Historias de Patagonia: Crimen de La Porfía: el fallo

“Mario…andate al Tribunal Oral y cubrí el caso de los peones de la Estancia “La Porfía”, creo que será un tema interesante”. Quien me daba la orden era Carlos Alvarado, por entonces Director de Noticias de Canal 9 de Río Gallegos. 
sábado, 21 de noviembre de 2020 · 19:55

*Mario Novack 

Yo había regresado a la ciudad después de una década de vivir en Buenos Aires, abocado a tareas gremiales en el Sindicato Argentino de Televisión. El caso me interesaba por mi origen rural, porque habiendo vivido y trabajado en el campo sabía que muchas veces ocurrían estas situaciones cuando un gesto inapropiado o una palabra mal dicha terminaban en un hecho de sangre. 

El Tribunal Oral Federal se ubicaba en la entonces Avenida Julio Argentino Roca, al inicio, frente a lo que ya eran las ruinas de la otrora poderosa Compañía Frigorífica Swift que dio vida y trabajo a numerosas localidades costeras de Santa Cruz. 

Y el siglo se iba terminando inexorablemente en ese año de mil novecientos noventa y nueve llevándose recuerdos de épocas idas y preanunciando nuevos desafíos para el tiempo que venía.  

Todo estaba dispuesto para el inicio del juicio con la habilitación del acceso a la prensa al recinto judicial.  El Dr. Edgardo Ortega como secretario del Tribunal era quien se relacionaba con los medios acreditados adelantando detalles de horarios y fechas.  

Los dos acusados tenían una estampa muy particular, difícil de olvidar. Gente sencilla, humilde, de pilchas impecablemente limpias. Victoriano Barrera más bajo con gruesos anteojos y un prolijo bigote. 

Laureano Montero más alto, corpulento de hablar llano y simple. Ambos conformaban ese dúo criollo equivalente a Danny Devito  y Arnold Schwarzenegger en Twins (Gemelos) éxito cinematográfico por aquellos tiempos.  

Pero volvamos al testimonio de Eduardo Díaz Razmilich, defensor de Montero, a la postre autor del disparo mortal en contra del jornalero Enoch Moncada. Casi 21 años después del juicio oral y público tuvimos la posibilidad de dialogar y dimensionar el hecho a lo largo del tiempo.  

  “El fiscal del caso, en San Julián por entonces era el Dr. Felipe Piedrabuena que trataba de encaminar todo hacia un homicidio simple, cuando nosotros junto con el defensor oficial perfilábamos la legítima defensa.” 

“La legítima defensa para ser considerada necesita que sea una reacción en contra de una agresión, es decir que haya sido agredido primero el que mata defendiéndose, además que esa reacción sea proporcionada y necesaria como también inmediata. Que no haya demasiado espacio entre la reacción y la agresión sino se rompe el vínculo causal y te dicen que tuviste tiempo de pensar si le pegabas o no, si le tirabas o no.” 

 

“El camino de la acusación iba para ese lado y lo ayudaba una circunstancia que el sector de la cocina, que era donde comenzó la pelea y el lugar donde Barrera tenía guardada su arma había 90 metros de distancia.  Entonces lo que querían probar era que en ese trayecto que Barrera hace hasta su habitación había tenido tiempo de reflexionar y encerrarse y no volver para matarlo.” 

“ A mi no me cerraba el tema. No sabía bien como había sido la cosa y no conocía el lugar, por eso pido la reconstrucción del hecho. Nos fuimos todos hasta la Estancia La Porfía donde había sido el lugar del hecho. Fuimos para allá la jueza en persona, personal del juzgado, el fiscal, los defensores, el secretario y una comitiva policial.” 

“Yo llevé una filmadora, porque hasta ese momento las reconstrucciones siempre se hacían con fotos, acompañando un acta donde se volcaba lo que el imputado o los testigos iban contando. Se sacaba una foto y se pasaba a la escena dos. Nueva foto y nuevo acta de los testimonios de los declarantes. Y eso en verdad te da una impresión más o menos parcial de lo que sucedió en verdad. 

“Y lo que perdés realmente es la noción del tiempo. En verdad cuanto tiempo pasa entre una cosa y la otra. Y otro elemento que perdés también es el entorno. Sobre todo si el fotógrafo enfoca a las personas y no registra lo que se vé a su alrededor. “ 

Entonces yo me llevé una filmadora, casera, de las que se usaban para filmar los chicos en los cumpleaños. Era para filmar la reconstrucción y ver en tiempo real lo acontecido. Solo para mí. Para mi carpeta ese el video. Yo no lo pensaba aportar en el juicio ni nada. Obviamente como era una cosa mía, particular no le dije nada a nadie. 

 Cuando activo la filmadora la jueza, la doctora Luisa Lutri, me detecta. Me mira con la filmadora en la mano y me dice “No voy a permitir la filmación en la reconstrucción”. “Y porque?  le digo yo…” 

“Porque no está ordenada en el expediente me responde. Yo lo miro al fiscal Piedrabuena y él me dice “yo no tengo problemas” hagan lo que quieran. Pero la jueza se cerró en la negativa. En el juicio yo cuento esta situación; que no me dejaron filmar. 

“Y es ese argumento que luego hice valer en el juicio, cuando el Fiscal Ricardo Camutti  acusa y pide condena diciendo que no había existido la legítima defensa. Entonces yo hago un simple cálculo de cuánto tarda una persona en recorrer noventa metros. Eran unos pocos segundos.” 

“Imaginate la corrida que habrá pegado Barrera que actuaba en legítima defensa, no suya, sino de su compañero que estaba siendo molido a garrotazos. Cuando hizo esto actuó en legítima defensa de un tercero. Obviamente también era legítima la defensa de Montero que le pega un solo tiro para evitarse otra paliza que no se sabía en que iba a terminar.” 

  “Nosotros fuimos por la absolución que finalmente fue el resultado. Y se demostró a partir de la agresión de Moncada, ya que Montero todavía tenía las cicatrices cuando lo detuvieron. Y porque era verosímil la situación, ya que al ser dos personas más grandes y en contrapartida  el muerto era un hombre joven y  corpulento .” 

 “Por otra parte incidió el testimonio del  patrón, Juan Bautista Zaccaría cuando destaca lo mucho que le insistió Moncada en que le dejara el arma, la pistola Bersa calibre 22, como un indicio que ya tenía una intención  premeditada de llevar a cabo la agresión.” 

 Después de cortar la comunicación con Eduardo Díaz Razmilich repaso algunos detalles del juicio, con esas imágenes que al periodista siempre le quedan grabadas. Cuando se dió a lectura el fallo del Tribunal Oral, llegando a su resolución final y escucharse la frase “quedan absueltos” los dos peones al mismo tiempo estiraron sus brazos esperando nuevamente las esposas en sus muñecas, sin entender que ya eran libres.  

Algunos comentarios divertidos en el Tribunal decían que quien casi se convierte en una nueva víctima habría sido el Dr Edgardo Ortega, quien llevó  a los peones a Puerto San Julián los 366 kilómetros de distancia escuchando cuartetos . 
 

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