Historias de Patagonia: Nazis en Santa Cruz: mitos y leyendas

Hitler desembarcado en San Julián, se lo vió sentado en un banco de una estancia cercana a Caleta Olivia, donde habría estado en una vieja lobería el apostadero de submarinos germanos y su visita a un conocido alemán en un sanatorio de Comodoro Rivadavia, son parte de la leyenda.
sábado, 15 de junio de 2019 · 21:54

* Mario Novack

Hitler desembarcado en San Julián, se lo vió sentado en un banco de una estancia cercana a Caleta Olivia, donde habría estado en una vieja lobería el apostadero de submarinos germanos y su visita a un conocido alemán en un sanatorio de Comodoro Rivadavia, son parte de la leyenda que se teje en torno al líder del Tercer Reich.

El historiador Marcelo García le pone fecha fehaciente a la llegada a Santa Cruz. Habla del 20 de junio de 1945, día de la bandera, que pese al feriado seguramente hubiese sido imposible que pasara desapercibido tamaño acontecimiento en esa localidad.

La llegada de Hitler se produjo acompañado de dos mujeres y respalda sus afirmaciones en documentos desclasificados de la inteligencia americana e inglesa.

Uno de estos, según García, permite reconstruir la ruta de los submarinos alemanes en sus misiones a la costa bonaerense y la Patagonia Argentina. En uno de estos viajes habría arribado a Puerto San Julián.

Luego se lo ubica en una estancia cercana a Caleta Olivia, en el denominado banco de Hitler, que era ni más ni menos que un mueble de madera ubicado frente al mar en un campo propiedad de una familia alemana, muy cercano la costa atlántica en Caleta Olivia.

Todo esto es relatado por el autor que indica que la Estancia Fratzscher, es un viejo establecimiento que en los años '40 perteneció a un pionero alemán llamado Magnus Fratzscher.

Dice en forma textual el escritor..” Hoy en día (para quienes nos paramos frente a la historia oficial con una mirada decididamente crítica) es relativamente sencillo establecer relaciones y trazar paralelismos entre las muchísimas viejas propiedades alemanas de la zona y los intereses que -una vez llegado Hitler al poder- pasaron a responder directamente a los designios del III Reich, sin embargo por aquellos años ni bien finalizada la Segunda Guerra Mundial, eso no era tan así.

De todos modos, a finales de 1945 y por más que esas ventosas y desoladas playas sureñas estuvieran ubicadas en el mismísimo "culo del mundo", no fueron pocos los que en más de una oportunidad creyeron ver a alguien muy famoso merodeando las costas como si se tratara de un simple baqueano más. Lo curioso del caso es que la práctica mayoría de quienes aseguraban haberlo visto, coincidían en afirmar que ese hombre no era otro más que Adolf Hitler, el Führer alemán, quien solía sentarse en un banco de madera ubicado frente al mar.

De acuerdo a esos comentarios vestidos de leyenda, podría pensarse que los ojos celeste profundo del exiliado líder nazi se fundían cada amanecer con las azuladas extensiones inconmensurables del mismo Océano Atlántico que poco tiempo antes se había animado a cruzar, repitiendo con melancólico hastío, cada día, su silencioso y solitario ritual.

Actualmente, ese banco sigue estando allí, solitario a unos 100 metros de la costa junto a la tranquera que aún franquea o habilita el paso hacia la intrigante propiedad. Quienes niegan esta historia, defienden a capa y espada la versión que indica que quien sentaba allí era en realidad un tal Alejandro Schicorra, vecino de la zona que tenía un asombroso parecido a Hitler y que trabajaba en la importante planta de la firma Astra, curiosamente inyectada con fuerte capital alemán.

De todos modos, es más que probable (estoy entre los que piensan así) que Schicorra fuera parte del plan de quienes colaboraban con el escape del Führer para rebatir los comentarios de no pocos sorprendidos que podrían llegar a dar testimonio de avistajes de Hitler o incluso para dejar sin argumentos a quienes creían que, en efecto, Hitler no se había suicidado en Berlín. 

Pero pese a los sostenidos intentos por confundir o despistar, ese mismo banco de madera es llamado y conocido por todos los vecinos de la zona como "el banco de Hitler", un lugar de reposo y descanso que nadie, nunca jamás, se atrevió siquiera a tocar.

No fue el único vestigio de la presencia del  Führer en la zona, de acuerdo a los datos de los historiadores.

La enfermera que lo vio

Entre el cúmulo de versiones sobre Adolf Hitler en la Patagonia, existe el poco difundido testimonio de la enfermera local Mafalda Falcón, ya fallecida, que se pudo rescatar a través de su hijo, Jorge Batinic. 
"Mi mamá trabajaba en la clínica Varando, en 1951, y ella nos contó que estaba sentado sobre la cama de una persona internada, y que lo reconoció, pese a que no llevaba el clásico bigote y tenía el pelo canoso", comentó Batinic. 
Agregó que Mafalda reconoció a Hitler "porque ella había estado trabajando como nueve años en Europa para la Cruz Roja Internacional. Estuvo en distintas guerras, y vio en persona al Führer cuando los alemanes tomaron París". 
"Mi madre no tuvo dudas que era el mismísimo Hitler el que estuvo en la clínica y otras personas también dijeron lo mismo, como la señora Simonatto, que aportó un valioso testimonio sobre la presencia de este hombre en la ciudad", dijo Batinic. 
"Tanto mi madre, como el paciente internado, de origen alemán, y otros directivos de la Clínica Varando, "coincidieron en afirmar que quien estuvo en ese centro asistencial era Adolfo Hitler", añadió. (Télam)..

