Historias de Patagonia: El africano de Río Gallegos

Ambos se miraron extrañados. El esclavo africano quedó paralizado, más por sorpresa que por miedo. Pensó que quizá morir fuera lo mejor para ser libre. Ambos dudaron y en esa fracción de tiempo el guerrero guaycurú  asestó el golpe mortal.
sábado, 30 de noviembre de 2019 · 19:34

Por Mario Novack

Ni tiempo para acordarse de Río Gallegos y ese naufragio que los llevara a la selva guaraní, en lo que actualmente es Paraguay. Era un 17 de julio de 1542, en un día de invierno lluvioso en esa región que los españoles ya empezaban a colonizar a sangre y fuego.

En la triste historia la de Vivencio, la mala fortuna lo había acompañado desde el naufragio, cuando el derrotero esperado era llevar las mercancías desde Cádiz a Lima, Perú, para la gente de Francisco Pizarro.

Y también con anterioridad, cuando junto a Manzián fueron esclavizados por los españoles y embarcados rumbo a Sudamérica en la expedición de León Pancaldo, aquel mítico navegante que había formado parte de la Escuadra de Hernando de Magallanes, la primera en dar la vuelta al mundo.

Precisamente la expedición le sería encargada a Pancaldo por su conocimiento de la ruta, ya que había escrito el “Roteiro”, libro de ruta de la expedición a bordo de la Nao Victoria la misma que comandaba Magallanes.

Esto había sucedido en el año 1520 y diecisiete años más tarde se le encargaría la responsabilidad de comandar la expedición comercial, que partió desde el puerto de Cádiz. Dos naos formaban parte de la misma:  la Santa María, a cargo de Pancaldo y la Concepción comandada por un socio llamado Pedro de Vivaldo.

Es precisamente Vivaldo quien confunde el ingreso al Estrecho de Magallanes con la ría del Río Gallegos, provocando el naufragio al quedar encallados en los bancos de arena de la desembocadura en el mar.

Afortunadamente no hubo pérdidas materiales, sobreviviendo los 30 tripulantes de la Concepción. Luego de tratar infructuosamente de librar de la encalladura a la Nao y ante la imposibilidad de lograrlo, trasvasan la carga a la Nao Santa María e intentan cruzar el estrecho.

Esa embarcación, con el doble de tripulantes y mayor carga intenta penosamente franquear el paso de los dos océanos. Los vientos propios de la Patagonia harán imposible los sucesivos intentos.

Pancaldo medita la decisión de un nuevo rumbo y se debate entre Santo Domingo y la primera Buenos Aires. Se trata de la Santa María del Buen Ayre fundada por Pedro de Mendoza, un 2 de febrero de 1536, por su cercanía geográfica.

  La otra opción era Santo Domingo en la Isla de Dominicana, pensada en la ventaja que Diego, hijo de Cristobal Colón era amigo de la infancia de León Pancaldo además de designarlo como apoderado.

La tripulación que naufraga en Río Gallegos está compuesta mayoritariamente por savoneses y genoveses, pobladores de lo que con posterioridad sería el Reino de Italia.

Los esclavos en Buenos Ayres

Lenta y dificultosa es la navegación hacia la Santa María del Buen Ayre, lugar elegido para la venta de los productos y ser un centro poblado. Pero las peripecias no terminarán y luego de encallar en el Río de La Plata, la Santa María de Pancaldo llega finalmente a la población.

En la orilla una horda harapienta los aguarda, con hambre y falta de los elementos más imprescindibles. Es así que las prendas, encurtidos y armas son rápidamente adquiridos, pero con que abonaron los habitantes es lo sorprendente.

El Museo de Indias de Asunción del Paraguay ha atesorado aquellos pagarés extendidos a favor de Pancaldo y Vivaldo. Los documentos citan en forma textual “ pagaré con el primer oro o plata que aparezca en estas latitudes lo adquirido a Don León Pancaldo”.

Las desventuras del navegante savonés no terminan allí, sino afectan a él y su tripulación y le inician un proceso por “introducción de esclavos al Río de la Plata”, en lo que constituye el primer proceso de estas características en el continente.

Pancaldo busca denodamente retener a sus esclavos africanos, no se sabe si es por un objetivo comercial de considerarlos de su propiedad o porque se ha producido una relación más humana con ellos.

Hay que recordar que cuando era Pancaldo un joven marinero y realizaba sus anotaciones en el “Roteiro”, ocupaba la Nao Victoria un joven asiático de piel oscura llamado Enrique, a quien Magallanes utilizaba como traductor creyéndose que su origen malayo le permitía entender los idiomas de los habitantes del Pacífico.

Pero se cree que este proceso de introducción de esclavos que se le formula a Pancaldo es solo una pantalla para cobrarse las deudas que un navegante del lugar le reclama por haber remolcado a la Santa María, luego de encallar en la costa del Río de la Plata.

Quien promueve la acción es Alonso de Cabrera, designado Veedor de la corona española luego de la muerte de Pedro de Mendoza. El nuevo veedor llega a estas latitudes en noviembre de 1538.

Lo cierto es que finalmente los esclavos fueron adquiridos por el citado Alonso Cabrera y permanecieron en la Santa María del Buen Ayre, hasta su incendio a fines de junio de 1541.

Luego los habitantes de esa población inician su viaje hacia la recientemente fundada Asunción, en el futuro Paraguay. Allí los originarios guaycurúes y guaraníes ofrecen una encarnizada resistencia.

