Historias de Patagonia: El crimen de Glenn Cross

“Otro muerto en el campo, hay que salir urgente para la estancia Glenn Cross”, ordena el comisario Antúnez al oficial José Sotelo y el cabo Antonio Vargas. Transcurre el siempre tranquilo mes de enero del año 1912 en la ciudad de Río Gallegos.
domingo, 27 de junio de 2021 · 00:26

*Mario Novack 
“Generalmente son complicados los domingos comisario, seguro que algo de alcohol hubo para este desenlace”., responde el oficial. Cortante el comisario insiste “vayan rápido que el autor del hecho está en la estancia, lo han reducido los compañeros de trabajo y lo tienen allí. Tampoco atinó a fugarse”.


“Y en que vamos?” pregunta el cabo Vargas, más preocupado por su huesos a bordo de un caballo que separan la distancia entre Río Gallegos y el campo donde se produjera el hecho. “Nos vino a buscar la gente de la estancia. Ellos tienen más recursos y movilidad comparados con nosotros. Es propiedad de los Menéndez, así que imagínese...?” responde convencido el oficial Sotelo.

“Doscientos”, dice el chofer del vehículo. “Como dice..? interroga Sotelo. “Que son doscientos kilómetros de traqueteos y paciencia, dice sin inmutarse el conductor, que se presenta como Arturo Gómez. El viaje transcurre casi en silencio hasta que Vargas, no puede con su curiosidad y pretende conocer como fueron los hechos.

“Como ocurrió todo amigo..?, pregunta el policía. El chofer respira hondo y suspira como teniendo la necesidad de descargarse. “Y….usted sabe como son las cosas en el campo…una palabra mal dicha, un gesto no comprendido y las broncas anteriores pueden terminar en tragedia”.

“Eso es lo que pasó..?, insiste Vargas. “No sabemos si había alguna inquina de antes, pero lo cierto es que al pobre Amador Estrada lo mataron con mucha saña. Era un buen muchacho el peoncito, le puede preguntar a cualquier compañero de los muchos que trabajamos allí y le van a decir lo mismo.”

Ahora el oficial Sotelo deja de observar el camino y se suma a la charla. “Es un campo grande y dicen que tiene un paisaje privilegiado, es así..?” pregunta. “Sin duda tiene vegas frescas, pampas secas, vegas pantanosas y colinas con mucha vegetación arbolada”.

“Los alambrados que cierran el campo y sus divisiones ascienden a 750 kilómetros lineales, y forman 40 potreros de una extensión de 500 a 4.000 hectáreas cada uno, pero lo más destacado es el número de lanares que tiene la estancia, casi un animal por héctarea. En total son 45 mil hectáreas y hay casi 40 mil lanares, añade el chofer que parece un promotor del lugar.

Además de la casa administración, el galpón de esquila, casa del capataz, casa para peones, casa para esquiladores, casa para los carreteros, carpintería y herrería, almacén, cocina para peones, caballerizas, carnicerías, perreras, todas ellas cuales son construcciones de madera con bases de material.

Asimismo hay un aserradero para procesar la madera y calefaccionar con el producido de los arboles que pueblan las colinas. Esa es la razón por la que hay tantos trabajadores en la estancia, concluye Gómez. El rodado ya ha ingresado al establecimiento ganadero y se dirige a la casa de Administración.

Allí lo aguarda el principal testigo del hecho de sangre. El oficial Sotelo se presenta y rápidamente comienza el interrogatorio. “Así que usted vió todo…como fue..?. El acento del testigo denota un origen extranjero. “Me llamo William Coll, llegué de Malvinas vía Punta Arenas y fui compañero de Amador Estrada, el finado”.

Hace una pausa cuando avanza en su relato de lo sucedido. “Veníamos con Amador casi llegando al casco cuando de pronto apareció Adan Pincheira, otro peón chileno que hace unos 3 ó 4 años que está en el país”.

“Allí Amador lo miró al pasar y eso – sumado al alcohol que había consumido - lo enfureció a Moreira. Enseguida le aplicó un golpe de rebenque, persiguiéndolo hasta la casa de los peones donde está el comedor. El pobre Estrada se metió corriendo a la cocina ”. añade Coll”.

“Fue a buscar un arma allí..? interrumpe el oficial. “No señor lo único que consiguió a mano fue una escoba, con el palito se defendía frente al asesino que tenía una cuchilla grande”. 

 En ese momento se acerca otro hombre que quiere aportar al relato. “Yo soy Leonardo González y trabajo aquí de ovejero. Yo ví cuando entró Amador a la cocina, desesperado buscaba algo para correrlo y sólo encontró una escoba. El no quería pelear, herir a nadie”.

“Y que pasó después…? inquiere nuevamente el oficial.. “luego Estrada se defendía de los golpes parando las cuchilladas de Pincheira para protegerse, hasta que se rompió el palo de escoba y eso fue fatal”.

El ovejero queda en silencio y Coll retoma el relato. “Con el palo de escoba roto Amador intentó escapar, pero Pincheira le metió tres puñaladas por la espalda y otras dos de frente cuando el herido se dio vuelta para defenderse”.