Los misteriosos submarinos

Los documentos desclasificados en Europa y América citan la presencia permanente de submarinos en la costa Atlántica argentina, no sólo en la Segunda Guerra Mundial.

Dice un viejo marino napolitano retirado que la costa marplatense amaneció fría y nublada aquella mañana del 10 de julio de 1945. Tras hacer memoria, recordó que ese día estaba pescando a unos kilómetros de la costa, cerca de las defensas antiaéreas que la Marina había reforzado enigmáticamente una semana antes. Y recuerda que fue en ese momento cuando una nave surgió inesperadamente de las profundidades, cerca del casco naranja de su bote, y comenzó a intercambiar mensajes con un reflector de luces con alguien en la base.

Unas horas después el submarino estaba amarrado en la base. Se trataba del U530, un sumergible nazi de la Clase VII de 76 metros de largo que por alguna razón había decidido entregarse en la Argentina. La guerra había acabado en el mes de abril y no tenía sentido la presencia de aquel "U-boote" a miles de kilómetros de Europa, el lugar en donde debía haberse rendido tras la caída del Tercer Reich unos meses antes.

Su capitán era un joven de 24 años llamado Otto Wermuth que se entregó vestido con su traje de gala. Casi ninguno de sus marineros y oficiales lo superaba en edad. Todos ellos fueron sometidos a un intenso interrogatorio en el que se les preguntó, ¿por qué habían elegido viajar a la Argentina para entregarse? ¿Dónde estaban los documentos, un bote de desembarco y los torpedos y cañones que debían haberse encontrado en la nave? Y la pregunta más incómoda: ¿habían transportado a Adolfo Hitler u otros altos funcionarios nazis en su viaje?

La ciudad de Mar del Plata tardó en reponerse a la sorpresa, mientras los marineros del U530 se recuperaban de su viaje en un improvisado campo de prisioneros armado en el parque de la base y comían papas y naranjas, un pedido especial del médico de la nave para evitar las consecuencias del escorbuto provocado por meses viviendo dentro de una vaina de metal sumergido.

Mientras esperaban que se resolviera el destino de la nave y su tripulación, el 17 de agosto volvió a sonar la alarma de la base. Otra vez, un submarino alemán pedía permiso para entregarse a las autoridades militares argentinas.

Esta vez se trataba del U977, un submarino clase VII comandado por el capitán Hans Schäffer, de 26 años. A diferencia del U530, el U977 conservaba todas sus armas y documentos. E incluso se veía que había sido pintado en los días anteriores, a diferencia del sumergible anterior que era una masa manchada de óxido y descuido.

Pero el dato más relevante que nombra a Río Gallegos como lugar de denuncia de la presencia de submarinos nazis, está contenido en un libro que publicara el periodista húngaro argentino Ladislao Szabo.

Está publicada como recopilación en su libro “Hitler está vivo” se referencia un sumario registrado con integrantes de la ballenera islandesa “Juliana”, quienes habrían tenido un encuentro con un submarino alemán en el area comprendida entre las Islas Malvinas y el sector antártico.

Cita una fecha específica. Un 25 de septiembre de 1946, cuando ya la guerra mundial había concluido. Dice que la noticia había sido publicada por el diario francés France Soire cubriendo la primera plana.

La noticia destaba que el submarino alemán había abordado a la ballenera para solicitarle a los pescadores provisiones frescas en un tono que no admitía una negativa. En contrapartida habrían indicado a los pescadores el sitio exacto de localización de los cetáceos, capturados luego por la embarcación. El capitán del ballenero islandés, de apellido Heckla, al ser interrogado habría dicho que “salieron de Islandia para pescar ballenas y no submarinos.”

Esta noticia provocó un revuelo mundial y los despachos de las agencias noticiosas que inmediatamente solicitaron información a Buenos Aires. Sin embargo en Río Gallegos se negó rotundamente que se hubiese producido un sumario de esas características.Nada se dijo de otras localidades costeras.

El matutino France Soir era continuador del Paris Soir, un diario de corte sensacionalista, que no se hizo famoso por ser un medio de noticias veraces. Con todo perduraban las dudas, ya que nunca fue explicado por la Armada Argentina todo el raid de embarcaciones alemanas, ni desclasificados los documentos relacionados.

Hay en los registros fotográficos de Río Gallegos una toma fotográfica de un acto realizado frente al consulado donde se vé flameando la bandera con la cruz svastica, símbolo del nazismo y que era la bandera oficial por entonces.

Es dable aclarar que era la insignia que representaba al estado alemán, dado que puede confundirse con simpatizantes locales del nazismo. La segunda guerra mundial causó una honda grieta en la sociedad de Río Gallegos. Así lo cita Hellen Gooderham, hija de inmigrantes británicos afincados en nuestra ciudad.

Dorotea Susalek, hija de alemanes era muy linda, rubia y con trenzas, era mi buena amiga y nos juntábamos para jugar; pero el día en 1939 que Gran Bretaña le declaró la Guerra a Alemania mis padres me dijeron que ya no podía jugar más con mi amiga. El problema para mí era cómo iba a decírselo a Dorotea. Ese mismo día estando en la vereda de mi casa la vi venir por la vereda de enfrente por el reflejo en la vidriera del negocio y pude ver que ella no me miraba; y ahí me di cuenta que la razón era que a ella también le habían dicho que teníamos que dejar de ser amigas. ..

Otra de las perlas encontradas en este rastreo es el libro “Mi Lucha” de Adolf Hitler encontrado durante los allanamientos realizados al empresario de la construcción Lázaro Béez, actualmente detenido en Ezeiza.