus “pupilas”.
Juan Hilarión Lenzi fue periodista, escritor, historiador y entre sus obras se destacan muchas relacionadas con Santa Cruz, su geografía, potencialidades e historia. Se destacan las dedicadas a los ex mandatarios Edelmiro Mayer y Carlos María Moyano.
Su familia estaba preocupada por el estado de salud de Lenzi que, pese a ello, acepta la invitación cursada por el entonces gobernador Carlos Alberto Raynelli en la que le expresa “ el gobierno y pueblo de esta provincia se aprestan a testimoniar su reconocimiento y gratitud a cuyo efecto se dispuso la erección de un mausoleo-monumento donde descansarán sus restos” y añadió que “con el fin de dar el realce que corresponde tengo el honor de invitar a usted a pronunciar en dicho acto las palabras que su sentimiento de argentino y patagónico le dicten en homenaje a este ilustre marino y hombre público. Estimamos que su presencia y sus palabras autorizadas prestigiarán esta ceremonia que con tanto cariño hemos preparado.”
El esfuerzo físico fue demasiado para Juan Hilarión que no alcanzó a llegar a la cubierta del portaaviones desplomándose y falleciendo como consecuencia de una falla cardíaca. Concluiría de este modo la vida de una figura del periodismo santacruceño..
Precisamente esa inquietud de restituir los restos del capitán Carlos María Moyano a Puerto Santa Cruz fue la gestión que le costó la vida. Ya tenía problemas cardíacos y el esfuerzo hecho para llegar a la parte superior del portaviones le produjo el deceso.
Esto sucedió cuando se dirigió a cubierta para presenciar el despegue de los aviones que sobrevolarían Puerto Santa Cruz en el homenaje a Moyano, a la altura de Cabo Blanco en la zona de Puerto Deseado,
Irma Lenzi aún recuerda el día en que el capitán Marcos Oliva Day le transmitiera en forma telefónica la infausta noticia, producida en el mar en viaje a esa localidad que había sido la Capital Histórica del Territorio.
Ayer igual a hoy
En "Recuerdos de un Periodista”, que escribió en 1966 con motivo de cumplir sus cincuenta años al servicio del Sur, hace referencia a un episodio que por su contenido especial reproducimos.
El título del mismo es, “El affaire Aduanero” y dice “ se había formado en Río Gallegos una “entente cordiale” entre los altos funcionarios de la Aduana y los despachantes acreditados ante la misma.”
“El fisco era defraudado de común acuerdo, cuando no se obligaba a los exportadores e importadores a cargar más de lo debido…diferencia que no ingresaba a las arcas fiscales”.
“ Me informé muy circunstancialmente, sobre el modus operandi y, seguro de la verdad, la hice pública”
“ Aquello causó sensación. Mis aseveraciones eran incostestables. Se tambaleó la estructura a cuyo amparo se enriquecía un pequeño núcleo de personas”. Envié las publicaciones al Ministerio de Hacienda y diarios de Buenos Aires; alguno de ellos se hizo eco y exigió medidas.”
“Ante el cariz que tomaba el asunto, los aduaneros se movieron. Una noche un vecino vino a verme, ofreciéndome treinta mil pesos para que desistiese de mi campaña”.
“No puedo borrar con el codo, Secundino, lo que escribí con la mano, le dije, muy serenamente.”
“No se trata de borrar o enmendar, sino de callar – se replicó”
“ El mal está en que no he aprendido el oficio de mudo – dije, y concluímos”. Poco después comenzaría el desbande de los comprometidos.
Ejerció cargos públicos en distintas reparticiones, llegando incluso a ser Secretario de Asuntos Institucionales de Santa Fé.

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