Historias de Patagonia: Los tiempos del 38

En tiempos del 38, se titula la semblanza que el docente y periodista Martín Gilberto  Balbuena elaboró para su publicación en el diario “La Opinión Austral” de nuestra ciudad.
sábado, 20 de junio de 2020 · 19:26

*Mario Novack

Ese año mil novecientos treinta y ocho fue sumamente convulsionado en el mundo, con la aparición del nazismo y su persecución a los judíos y posterior invasión y anexión de Austria. El mundo empezaba a conocer a una de sus peores pesadillas que asomaría transformándose en la Segunda Guerra Mundial.

  Si de guerras se tratara, se libraba en España en ese año la más decisiva de todas las batallas. La del Ebro, que signaría el fin del gobierno republicano y la aparición del franquismo con una férrea dictadura que se prolongó hasta la muerte del generalísimo Francisco Franco.

Dos jóvenes radicados en Santa Cruz dejaron sus vidas en ese enfrentamiento. Uno, José Antonio Sánchez Iglesias, reclutado para la Cruz Roja franquista, cuando se encontraba estudiando medicina en España.

  El otro, Corsino Vega Gutiérrez residente en San Julián, trabajador en La Anónima y amigo de toda la vida de Ramón Vilaboa, aquel telegrafista que recibiera una triste noche de agosto del 38, la noticia de la muerte de su amigo en la batalla de Teruel.

La recibió y masticó su pena con el telegrama en la mano y cumpliendo con su trabajo de telegrafista en el correo y como amigo de la familia, concurrió a comunicarles la infausta noticia. Corsino había marchado eligiendo luchar por la república, en contra del fascismo.

En nuestro país, ese año contaba con la asunción del presidente Roberto Ortiz, un médico de corte conservador que debió alejarse de la primera magistratura por una ceguera que lo afectó seriamente hasta provocar su deceso.

También ese año la Asociación del Futbol Argentino tomaría la decisión de no participar del mundial de Francia, en repudio a la FIFA por haber rechazado la postulación argentina para ser anfitriona y sede del certamen, algo que recién se concretaría en 1978.

Y en Santa Cruz pasarían otras cosas, ya que en 1921, mediante decreto nacional, se crearon diversos pueblos y colonias, entre los que se encontraba la colonia Leandro N. Alem (al noroeste de la provincia ), dentro de la cual en 1938 se creó la colonia mixta de Los Antiguos, de 8.300 hectáreas de extensión. El nombre de esta colonia se debió a la expresión tehuelche I-Keu-khon, cuyo significado (“lugar de ancianos”) remitía a este lugar como un espacio sagrado para los ancianos tehuelches.

Martín Gilberto Balbuena, dejó una huella marcada durante su estadía en Río Gallegos, como docente y locutor de la emisora LU12, en la que estuvo realizando su actividad en la radio recientemente puesta en funcionamiento.

Su llegada se concretaba un 21 de marzo, fecha exacta del inicio del otoño y así lo describía ..” mis tiempos del 38 en Río Gallegos  comienzan luego de una operación desembarco desde el legendario “José Menéndez”, cuya imponente estructura quedó apaciblemente anclada en medio de la ría”.

“Eran tiempos del 38, en los que la llegada de un barco era casi un acontecimiento de orden social. En la playa se vivían entonces momentos de euforia, de incontenida alegría, con profusión de abrazos, besos, entremezclados a veces con furtivas lágrimas que no podían reprimirse ante la emoción de un reencuentro muy especial.”

“Es que la llegada de un barco en cierta manera conmocionaba la monotonía con que transcurría la vida en el pueblo y constituía algo que se esperaba con particular interés, no sólo por quienes debían viajar, sino por lo que significaba como portador de tantas cosas esperadas: las encomiendas de todo tipo que enviaban los familiares; los pedidos que se habían hecho a La Piedad, Harrods, La Imperial, Las Filipinas y Gath y Chaves.

“Los diarios y revistas que llegaban con quince o más días de atraso y que en igual cantidad inundaban a los suscriptores; la concreción de las órdenes de compra del comercio en general, lo que hacía que en la playa fueran apareciendo caños, chapas, maderas, muebles, cajones de todo tamaño y bolsas, jaulas y esqueletos, conteniendo frutas y verduras, las que en forma manifiesta incidían por unos días en dar un toque diferente a la habitual dieta alimentaria.”

Se torna interesante la descripción, ya que paulatinamente ese paisaje ribereño con sus transportes fue modificándose, hasta desaparecer, no sólo por la construcción del muelle de Punta Loyola y la privatización de la entonces estatal Yacimientos Carboníferos Fiscales.

La postal pueblerina descripta por Balbuena recorre imágenes del teatro, el comercio, los entretenimientos de antaño como jugar en el lecho helado de las lagunas. En este caso sostiene que “al llegar el invierno surgía siempre una “vedette” : María La Gorda, laguna que permitía practicar el único deporte de invierno posible: el patinaje sobre hielo. Era todo un regocijo, pues quedaba así la superficie como un verdadero espejo. Inolvidables eran las noches en que se patinaba bajo la pálida luz de la luna llena o iluminados por los faros de los automóviles estacionados en la orilla.

