Historias de Patagonia: La huella de los Lenzner

La alemana Sofía Schmidt había cruzado todo el Atlántico para llegar a la Argentina y el viaje desde Buenos Aires a Río Gallegos, a bordo del buque “Mendoza”, duraría casi tanto como su llegada de Europa.
sábado, 25 de abril de 2020 · 17:36

*Mario Novack

La espera su marido, un tal Pablo Lenzner, con quien pese a los cuestionamientos familiares se ha casado a los 23 años. Ella era hija del dueño de un Spa, o centro de descanso sanatorial propiedad del doctor Schmidt.

Hasta allí había llegado Pablo dispuesto a descansar y visitar familiares cuando terminaba el año mil novecientos diez.  El había emigrado a la Argentina hacía más de una década cumpliendo un derrotero que se iniciaría en Buenos Aires, pasando por colonias de la provincia de Córdoba, hasta recalar finalmente en la provincia de Santa Cruz.

Sofía Schmidt se sentiría rápidamente atraída `por este hombre casi cuarentón que llegaba curtido por los vientos de la estepa patagónica y decidieron en secreto sostener un compromiso de casamiento.

Sus padres tenían pensado un futuro de otras características para ella. No la habían criado y educado para que un aventurero se la llevara a los confines del mundo; pero contra el amor no hay razones que valgan y decide embarcarse hacia la Argentina.

 “Cincuenta hombres construyen una casa y una sola mujer hace de ella un hogar”, dice un viejo proverbio alemán y así lo demostró Sofía ni bien puso los pies en el campo que Pablo Lenzner poseía y que había adquirido sacrificadamente en años anteriores.

El establecimiento se denominaba “Librún”, estancia que llevaba el nombre de un  propietario anterior , un francés de apellido Le Brun. Mucho amor y mucha fortaleza debía tener esta mujer para superar los desafíos que la geografía le imponía. “

Además del viaje desde Hamburgo a Buenos Aires y desde allí a Río Gallegos, faltaban cruzar los tres ríos para finalmente llegar al campo de Lenzner. Por suerte se había inaugurado el servicio de balsa sobre el Río Gallegos.

Habían iniciado el viaje en un flamante sulky descapotado, armados con una botella de ron para combatir el frío. Tuvieron que pasar por el Río Coyle Sur con el agua llegando al asiento y luego de pernoctar en la Estancia Las Vegas, cruzaron el Coyle Norte, sin poder evitar quedar embarrados hasta las orejas”. Era un 1 de noviembre de mil novecientos once.

Así iniciaban su convivencia Pablo y Sofía, en la inmensidad de la estepa y otros nuevos episodios marcarían sus días. En el período comprendido entre 1900 y 1920 coincidió la expansión del ganado lanar en la Patagonia, con una demanda extraordinaria a nivel mundial, que no se volvió a repetir en la historia.

Basta recordar que todos los colchones de la humanidad fueron de lana - si no eran de paja o crin de caballo – hasta la mitad del siglo 20. Se dio una coyuntura muy favorable por la necesidad de lana: en Europa necesitaban mantas para la guerra que -  se sabía – estaba por estallar.

No existían los productos sintéticos que con el tiempo serían los principales competidores de la producción de lana y algodón.

Este mundo de trabajo y paz doméstica, se vió de pronto amenazado. En la primavera de 1920, se desataron hechos trágicos e inquietantes en la Patagonia. “ Las pretensiones de la Sociedad Obrera, según dieron a conocer en varios manifiestos eran justas y elementales: querían buena comida y buenas condiciones de higiene en sus viviendas”. En algunas estancias las tenían, pero en otras recibían un trato miserable.

El libro “Historias de Inmigración” de Lucía Galvez destaca los sucesos de las huelgas rurales en Santa Cruz y la postura de los Lenzner ante los conflictos. Destaca la figura de Antonio Soto y el trato amable que este tuvo cuando arengó a los peones de la estancia a sumarse a la huelga.