Se libran combates sangrientos, muriendo en uno de ellos Vivencio, el esclavo de la expedición de Pancaldo. Algunos de sus compañeros serán considerados nobles en Paraguay luego de instalarse allí y uno de ellos, Bautista Troche tendrá campos en Villarrica.

Uno de sus descendientes, el capitán Mauricio José Troche será uno de los cinco héroes de la independencia del Paraguay en 1811 y derrotará a Belgrano en La Batalla de Tacuarí.

Por su parte Pancaldo morirá en la Santa María del Buen Ayre en el año 1540, acosado por los juicios, cuando había superado los 50 años de edad, sin poder cobrar nada de lo vendido.

Adjuntamos como muestra un Pagaré o Carta Obligación de la época:

*CARTA DE OBLIGACIÓN DE HERNÁN BAEZ Y OTROS A FAVOR DE LEÓN PANCALDO, POR VALOR DE 470 1/2 PESOS DE ORO. (*Del Archivo Nacional de la Asunción. Año I, Agosto 1900, N.º 1. Docto. XII)

Sepan quantos esta carta de obligacion bieren como nos Hernan Baez , maestro de hacer navios, e Simon Luis e Bastian Afonso, carpinteros, e Hernan Perez e Bartolomé Frutos, marinero, e Diego de Collantes, e Antonio Pineda, cerrajero, e Xpobal de Yexas e Luis Marquez, e Ruy Díaz, é Hernando Descobar, e Inº. Rodriguez, e Inº. portugués, herrero, e Sebastian Lopez, e maese Antonio, herrero, todos quince de mancomun e a boz de uno e cada uno de nos por sí e por el Todo renunciando como espresamente renunciamos las leyes de la mancomunidad a beneficio de la division segun y como en ellas se contiene otorgamos e conoscemos que debemos e nos obligamos de dar e pagar llanamente e sin pleito a vos Leon Pancaldo Saones, piloto, que estais presente o a quien vrº poder obiere o por vrª absencia a Viban Centurion e Franco. Poçobinelo ambos a dos juntamente e no al uno sin el otro o a quien el poder de ambos tuviere conbiene a saber quatrocientos e setenta pesos y medio de oro de justa e perfecta ley de a quatrocientos e cincuenta mrs. cada uno los quales son por razon de las mercaderias que nos los susodichos de bos rescibimos que son las siguientes ciento e cinquenta baras de lienço en dozientos pesos e diez e ocho baras e tres quartas de paño pardo en ciento e doze pesos e medio oro a razon de seis pesos de oro la bara e quince crieras de badana a quatro pesos de oro cada vna que son sesenta pesos e quinze gorras de grana a seis pesos cada una que son nobenta pesos e una libra de hilo blanco e negro en ocho pesos que son los dichos quatrocientos e setenta pesos e medio de oro de las quales dichas mercaderías cada vno de nos los susodichos rescibió tanta parte como el otro e el otro como el otro de que nos otorgamos por contentos e entregados a toda nuestra voluntad por quanto todo ello es en nuestro poder sobre que renunciamos qualesquier leyes que en razon de la entrega e prueba de ella hablan los quales dichos quatrocientos e setenta pesos e medio de oro, nos los suso dichos todos quinze so la dicha mancomunidad nos obligamos de dar e pagar en esta provincia del Rio de la Plata o dozientas leguas de costa de mar del Sur cuya governacion de presente es del señor Don Pedro de Mendoça del primer repartimiento que en esta dicha provincia o costa se nos hiziere e cupiere de oro o plata de las entradas que en ella obieren fecho e hiziere en ella de que se aya avido e aya oro o plata e para lo ansi cumplir e pagar obligamos el oro o plata que nos cupiere de repartimiento para execucion de lo suso dicho damos poder á qualesquier justicias de sus magds. de qualesquier partes que sean para que por todo rigor e mas breve remedio de derecho nos castiguen e apremien a lo asi cumplir e pagar como si esta escritura fuese sentencia definitiva de juez competente contra nosotros pronunciada e pasada en cosa juzgada e renunciamos qualesquier leyes e derechos que sean en nuestro favor especialmente renunciamos la ley que dize que general renunciacion non vala en testimonio de lo qual otorgamos la presente ante el escrnº. público e testigos de yuso escritos en cuyo registro los que sabemos escrivir lo firmamos de nros. nombres e los que no sabemos escribir rogamos al señor Capitan Franc. Ruiz Galan theniente de governador desta provª. lo firme por nosotros de su nombre que es fecha y otorgada en el puerto de Nrª. Señora de Buen Ayre que es en la dicha provincia a quinze dias del mes de Junio año del nascimiento de Nrº. Salvador ihn Xpo de mifi e quinientos e treinta e ocho años siendo testigos el dicho señor theniente de governador e Alonso de Angulo e Simon Jaques estantes en este puerto, Bartolomé Frutos Sebastin Lopez Luis Marquez) Ruy Diaz Hernando Doscobar (Xpobal de Yexas. – A ruego de los que no sabian escrevir firmo yo Franco. Ruys por tgo) E yo Melchor Ramirez escnº. de sus Cesareas mgds. en todos los sus reynos e señorios presente fui en vno con los dichos testigos al otorgamiento desta carta e por ende fize aquí mio signo a tal (signo) en testimonio de verdad -. Melchor Ramirez escrivano pc.º
Carta de Obligación o Pagaré emitido por los habitantes de la Primera Buenos Aires a favor de León Pancaldo por artículos vendidos salvados del naufragio en Río Gallegos.