El silencio que sigue a la declaración es elocuente. “Parece que no hay nada más de ver o analizar, la cosa está clarita”, dice el cabo Vargas. “Ya lo tengo al culpable detenido y esposado en la cuadra de los peones, ahora derechito al calabozo, cuando lleguemos a Gallegos”.

El viaje de regreso se transforma en un suplicio ante el mutismo de todos a bordo del vehículo, hasta que el oficial Sotelo advierte al detenido que lo espera el defensor oficial a quien el juez Federico Badell ha convocado.

Adán Pincheira, de 39 años de edad, es ingresado a la cárcel de Río Gallegos, donde las condiciones higiénico- sanitarias son decididamente difíciles para los reclusos. De regreso a la Jefatura Sotelo y Vargas lo hacen caminando mientras hablan sobre el caso y otras novedades que se conocieron en las últimas horas.

“La ciudad sigue creciendo, ya somos más de mil quinientos habitantes y hay mucha gente nueva que continúa llegando y las fuentes de trabajo son las mismas de siempre: el frigorífico, el puerto y los campos, con lo cual siempre es factible que sucedan estos hechos de sangre” 

“Oficial, la verdad , no la va a pasar bien este Pincheira allí adentro. Hay muchas denuncias de malos tratos por parte de los guardia cárceles, que permite y muchas veces ordena Pedro Lalanne, Director de la U 15”, como se conoce al presidio”, dice casi preocupado el cabo Vargas.

 

“Así es, agrega Sotelo, los diarios lo vienen denunciando fuerte, especialmente “El Antártico. El otro día publicó que castigaba a los presos dejándolos a la intemperie con una temperatura de 13 grados bajo cero y además sanciona a los celadores que se compadecen de ellos. “

“Pero nunca pasa nada, acuérdese que hubo un par de directores separados de su cargo, pero después de una “investigación”, los repusieron inmediatamente. Ni hablar de la venta de colchones o quedarse con la plata de los reclusos cuando los contratan para trabajos fuera de la Penitenciaría”, interrumpe el cabo.

Además, se acuerda del Director anterior, el subteniente Chinchurreta, que usaba los presos para que le corrieran su caballo en las cuadreras de acá..?. No se ría, pero un gringo que eligió para Jockey se ganó su confianza y después de un mes de varear el caballo y practicar, se mandó a mudar y todavía no pueden encontrarlo”, dice Vargas en medio de una carcajada.

Para colmo, el gobernador Antonio Lamarque también anda de parranda, porque dicen que lo han visto en “las casitas”, y murmuran que hasta se ha puesto de novio con una de las chicas. “Esas mujeres”, como dicen las damas del pueblo.”

Sotelo y Vargas vuelven a encontrarse luego de algunos años, ahora con grados y destinos de servicios distintos. Comentan sobre el caso de Glenn Cross y casi en el momento de despedirse, Sotelo en forma picaresca, le comenta al subordinado “parece que le fue mal al doctor Lamarque, que ahora está de gobernador en Chubut. En la gala del Día de la Raza en el Teatro Verdi de Trelew apareció con su concubina, una reconocida mujer de los prostíbulos y todo el mundo se retiró indignado. Hacía lo mismo que acá, donde nadie le puso freno”, 

Tres años después se conoce el fallo de primera instancia por el crimen de Amador Estrada. Su victimario, Adán Pincheira, luce entre avejentado y abatido. Federico Badell, ese particular juez que alguna vez ordenó el cierre de la cárcel por una epidemia de tuberculosis ha llegado a un veredicto.

“Adán Pincheira, se lo condena a la pena de 25 años de prisión, por hallarlo penalmente responsable de la muerte de Amador Estrada, en la estancia Glenn Cross, donde ambos se desempeñaban como peones rurales.”

El recluso mira a su abogado defensor y resignado dice “ esto no tiene vuelta doctor, quiero aprender a leer y escribir, total tiempo es lo que me va a sobrar. El letrado sonríe y le le preavisa que apela ante la Cámara del Crimen con asiento en La Plata.

Tampoco hubo éxito con la instancia de Cámara y el caso llega finalmente a la Corte Suprema de Justicia de la Nación, que se expide el 15 de octubre de 1917, reduciendo la condena de Moreira a 17 años de reclusión, descontando el tiempo que lleva en prisión, con lo cual en el año 1929 podría recuperar su libertad. 

Resulta llamativo el fallo en su parte resolutiva cuando dice que “el reo ( por Pincherira ) deberá ser llevado durante diez días de reclusión en los aniversarios del crimen, tendrá tres años de vigilancia después de cumplida la condena y abonará las costas correspondientes.

A fines de 1917 el cuestionado comisario Diego Ritchie se encuentra al mando de la Policía del Territorio, ya ha sido creada la temible Fronteriza, muy conocida por sus excesos que actuará como fuerza de seguridad en Santa Cruz, como ya lo hace en el resto de la región patagónica.

Hubo casos que se repitieron en años posteriores en otros establecimientos rurales de Santa Cruz, este es un caso registrado el 7 de enero de 1912.