Historias de Patagonia: El vuelo de Palmira

"Yo tengo 22.000 horas de  vuelo y mi mujer tiene 22.000 horas de soledad. Palmira  es una compañera valiente y generosa. Es decir, generosa tiene que ser para ser valiente. Con ella 56 años matrimonio. Muchos meses eran bravos los últimos veintiocho días del mes.  Pero siempre fuimos luchando y ella sacó adelante a cuatro hijos.

Escrito en HISTORIAS DE LA PATAGONIA el

*Mario Novack

"Yo tengo 22.000 horas de  vuelo y mi mujer tiene 22.000 horas de soledad. Palmira  es una compañera valiente y generosa. Es decir, generosa tiene que ser para ser valiente. Con ella 56 años matrimonio. Muchos meses eran bravos los últimos veintiocho días del mes.  Pero siempre fuimos luchando y ella sacó adelante a cuatro hijos que son cuatro hombres de bien de los que me enorgullezco".


Así homenajeaba Miguel Ángel Fitzgerald, el primer piloto argentino en aterrizar en Malvinas y entregar una proclama de soberanía, un 8 de septiembre de 1964, a su compañera de toda la vida, Palmira Rodríguez, en el prólogo del libro Rumbo y Fe, que detalla la vida de ambos.

Ella había nacido un 12 de octubre de 1928, en la ciudad de Buenos Aires. Ese día juraba como presidente electo para un segundo mandato el dirigente radical Don Hipólito Irigoyen.

También ocurría un hecho trascendente para la ciencia médica fuera de nuestro país. En el Hospital de Niños de la ciudad estadounidense de Boston (Massachusetts ) se usa por primera vez un respirador artificial.

Palmira era hija de Rosendo Jacobo Rodriguez, argentino hijo de español de Villa García ( Galicia ) y madre entrerriana y de Elvira Dorotea Zeize, nacida en Berlín, Alemania. Palmira tenía dos hermanos: Ricardo Rosendo y Roberto Raúl. Su padre era corredor de zapatos y su madre ama de casa. Cuando Palmira tuvo 12 años los padres decidieron poner dos negocios en el Barrio de Belgrano, en la ciudad de Buenos Aires.

Ella conoció a su compañero de toda la vida en una fiesta de egresados, en diciembre de 1945. Palmira había sido invitada a la fiesta por su amiga Hebe. Miguel hab??a ido con un grupo de amigos del Otto Krausse, entre los que estaban Félix De Barrio y Roberto Pazos. Esa noche Félix De Barrio bailó con Palmira. Roberto Pazos se puso de novio con Eve.

“Miguel ahí me echó el ojo”, aclara Palmira. Se programaron nuevas salidas, sugerencia previa a Hebe que lleve a “su amiga” a la próxima cita. Miguel y Palmira volvieron a encontrarse y salir. “Yo no me enamoré a simple vista. El me fue conquistando”, comenta Palmira.

“Creí que había conocido a un “candidatacho”: Miguel tenía moto, auto y casa  en Villa Devoto con pileta de natación”. Después de entablar el noviazgo Miguel consideró oportuno hablar con el padre de Palmira, tal como se estilaba en aquellos tiempos. Lo decidió sólo, sin comentarle a Palmira. Así es como, con sus 21 años bien calzados, telefoneó a don Rosendo, a quien por supuesto no conocía, para solicitarle una cita. Tenía que hablar con él sobre su hija, le dijo. Don Rosendo ( quizás intrigado y divertido) lo convocó a almorzar a un restaurante del centro de Buenos Aires. Hablaron y más tarde Rosendo Rodriguez llegó a la casa y le comentó a Palmira lo sucedido.

Con el salvoconducto del suegro, Miguel comenzó a frecuentar la casa de Palmira. La invitación a la mesa siempre iba acompañada por un buen vino. Así es como Miguel cambió la leche por el vino. “Hasta los 20 años siempre tomé leche. Hasta en las comidas. En lugar de agua tomaba leche. Nada de vino. Nada de cerveza. Nada de whisky. Solo leche. Y llegó el día que tanta leche me provocó digestión lenta y debí ir al Instituto Roffo para una consulta. Por decisión médica reduje el consumo de leche y comencé a tomar vino”

 
Los cuñados Rodríguez, preocuparon a Paulina, cuando le dijeron que era inaceptable un candidato que consumiera leche en lugar de alcohol. Con el tiempo Miguel se adaptó, tan así es que cada reunión familiar se iniciaba con un whisky.

Palmira cuenta que cada vez que salían Miguel y Palmira a tomar el té, el le escribía un mensaje en una servilleta de papel. Anotaba la fecha y algún detalle o se ponía a dibujar como sería la casa de ellos en Bariloche. Pequeños gestos como este acompañaron el noviazgo.

- “Miguel está de viaje” ? preguntaba a veces Ricardo, el hermano de Palmira. “No…porque…?”  respondía ella. ”Porque te acaba de llegar una carta de él”, contestaba Ricardo.

Miguel acompañaba a Palmira a su casa. Al llegar a Villa Devoto le escribía una carta y la despachaba por correo postal. 
Con el correr de los años, Miguel siguió pendiente de esos lindos gestos hacia ella. Nunca dejó de enviarle bombones y flores. 

Tenía 26 años cumplidos cuando contrajeron enlace un 26 de noviembre de 1954, último año que gobernaría Juan Domingo Perón derrocado casi un año después por el golpe de estado de la denominada “Revolución Libertadora”.

