Historias de Patagonia: La rebelión de los balleneros argentinos

Ese enero de mil novecientos veinte sería distinto en nuestro país y en el lejano territorio de las Islas Georgias, cuando los obreros tomaron el control de la misma durante diez días, al declarar la huelga en demanda de mejoras salariales y condiciones dignas de trabajo.
sábado, 9 de mayo de 2020 · 19:24

*Mario Novack

La medida la iniciaron una treintena de obreros argentinos, reclutados en el barrio de la Boca en Buenos Aires, por la C.A.P., Compañía de Pesca Argentina, que reciente habían formado los más acaudalados empresarios y terratenientes argentinos.

El interés argentino, nos indica Pablo Fontana Doctor en Historia, historiador y funcionario del Instituto Antártico Argentino, surge luego del regreso del capitán noruego Carl Anton Larsen al ser rescatado por la Corbeta Uruguay en la Isla Marambio.

La Compañía Argentina de Pesca fue fundada por el ballenero y explorador antártico noruego Carl Anton Larsen y establecida el 29 de febrero de 1904 por dos residentes extranjeros en Buenos Aires: el cónsul noruego Pedro Christophersen, el estadounidense H.H. Schlieper y el banquero argentino Ernesto Tornquist.

Larsen era el gerente de la compañía y fue él quien organizó la construcción de Grytviken, la primera estación ballenera basada en la Antártida fue puesta en operación el 24 de diciembre de 1904.

 

Ernesto Tornquist, fundador de la CAP.

Larsen había visitado previamente las islas en 1893 al mando de dos barcos balleneros y en 1902 a bordo del Antartic comprobó que Grytviken (nombre dado por él) en la bahía Cumberland era un buen lugar para la operación ballenera, dado que había muchos ejemplares en la región y el puerto de Grytviken era seguro, además de que la isla San Pedro tenía abundante agua dulce.

​ Luego de que el Antartic se hundiera y Larsen fuera rescatado por la corbeta ARA Uruguay, permaneció en Buenos Aires iniciando una campaña publicitaria para atraer capitales argentinos con el objeto de crear una compañía de pesca, la que se constituyó con un capital de 200.000 pesos fuertes, el ballenero a vapor Fortuna y los veleros Louise y Rolf.

Larsen viajó a las islas con los buques Fortuna, Louise y Rolf de bandera argentina y matriculados en Buenos Aires, y el 16 de noviembre de 1904 con un contingente de unas 30 personas comenzó la construcción de la factoría ballenera de Grytviken, siendo la primera ocupación permanente de las islas, que se hallaban despobladas.

 Al mando del teniente de navío Alfredo P. Lamas, el buque transporte argentino ARA Guardia Nacional llegó a la bahía Cumberland el 1 de febrero de 1905, descargando pertrechos y 1.000 toneladas de carbón durante dos semanas, prestando apoyo a la construcción de la factoría y zarpando de regreso el 30 de junio, luego de realizar diversas tareas en las islas.​

En diciembre comenzaron a cazar ballenas, logrando capturar 195 en la primera temporada. En enero de 1905 el Ministerio de Agricultura de la República Argentina autorizó a la Compañía Argentina de Pesca a establecer una estación meteorológica y magnética en Grytviken, que comenzó sus observaciones el 17 de enero y que mantuvo su operación hasta 1950 cuando el Reino Unido la desalojó y la entregó en Montevideo.

Pablo Fontana nos comenta extensamente como nació y se propagó el conflicto en la Isla y sus instalaciones balleneras. De una treintena de obreros argentinos surge la reivindicación que luego se fue extendiendo a otras plantas procesadoras de aceite de ballena.

Recordemos que ese año 1920 ya estaba atravesado por los conflictos laborales que se habían originado en la denominada “Rebelión de los Braceros”, en las pampas argentinas con similares reivindicaciones.

La ideología predominante era el anarquismo y el anarco-sindicalismo, por eso no llamó la atención que ante la paupérrima condición laboral, la huelga se iniciara rápidamente. Durante una quincena los obreros fueron dueños de las plantas establecidas en la Isla.

