Historias de Patagonia: La vida por diecisiete pesos

 “Oye Secundino, cuando vuelvas de Río Gallegos quiero que me traigas ese dulce de calafate que es muy rico”. El joven Secundino Cancelo López escucha el pedido de su madre y se imagina cumpliendo la misma ruta que recorre en los diez años como mozo del buque “Comodoro Rivadavia”.
sábado, 7 de noviembre de 2020 · 18:08

*Mario Novack 

 “Sí madre así lo haré y agregaré ruibarbo si es que hay en existencia”, responde con poco entusiasmo, no por fastidio sino por la preocupación nacida  en los últimos días. “Madre sabías tú que siguen las deportaciones con la maldita Ley de Residencias, esa norma que permite expulsar del país a quien reclame por salarios y derechos”.

 La mujer Antonia López y López, asiente con la cabeza y le confirma de varios conocidos que corrieron esa suerte en los últimos meses. “Si hasta el tango de Battistella han prohibido, porque se hace referencia a la lucha por los derechos laborales y se critican las deportaciones. Por suerte pude escucharlo en una fiesta del conventillo de la otra cuadra”.

El ruido en la puerta de la humilde vivienda anuncia la llegada del padre, Gabriel Cancelo Espiñeira que al igual que su madre había llegado al país desde España, en una oleada inmigratoria que poblaría los conventillos de españoles e italianos mayoritariamente.

Pese a sus años Gabriel sigue trabajando en el Mercado del Abasto, ese barrio donde reinaba el inigualable Carlos Gardel. “Hijo te he conseguido entradas para la actuación de Gardel, serán para el día 26 de este mes”, anuncia contento el padre.

Secundino se toma la cabeza y lamentándose le anuncia que no estará ese día. “Supongo que andaré a la altura de Comodoro Rivadavia o en algún lugar cercano. “Tienes un buen sueldo le dice su padre y estos diez años han sido difíciles para todos en la Argentina. No debes olvidar que acá llevamos tres años de dictadura, después del derrocamiento de Hipólito Irigoyen”.

Secundino, el mozo de buque asiente pensativo y responde que “no es mal salario, porque tiene incluído alojamiento y comida, vale decir el sueldo es libre”. A punto de irse a dormir después de la cena Secundino prepara meticulosamente el equipaje de su valija guardando los uniformes que llevará al buque.

Llega el día de la partida y muy temprano se despide de sus padres, emprendiendo el camino al viejo puerto donde se encuentra anclado y a la espera del zarpar el “Comodoro Rivadavia” embarcación que terminará su recorrido en Río Gallegos.

Al subir a la planchada repara en nuevos rostros que se integran a la tripulación. “Y el gallego Vázquez donde está ?”, pregunta preocupado. Un operario se acerca y le dice al oído “otro que le aplicaron la Ley de Residencia y lo expulsaron del país por reclamar”.

La poderosa Compañía  de Antonio M Delfino hace de las suyas al amparo de una legislación perversa que finalmente derogaría Arturo Frondizi, como presidente en el año 1958. Secundino maldice por lo bajo, pero asume que así están las cosas hoy en el país”

Le vuelve el recuerdo de la letra del tango de Mario Battistella, titulado “Al pié de la Santa Cruz”, todo un muestrario del atropello en contra de los abusos, la explotación y por ende las expulsiones del territorio argentino.

Declaran la huelga,

Hay hambre en las casas,

Es mucho el trabajo

Y poco el jornal;

Y en ese entrevero

De lucha sangrienta,

Se venga de un hombre

La ley patronal

Los viejos no saben

Que lo condenaron,

Pues miente, piadosa,

Su pobre mujer.

Quizás un milagro

Le llegue el indulto

Y vuelva en su casa

La dicha de ayer.

No estará para la presentación del “morocho del Abasto”, prevista para ese 26 de Junio. Pese a no poder ir, ha guardado las entradas que le regaló su padre como un recuerdo que lo emociona. Junio es un mes sumamente peligroso para la navegación en las latitudes australes, vientos, neviscas, granizo y un frío impiadoso reina en el sur.

