Historias de Patagonia: La muerte del gobernador Carnaghi

“La cosa viene complicada Liri, parece que no hay sobrevivientes”. De este modo Alberto Raúl Segovia, propietario del multimedio LU 12 y La Opinión Austral informa al jefe de redacción y principal colaborador Justo Germinal Lerena sobre el curso de los acontecimientos.
domingo, 20 de junio de 2021 · 01:04

*Mario Novack 

Han pasado pocas horas de ese 7 de agosto de 1977 desde la desaparición del avión Twin Otter de Líneas Aéreas del Estado donde viajaba de regreso a Río Gallegos el gobernador Ulderico Antonio Carnaghi. El mandatario de facto volvía en compañía de su esposa luego de haber asistido a una nueva edición de la Fiesta Nacional de la Nieve en San Carlos de Bariloche, ese 7 de agosto de 1977.

Lerena, un hombre que desempeñó la mayor parte de su vida la labor en el multimedios era un hombre orquesta. Podía desempeñarse como locutor, redactor o simplemente sentarse a escribir en las viejas linotipos las letras que en moldes de plomo quedaban grabadas para ser impresas con la edición del matutino decano.

“Así es don Raúl, será minuto a minuto nuestra cobertura en la radio con la información que nos pase la Fuerza Aérea y también la Casa de Gobierno”, asiente Lerena. En verdad resultaron ser varios días hasta la confirmación del hallazgo del avión.

Muy cerca de allí, en el viejo Colegio Nacional Miguel Auzoberría, por entonces cursando el tercer año del secundario, seguía con sumo interés la evolución de las noticias. “Parece que lo encontraron estrellado contra un cerro al avión del gobernador” comenta Miguel a sus compañeros Héctor “Negro” López y Héctor “Cacho” Barabino. 

 “Se supone que tienen que dar asueto y no dictar clases”, dice entusiasmado. Miguel no supondría que años más tarde – cuarenta y tres para ser más exactos – una de las nietas gemelas del gobernador fallecido llamada Malen Otaño, lo contactará para recabar información acerca de su abuelo gobernador.

En la capital santacruceña la noticia fue muy impactante. En ese frío mes de agosto los restos de las víctimas del accidente aéreo fueron veladas en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno Provincial y acompañadas por un imponente cortejo fúnebre.
Ulderico Antonio Carnaghi, que había nacido el “Día de los Inocentes”, un 28 de diciembre de 1925 en la ciudad de Mar del Plata,  ingresó a la Escuela de Aviación Militar en 1943, egresando como alférez de la Fuerza Aérea Argentina el  17 de diciembre de 1946. 

Había contraído matrimonio con Angélica Felder Begonia Miren, producto del cual nacieron cinco hijos: José Luis, el 10 de octubre de 1950, Guillermo Oscar el 18 de octubre de 1952, María Angélica el 15 de octubre de 1953; María Teresa el 13 de enero de 1958 y Mariana el 9 de abril de 1962.

A lo largo de su carrera militar, fue presidente de la comisión del Círculo de Oficiales de Aeronáutica y en 1960 fue designado subdirector del Centro de Instrucción Profesional de Aeronáutica. Fue agregado aeronáutico en la embajada de Argentina en Brasil y luego cumplió funciones en el Estado Mayor y en la Dirección General del Personal de Aeronáutica. Alcanzó el grado de comodoro y fue director de Administración de Personal.

Pasó a retiro en 1969, siendo desde ese año hasta 1973 gerente del Banco Ciudad de Buenos Aires. Luego fue presidente de la unión de cooperativas de viviendas del personal de la Fuerza Aérea.

En abril de 1976, semanas después del golpe de Estado del 24 de marzo, fue designado gobernador de facto de la provincia de Santa Cruz por la Junta Militar. En enero de 1977 suscribió un acuerdo con la empresa estatal Agua y Energía Eléctrica para llevar a cabo estudios de prefactibilidad para el aprovechamiento hidroeléctrico del río Santa Cruz.

Durante su gestión, a poco de asumido se puso en vigencia la Ley 1031, de “Prescindibilidad de Agentes de la Administración Pública Provincial en sus tres poderes. Demás está citar que la gran mayoría de los cesanteados pertenecía o simpatizaba con el gobierno anterior, de signo peronista.