Algo similar acontecería en Puerto Natales, donde el poblado llegó a estar en poder de los obreros. El Dr. Fontana tomó conocimiento de esa historia en el año 2013 y se dispuso a investigar a fondo.

Llegar a los nombres de los balleneros argentinos no es tarea fácil y su labor, nos dice, es avanzar en archivos noruegos de donde proviene la mayor parte de la información.

Reivindicación sorprendente.

En el pliego de reclamos de los huelguistas existe una que llama poderosamente la atención en nuestros días: se trata del pedido de pago de los salarios en dinero argentino, algo que seguramente no ocurriría, dado el acelerado proceso de devaluación de nuestra moneda.

De las luchas libradas por los obreros patagónicos, en las primeras décadas del siglo XX, existen testimonios y literatura que aportaron a su conocimiento. Pero, hasta ahora se ignoraba lo ocurrido, en esa misma época, en Grytviken.

 

Pablo Fontana publicó recientemente un libro que aborda la pugna de las grandes potencias y la política de Argentina y Chile en la Antártida, entre 1939 y 1959. En un capítulo de ese trabajo, el investigador del Conicet dio detalles de la ignorada sublevación obrera ocurrida en las Georgias.

“A principios de 1920 en Grytviken, a poco más de dos años de la Revolución de Octubre en Rusia, un grupo de treinta y seis trabajadores contratados en Buenos Aires organizó una huelga en la que se sumaron doscientos trabajadores del lugar, salvo tres a los que se consideró expulsar de la isla. Los huelguistas amenazaron con atacar a las autoridades británicas y declarándose bolcheviques intentaron instaurar un gobierno siguiendo el modelo soviético bajo ideales marxistas además de plantearse como objetivo la organización de todos los trabajadores balleneros del mundo. Los revolucionarios lograron hacerse del poder en la isla…” .

El historiador amplió los detalles de lo ocurrido: “Esa historia es impresionante y se sabe poco de ella. Solicité documentos al archivo histórico en Puerto Argentino, donde se explica que el conflicto” con la CAP “se originó porque los trabajadores exigían que les pagaran en moneda argentina, entre otras mejoras. Al no recibir respuesta, decidieron nada menos que tomar el poder en la isla, declarándose “bolcheviques”, y proclamaron “la primera república socialista fuera de Rusia”.

Tomar el poder en ese contexto para los 200 trabajadores no debe haber sido muy difícil. Allí había un gerente noruego y una autoridad británica –una suerte de juez de paz– quienes dejaron testimonio de haberse asustado mucho cuando los trabajadores se pusieron violentos al no recibir respuestas. El poder lo tuvieron por unos diez días, hasta que llegó por casualidad un crucero de guerra británico…” 

El 17 de enero de 1920, “el crucero británico HMS Dartmounth comandado por el capitán H.W.W. Hope arribó a Grytviken y envió un grupo de marinos armados bajo el mando del teniente Moon que reprimió y desarmó a los trabajadores. Los líderes de esta pequeña revolución comunista fueron expulsados el día 21 en dos arponeros a territorio continental argentino. Los trabajadores de las Georgias del Sur quizás con la experiencia de la “Semana Trágica” de enero de 1919, fueron de esta forma la vanguardia desconocida que se adelantó a los eventos de la Patagonia Rebelde” 

Fontana constató que luego de haber sofocado la rebelión “los líderes fueron expulsados a Buenos Aires. No existe información clara sobre quienes fueron” ; como tampoco sobre la represión y las consecuencias que pudieron sufrir al llegar al país.

El joven historiador procura avanzar sobre esos detalles ocultos: “Contacté a historiadores noruegos de la industria ballenera que me van a facilitar los nombres de aquellos huelguistas, a ver si alguno tuvo participación en las luchas obreras del continente y si existe relación entre los tres episodios (La Patagonia Rebelde, la Semana Trágica y la sublevación en Georgias)” .

Más allá de lograr estas precisiones, la revelación permite mensurar la magnitud de la rebeldía obrera existente, que llegó a manifestarse hasta en las puertas de la Antártida.

Agradecemos a Pablo Fontana por la riqueza de los datos que volcara en la entrevista que realizáramos y también suministrarnos material fotográfico, producto de su investigación y publicación editorial.