Recuerda también que allí fueron asistidos los policías heridos después de los enfrentamientos registrados en El Cerrito, en los últimos días de noviembre de 1920. Pablo Lenzner decidió viajar a Río Gallegos para aprovisionarse y a su regreso llegó acompañado por tres soldados y un cabo, pudo entrar en su estancia sin ver visto por los huelguistas.

Más de 20 años más tarde Lenzner recordaría la forma en que se preparaban para un eventual combate: “mi mujer, con un revolver se ofreció relevar  al guardia que estaba apostado frente al galpón; acomodamos a los chicos en el suelo y pusimos colchones para amortiguar el impacto de los balazos a través de las delgadas paredes de la casa, pero todo resultó una falsa alarma. Al día siguiente al revisar los alrededores, ya no quedaba nadie más en las cercanías”.

Luego de aclarar que él no tuvo participación en el tremendo y sangriento episodio en la zona de Lago Argentino, Lenzner concluye: “la rebelión fue aplastada brutalmente por los uniformados en muy poco tiempo y años más tarde el teniente coronel Varela fue a su vez víctima de un atentado a manos del anarquista alemán Kurt Gustav Wilckens”.

El 1 de febrero de 1822 el diputado socialista Antonio De Tomasso citó en el Congreso de la Nación unas palabras de Pablo Lenzner que no dejaban muy bien parado al Ejercito: “un fuerte hacendado , el señor Lessner (sic) - dijo – rogaba a las autoridades en Río Gallegos que retiraran de su establecimiento a los soldados de la Gendarmería, por cuanto al amparo del uniforme cometían toda clase de hechos delictuosos.

  Luego de habitar en la provincia de Santa Cruz, los Lenzner adquirieron en la zona de Sierra de la Ventana un establecimiento de unas tres mil hectáreas y con posterioridad otro en la zona de Azul. Durante el invierno vivían en una casa de Belgrano.

  La cita histórica ubica a Pablo Lenzner como uno de los directivos de la denominada Liga Patriótica Argentina en Santa Cruz que, paradójicamente, no contaba con ningún ciudadano argentino en su junta directiva. Ver.. https://patbrit.org/bil/socrrl/lpa1922.htm

Un recordatorio de época

Una semblanza de Los antiguos pobladores del Territorio, publicado en 1924, lo recuerda de este modo:  “Nació en Lauchstedt, Sajonia (Alemania) en el año 1871. Vino al país en 1892 y después de un breve período de observación y estudio, resolvió instalarse con una chacra en Canals (Córdoba), en la cual trabajó hasta 1896. La suerte le había sido adversa, pues todos sus esfuerzos se estrellaban contra la plaga que constituían para esas tierras las continuas mangas de langosta que periódicamente iban a asentarse sobre los cultivos, asolando éstos y a la par matando las esperanzas que los agricultores se habían forjado ante el magnífico estado de sus sementeras.

En 1897 don Pablo Lenzner decidióse a probar fortuna en otra región del país y a ese objeto se dirigió a Río Gallegos, pues había oído hablar de las perspectivas que ofrecía la Patagonia a los hombres de buena voluntad que en ella se establecieran.

Primeramente trabajó para los señores Kark y Osenbrüg en la estancia "Markatch-Aike". En 1898 fue designado administrador de la estancia "El Chingólo", que entonces pertenecía a la firma Bacca, Lanús y Cía., desempeñando ese cargo hasta 1903, en que resolvió trabajar por su cuenta poblando los campos de la actual estancia "Librun" con animales que en su mayoría compró al señor Miguel Grigera, otro antiguo poblador del territorio. Posteriormente los señores Braun y Blanchard se asociaron al señor Lenzner, aportando el campo y los animales que habían pertenecido a don Luis Fabre.