Con el retorno de la democracia, en 1983, la Cámara de Diputados de la provincia sanciona el 12 de enero de 1984 la ley 1595, de Revisión DE CESANTIAS Y EXONERACIONES PRODUCIDAS ENTRE EL 24 DE MARZO DE 1976 Y EL 10 DE DICIEMBRE DE 1983 EN LA ADMINISTRACION PUBLICA PROVINCIAL

Río Gallegos vivía en una relativa calma los acontecimientos relacionados con las detenciones y desapariciones producidas por entonces en la mayor parte del país. Sin embargo el trabajo de realizado por el periodista Ricardo Villagra en su investigación denominado “Desaparecidos en Santa Cruz” confirma la existencia de tres casos.

El primero de ellos se produce el 1º  febrero de 1977 cuando desaparece en Río Gallegos Juan José Antúnez un conscripto que cumplía con el Servicio Militar Obligatorio en nuestra ciudad.

También en febrero del mismo año, se registra la desaparición de otro conscripto llamado Héctor Manuel Irastorza cuando éste viajaba entre Puerto Deseado y Comodoro Rivadavia. 

Finalmente, en los primeros días de agosto de 1977 desaparece en nuestra capital,  Pedro Serrano Llorente un carpintero que fue detenido por efectivos de la Policía Federal.

Al asumir, la Junta Militar había hecho un reparto de provincias para que sean gobernadas por integrantes de cada una de las fuerzas. A la Fuerza Aérea le tocó Santa Cruz con Carnaghi primero y Antonio Diego López cerrando el ciclo cuando llegaba la democracia a fines del 83.

Las desapariciones registradas en Santa Cruz fueron en el seno del Ejercito con dos de sus conscriptos y la tercera, en Río Gallegos, la llevó adelante la Federal que dependía del comando operacional que la dictadura había puesto en marcha al asumir.

Esta circunstancia si se quiere, libera a Carnaghi de responsabilidades directas en las desapariciones forzadas en Santa Cruz. 
Cuando habían pasado cuatro días, la certeza del desenlace fatal era confirmada. “Como vamos a armar la noticia..? pregunta

Alberto Raúl Segovia a su jefe de redacción Lerena. “Que le parece de este modo: Luego de 98 angustiosas horas de dramática búsqueda esta tarde del jueves 11 a las 18.55 se llegó al lugar donde se encuentra el Twin Otter siniestrado el domingo pasado, comprobándose que no hay sobrevivientes”.

“En la tragedia perecieron también, Juan Carlos García, piloto; el teniente Jorge Álvarez, copiloto; el cabo José Transelino Medina, mecánico y el señor Oscar Martín Lazo, comisario de a bordo.

“Me parece bien”, dice Segovia, al momento que se dispone a recibir al comodoro Heraldo Amoresano, quien ha quedado a cargo del gobierno en Santa Cruz y confirma que ”habrá una misa en la capilla del Obispado a cargo de monseñor Walter Olivieri y los reverendos padres Rosso, Pomato, Zabala, Mylaparampil y Cassin.”

El lugar la caída del Twin Otter se denomina Cerro Paleta y hacia ese lugar marcharon un día las nietas del gobernador Carnaghi.

 

Ellas son las gemelas Malen y Suyai Otaño.

Las hermanas Otaño nacieron en 1984, son neuquinas y viven en San Martín de los Andes; en 1977, sus abuelos murieron en un accidente aéreo que ahora ellas logran desentrañar como un secreto familiar
El proyecto de encontrar los restos de accidente comenzó en 2015, y tuvo varias etapas: dos expediciones a la montaña, una exposición, dos becas y fue una obra premiada en el Salón de Mayo del Museo Rosa Galisteo de Santa Fe en 2018.  

Ahora es posible rehacer el viaje con ellas porque el libro Twin Otter T-87, que publicó Ediciones DocumentA/Escénicas, recrea sus múltiples capas: están los diarios de Suyai y Malen que corren en paralelo, en las páginas pares e impares.

En la próxima entrega estaremos con la historia de Malen y Suyai Otaño en su búsqueda de la historia y memoria de sus familiares. Tanto en Santa Cruz como en Neuquén el nombre de Ulderico Carnaghi es recordado en barrios y edificios educativos. Tal es el caso del barrio Carnaghi donde crecieron sus nietas y el Centro Educativo de Formación y Actualización Profesional Nº 1, ubicado en Chaco y José Ingenieros de Río Gallegos. 

Lo sucedió en el ejercicio de sus funciones el comodoro ( R ) Juan Carlos Favergiotti que intentó profundizar en una concesión a los inversores privados privatizando la energía que generase el río Santa Cruz, algo que finalmente no tuvo éxito.