Esta semblanza nos entrega una perla de la historia del periodismo de Río Gallegos, pues en ese marzo del 38 se habilitó en forma experimental la transmisión de LU12, por entonces propiedad de la compañía “La Anónima”. Cuando se produjo el correspondiente llamado a concurso el propio Martín Balbuena desplazaría otro postulante a locutor. Se trataba ni más ni menos que de Alberto Raúl Segovia, con posterioridad el hombre que durante décadas dominaría un grupo comunicacional constituído como un verdadero polo de poder en nuestro medio.

A continuación destaca la personalidad de Juan Manuel Gregores, quien fuera gobernador del entonces Territorio Nacional de Santa Cruz, sus medidas de austeridad y el compromiso por buscar que el Río Santa Cruz sea una buena vía navegable. Numerosas e incontables fueron sus intentos, algunas veces tomando modelos insólitos. “Gregores, dice Balbuena, se había impuesto la decisión de domar al río llegando en esa porfía a idear la más extraña de las embarcaciones, a la que adaptó un tipo de motor sobre cubierta con hélice tipo avión, similar a las que se utilizan en Miami, para navegar las regiones pantanosas, pero todo fue inútil, pese a que en algunas oportunidades expuso su vida en este fallido intento. Es que Gregores no tuvo

 en cuenta que este arisco, torrentoso e indomable río Santa Cruz, tiene por padres las colosales paredes de los más imponentes glaciares del mundo”.

Otras importantes acciones que destacan a Gregores, es haber habilitado un aserradero en la zona de Lago Argentino, para proveer de madera que luego fue utilizada para construir una serie de viviendas económicas en la avenida San Martín, frente al hospital.

“En su afán de que no quedaran aisladas las poblaciones del interior durante el invierno, junto con otro valiente, el temerario avidor Norberto Fernández hijo, inauguró un servicio que acertadamente denominó “chasqui aéreo”, con un avión Laté 25, radiado de servicio de la pionera Aeroposta Argentina y que un invierno con otro valiente, el doctor Pablo Borrelli padre, llevó el auxilio sanitario necesario, que permitió conjurar un brote epidémico en una población del interior.”

Otro de los datos llamativos es la duración del período escolar, tratando de pelearle al frío reinante en las escuelas de la provincia, con las clases que comenzaban indefectiblemente el primer día hábil de septiembre y finalizaban simultáneamente con el acto celebratorio del 25 de mayo, existiendo un asueto especie de vacaciones de verano, desde Navidad hasta las festividades de Reyes Magos. Sólo existían cuatro establecimientos educativos: la Uno, la Veintitrés, los Salesianos y María Auxiliadora”.

Hay algo que se repite desde esa época al presente y es el monopolio comercial del grupo La Anónima, tal como claramente lo destaca Balbuena, cuando  cita “el comercio pese a estar casi monopolizado por “La Anónima” , dejaba margen para que operaran Casa Adrover, Casa Tanarro, almacenes de Gallardo y Calo, tiendas Blanco y Negro y Alegre y Casa Méndez”

Este pintoresco recorrido nos deposita en el ejercicio de la prensa y como se ejercía el periodismo en esas épocas. Existían los diarios “La Mañana”, “La Unión” y “El Heraldo del Sur”.

Párrafo aparte, sostiene Balbuena, merecen los noticieros conformados por informaciones nacionales, del exterior y por último y como plato fuerte las esperadas noticias locales. Para las nacionales y las del exterior, era imprescindible correrse el domingo por la noche hasta los hoteles “Argentino” o “París”, donde se alojaban los pilotos de la Aeroposta y conseguir el diario “Clarín”, que era el único que aparecía en Buenos Aires antes de la partida del avión. Conseguido el diario, comenzaba la “operación tijera” que consistía en ir cortando noticias para los siete días subsiguientes. Con las noticias locales que eran las que se esperaban con gran avidez, no había mayores problemas, pues se contaba con la averiguación propia y siempre estaban a mano las publicaciones locales, para decir los mismo pero en forma diferente”.

Gilberto Martín Balbuena no sólo ejerció la locución y el periodismo, también la docencia donde se lo recuerda como personal directivo en la escuela Nº 1, hacia el año 1944, y en el año 1968, ocupaba el cargo de Subsecretario de Educación y Cultura.  La modificación del  Régimen de licencias, permisos y justificaciones para el personal docente, contenido en la Resolución 971 así lo testimonia. Dicho instrumento legal fue suscripto por el Dr. Pablo Felipe Borrelli padre y el propio Gilberto Martín Balbuena.

En esta oportunidad hemos querido destacar el paso de un hombre de la enseñanza y la comunicación que nos legó un testimonio sumamente interesante de los acontecimientos de esos tiempos del treinta y ocho. Agradecimiento especial a Alejandra Borrelli y  Raúl Peralta quien nos facilitó el material  periodístico para la concreción del artículo.