El itinerario parece cumplirse sin alteraciones en la semana final del mes, solo interrumpidas por charlas sociales y cuando no, el reclamo laboral. El temporal arrecia y la tripulación adopta las medidas del caso.

Al otro día muy temprano se preguntan dónde estará Secundino, a quien no vieron en el buque luego del violento temporal.” Imposible hallarlo” dice el capitán. “Una vez llegados a Río Gallegos debemos notificar su desaparición, lo más probable es que se haya ahogado. Lógicamente debemos avisarles a sus padres”.

Meses después llega al modesto inquilinato un joven abogado preguntando por los padres de Secundino. “Es la tercera pieza” le dicen al recibirlo los vecinos también compungidos por la desaparición del mozo.

Gabriel Cancelo Espiñeira se asoma a la puerta. Los años se le han venido encima al español que solo atina a responder casi con monosílabos la requisitoria del letrado. “Vamos a demandar por accidente de trabajo dice el abogado”. Mi nombre es Jorge Cabrera y quisiera representarlos en esta demanda”.

La madre reconfirma todos los datos que le pide el asesor legal, respecto de cantidad de viajes, itinerarios, antigüedad, etc. “Todo lo que sirva para el reclamo. No tenemos que olvidar que enfrente tenemos una empresa muy poderosa, que no querrá hacerla fácil”.

Los padres asienten y firman la autorización de representación. “Vamos a pedir 6 mil pesos de

indemnización por la muerte de Secundino, dice el abogado y les recuerda que estén atentos a cualquier novedad.

Transcurren tres años y finalmente se conoce el 28 de febrero de 1936 el veredicto del reclamo interpuesto por los padres. El abogado se acerca y les dice en tono sombrío “la Cámara Federal de Buenos Aires, desestimó totalmente el reclamo de indemnización de los 6 mil pesos que habíamos pedido y solo hace lugar al reclamo por haberes adeudados. “Cuanto pagan ?, interrumpe la madre. “Solo los 17 pesos, pendientes del salario”, responde el letrado.

“Es una burla…y que alegan ..? Bueno, en principio que la compañía Delfino es únicamente Agente Marítimo y el vapor pertenece a otra empresa que es “La Argentina Compañía General de Navegación”, desligando a Delfino de toda responsabilidad”.

“Y lo que es peor, es que casi culpan a Secundino de su propia desaparición, porque dicen que su trabajo era en el comedor de segunda clase, por eso no se explica que podría estar haciendo para tener un  accidente en la cubierta del buque cuando arreció el temporal”.

  “Apelaremos señora dice el abogado. El padre interrumpe casi llorando “no hay justicia para los pobres, acá se tiran la pelota uno a otro y por lo que veo dicen que el poder que usted presentó era solamente para el cobro del seguro”

“Porque también levanta sospechas el cuidado que los jueces le dan a estas empresas. Lo que es peor, de la muerte o desaparición de mi hijo nada se dice en qué circunstancias, quien lo vió caer. Nada de nada. Tampoco es solidariamente responsable la agencia de viajes Delfino, por más que el dueño del vapor sea otro”, dice el padre cerrando el dialogo.

“Confiemos” dice el abogado Cabrera. Cualquier novedad prontamente se la daremos a conocer. Nos queda la esperanza de la Corte Suprema”. El vaivén en la cabeza del padre resultó premonitorio.

El 14 de agosto de 1936 se conoció la sentencia final desestimando el reclamo de los padres de Secundino. El motivo fundamental fue no cambiar al demandado, dicho más claramente demandar a los dueños del buque en lugar de AM Delfino agente de viajes, como responsable del accidente de trabajo.

Como en muchos casos sobrevolará la duda de si fue realmente impericia, desidia o cooptación para que el abogado de la familia Cancelo López tuviera esta actitud, dejando en la práctica, caer la acción de reclamo.

Un caso de 1933, sucedido en un viaje desde Buenos Aires a Río Gallegos nos refleja una conducta que no ha tenido grandes variaciones a lo largo del tiempo. Diecisiete pesos fue el pago para la vida del mozo Secundino Cancelo López, como accidente de trabajo.

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