Recuerda don Pablo Lenzner que en el invierno de 1899, uno de los más fuertes que se han sentido en el Sud, como faltase sarnífugo en "El Chingólo" y el estado de los animales exigiese un baño inmediato, tuvo que trasladarse a Gallegos a caballo y acompañado por un indio baqueano, para procurarse el específico que se necesitaba en la estancia. El viaje de ida no ofreció otros inconvenientes que el frío intensísimo que se sentía y lo difícil que era orientarse sobre la capa de hielo y nieve que cubría los campos en todo el trayecto. El regreso, con carga, era ya cuestión que requería estudio especial y sobre todo mucha audacia y decisión.

Don Pablo Lenzner, al efecto, construyó un trineo, se procuró perros y cuando éstos estuvieron discretamente amaestrados, cargó ocho cajones de sarnífugo en su vehículo y se lanzó en dirección a la estancia. Cinco días debía durar el azaroso viaje de sólo 34 leguas; pero fueron cinco jornadas cuyo recuerdo no se borra aún de la memoria del que tuvo que pasarlas. Pero, Lenzner llegó a "El Chingólo" con el específico y salvó las ovejas de sus patrones.

Hombres de ese temple son los que necesitan las tierras aun desiertas de nuestro territorio, Fuente: «La Patagonia Argentina»,

pp.133-134

 

Por las huellas del bisabuelo

Un bisnieto de Pablo, se trata de Javier Lenzner Salvat, se aventuró en un recorrido a caballo desde la Patagonia Norte, en San Carlos de Bariloche hasta llegar a la estancia de su bisabuelo, ubicada en la zona de La Esperanza, viajando de a tramos de 40 kilómetros diarios.

Criado en la provincia de Buenos Aires, pero en una zona de campo, Lenzner conoce de chico algo de esta vida, eso también lo estimuló a no abandonar la patriada en la que se había embarcado.

Entonces, también se había propuesto trabajar en la esquila, lo cual pudo hacer cuando el 7 de mayo llegó a la estancia que compró su bisabuelo hace más de cien años, para luego trabajar como peón de su primo, quien se encuentra a cargo del lugar.

Pero durante todo su recorrido, Javier pasó por varios desafíos: del calor al viento saturante; de la abundante agua a la escasez. Además, atravesó noches y noches a la sombra de su propia intimidad, junto a las estrellas y caballos. Y encontró mucha paz, posible de advertir con sólo escuchar su relato. “Enriquecerme humanamente”, dijo que era lo que pretendía con este viaje y conocer el país de una manera totalmente distinta. Vaya si no lo acaba de lograr.

Aunque quedan cosas en el medio para seguir contando, como que en la historia de sus familiares se encuentran también vivencias de las Huelgas Obreras del 21, Javier Lenzner posiblemente cuente algún día esta experiencia sin igual, pues porque escribió en un diario personal cada cosa con la que se fue encontrando.

  En el año 2008 reeditó parte de la experiencia vivida por sus ancestros que poblaron esta región, y lo hizo con dos caballos que luego ofreció a la venta en la zona de Guer Aike.

  El año pasado Javier Lenzner Salvat publicó un libro titulado “Metamorfosis”, cinco años de viaje por Sudamérica donde relata sus vivencias de recorrido continental.

  Javier nació en 1982 en Bs. As, Argentina. Vivió su infancia en un campo en Azul, Argentina, y luego completó la escuela secundaria en Bonn, Alemania.

Estudió Administración de Empresas en Los Ángeles, Estados Unidos. Luego realizó su viaje por Sudamérica y algún tiempo después se radicó en Brasil, donde formó su propia familia y vive hasta el día de hoy. Además de dar conferencias sobre sus experiencias de viaje, estudió y se recibió como Coach, atendiendo durante 5 años clientes de todo el mundo.

Hoy actúa como Trainer facilitando el aprendizaje, atendiendo grupos de personas en el mundo corporativo para fomentar su autoconocimiento y que logren cambios de comportamiento que los tornen seres más conscientes de sí, de sus fortalezas y sobre todo, seres más humanos.

Vive más que nunca su propósito que es: “Servir a la humanidad para que haya más personas felices y realizadas en el mundo”.