Como regalo de bodas, en Tokio, Japón, el boxeador Pascual Pérez se consagró como el primer argentino en lograr el título de campeón del mundo al vencer a Yoshio Shirai por puntos, en decisión unánime en un combate pautado a 15 asaltos. 

Palmira Rodriguez conoció al hombre de su vida, un “loco lindo”, como lo definió en una entrevista que le hiciéramos un 19 de junio de 2019 en el programa “Contame una Historia”, que se emite por FM UNPA.

Miguel Ángel Fitzgerald tenía 28 años al momento de su casamiento y volaba desde los 16 en que comenzó tripulando planeadores, algo que aceptó Palmira. Las aventuras de Miguel fueron acompañadas desde el hogar por ella, que según Cristian, el menor de sus hijos “Miguel fue siempre muy aventurero pero pensante, Palmira era madre y padre pero nunca cuestionó a Miguel por ello.

Palmira acompañó desde el hogar al hombre que más allá del episodio de los dos vuelos de Malvinas, se desempeñó durante mucho tiempo como piloto o copiloto en varias empresas, entre ellas Aerolíneas Argentinas. 

En esa Río Gallegos del año 1964 otras eran las preocupaciones de las autoridades, partidarias de la línea del presidente Arturo Illía. Gobernaba Rodolfo Martinovic, aquel médico de Puerto Deseado que había accedido al sillón de la calle Alcorta, con un peronismo proscripto y un radicalismo dividido.

En verdad tampoco tenían idea de lo que el descendiente de irlandeses planeaba para ese martes 8 de septiembre del 64 a bordo de su monomotor Cessna 185. La logística y acuerdos que Miguel Ángel Fitzgerald había logrado en la capital santacruceña le permitieron operar con tranquilidad.

Claro que al regreso, las autoridades nacionales pretendieron quitarle la matricula de piloto, pero el apoyo popular a Fitzgerald hizo que finalmente no se aplicara la sanción. 

Dos personas inquietas y ansiosas por conocer el resultado del vuelo a Malvinas. Una, obviamente, era Palmira y la restante el propietario del diario “Crónica”, Hector Ricardo García.

Hubo un segundo intento cuatro años después, el 27 de noviembre de 1968. Fitzgerald realizó un segundo viaje a las islas desde Río Gallegos, esta vez al mando de un avión bimotor Grand Commander 5 propiedad del diario Crónica, en el que también viajaban Héctor Ricardo García, director del citado matutino, y uno de sus periodistas, Juan Carlos Navas. Esta vez la pista del hipódromo había sido obstruida, por lo que se vio obligado a tomar tierra en una carretera (Eliza Cove Road), lo que produjo la rotura de una hélice.


Fueron detenidos minutos más tarde por un oficial británico, luego de lo cual fueron declarados «inmigrantes ilegales», por lo que pasaron 48 horas detenidos. Luego fueron subidos al HMS Endurance de la Royal Navy con destino a Río Gallegos, en el que también viajaba el vicecanciller británico, de visita en las islas.

La vida de Miguel Ángel Fitzgerald se apagó un 25 de noviembre de 2010 en la ciudad de Buenos Aires. A partir de ese momento Palmira Rodriguez se convirtió en la relatora del legado de su difunto esposo.

Estuvo en cuanto homenaje o reconocimiento hubo para Miguel. Hace pocos años, concurrió a una presentación musical de Daniel Montojo y la Suma, grupo de rock que brindó un homenaje musical a Fitzgerald incluido en un trabajo sobre Malvinas denominado

“La Tercera Invasión”.

“No hay palabras para expresar con justicia, la valía de esta admirable mujer que supo ser FELIZ. Porque la felicidad es una decisión propia, personal. Todos solemos ser felices en las alegrías. Ella, fue por más. Entendió  exactamente de que se trataba esto de VIVIR. Palmira vivió con valentía. Ella fue feliz en la adversidad también. Vivió en vilo durante años por lo que significaron esas horas de vuelo de Miguel. Lo acompañó en su retiro y posterior enfermedad. Cerró sus ojos, cuando llegó el momento.  Cerró los ojos de su hijo Carlos Miguel, en el año 2015, que al momento de su fallecimiento tenía 49 años. Tremendo dolor. Superó ese duelo ofreciendo su dolor para que se multiplicara en amor.“

“Lo logró. Vivió dejando lo mejor de sí en cada persona que tuvo la bendición de conocerla.

¿Ustedes querían saber cómo Miguel Fitzgerald, había logrado hacer tantas cosas? Misterio revelado. ”Cristian Fitzgerald, uno de los cuatro hijos de Palmira y Miguel dejó este sentido homenaje en sus palabras.

Precisamente Cristian está casado con una santacruceña, llamada María Soledad Cienfuegos, cuya familia llegó en 1957 a Los Antiguos y vivió allí desde 1998 hasta febrero de este año. El se recibió de ingeniero forestal y actualmente reside en Irlanda, donde el matrimonio se radicó por cuestiones laborales.

En la increíble coincidencia de las fechas, Palmira Rodriguez partió en una fecha simbólica para su historia familiar y para muchos argentinos. Un 2 de abril de 2021 falleció como consecuencia de un ACV, luego de estar internada desde el 19 de marzo de ese año.

Este es un homenaje a quien acompañó y fue soporte en la vida de alguien que como Miguel Ángel Fitzgerald ha quedado para siempre en la historia argentina. Hasta siempre Palmira.