Historias de Patagonia: La muerte del gendarme Barreto

El plomo surca el aire buscando su presa. Llega seco, certero, letal. El gendarme  se desploma boca abajo, fulminado por el balazo. Es el anochecer de un 27 de marzo de 1934, en la pulpería Piedra Clavada, de la familia Alquinta.
sábado, 2 de octubre de 2021 · 23:51

*Mario Novack 

Hasta allí había llegado el gendarme de la Policía Fronteriza de Santa Cruz, Carlos Barreto cumpliendo con la rutina de buscar  provisiones como todos los meses, ya que su destino se ubicaba en el puesto de la estancia “Cancha Rayada”, en la zona del Lago San Martín.

“Póngame unos fideos, siempre son útiles para cocinar rápido y no se olvide de la yerba, porque es imprescindible para matar las horas de aburrimiento en el puesto”, dice el gendarme detrás de su estampa bonachona de paisano con uniforme.

La señora Beatriz Vázquez encargada del lugar va armando prolijamente el pedido y le recomienda otros productos no perecederos, además de los dulces caseros que ella elabora siguiendo las recetas ancestrales que han heredado de sus mayores.

“Tenemos garbanzos y arvejas secas, además de polenta que seguro usted debe consumir. No se olvide que las botellas de tomate cosechados de la huerta están muy buenas. Nosotros acá hemos aprendido a sacarle  los mejores frutos a esta tierra”, añade la mujer.

“Seguramente usted  debe conocer la historia de este lugar con más detalles que yo”, dice el gendarme curioso de saber de aquella familia de la que ya se considera un amigo. “Ya le cuento don Carlos”, dice la mujer, mientras incluye un paquete grande de harina, para masas o tortas fritas.

Este poblado nació hace pocos años, cuando los carros cargados de lana de las estancias cercanas a los Lagos Argentino, Viedma y San Martin, recostadas sobre la Cordillera, viajaban a Comandante Luis Piedra Buena, y regresaban cargados de víveres. 

Al no haber  caminos y puentes y dadas las enormes distancias esas travesías insumían casi un mes de viaje por lo que, ante la necesidad de prestar hospitalidad a viajeros y proveer forraje a los animales de tiro, fueron formándose pequeños caseríos. 

“Hace nueve años la herrería del Sr. Fausto Vallina dio origen al pueblo, y le pusieron Piedra Clavada, porque aquí cerquita nomás tenemos esa belleza de la naturaleza. Estamos esperanzados en el crecimiento del lugar, porque el gobernador Juan Manuel Gregores nos ha prometido que van a construir una escuela, el juzgado de Paz y una comisaría, que ahora es destacamento”, añade optimista Beatriz.

“Y su familia cómo llegó acá…? consulta interesado en saber el gendarme.”Espere que le pregunto a mi marido, porque en verdad ellos fueron los pioneros de esta zona y otros campos”. De inmediato Emilio Alquinta se suma a la conversación y desgrana la historia familiar. ”Resulta que mi padre, Silvestre Alquinta,  llegó a estas tierras allá por el año 1870 y se abrió camino guanaqueando y cazando ñandúes.”

“Cada temporada se iba con su tropilla a la zona del Coyle donde cazaba y a la vuelta vendía al mejor postor las pieles de guanaco y plumas. También supo poblar un campo cercano a Río Gallegos, pero no pudo mantenerlo y le caducaron la tenencia del mismo. El viejo era un personaje. Estuvo casado tres veces y tuvo doce hijos en total”, dice riendo Emilio Alquinta. 

“Y sus cosas como andan..? contento con su destino en el Puesto Cancha Rayada..? pregunta el pulpero al policía. “Usted sabe como son las cosas. Este es un territorio extenso, con muchos kilómetros sin ver a nadie y es por eso que la Policía tiene muchos puestos y destacamentos. 

Usted sabe que además de Río Gallegos hay comisarías y subcomisarías en Puerto Santa Cruz, San Julián, Puerto Deseado, Río Chico, Las Heras, Lago Buenos Aires y El Turbio. Y hay destacamentos en Guer Aike, Las Vegas, Coy Inlet, Monte Dinero, El Cóndor, Monte Aymond, Pali-Aike, Bella Vista, El Centinela, Piedra Clavada, Lago San Martín, Paso Ibáñez, Laguna Grande, Frigorífico Armour, Frigorífico Swift (San Julián), Cañadón León, Paso Roballos, Jaramillo, Bahía Laura, Pico Truncado, Puesto Gervasio, Gobernador Lobos, El Pluma, El Zurdo, Gaypón, Laurita, Cancha Carreras, Tapi-Aike, Cerro León y Punta del Monte. 

Y tienen buena infraestructura, porque muchas tienen telégrafo y las más avanzadas hasta cuentan con teléfono para comunicarse. Seguramente dentro de poco me asignarán otro destino, aunque estoy conforme con mi lugar en el puesto de Cancha. Y aquí como andan todo..? supongo que al ser poca gente y toda de trabajo debe ser un sitio tranquilo”, pregunta el gendarme. 

Emilio Alquinta levanta las cejas al responder..“ salvo el tipo éste Palacios, que anda de vago y ha usurpado una casilla sobre el río Chalía, le diría que todo está tranquilo. El hombre es de cuidado, porque se sabe que anda “calzado”, tiene un revolver y no es de fiar”.

El gendarme Barreto se queda en silencio, presta atención a lo que ha dicho el dueño de la pulpería que seguramente tiene más conocimiento de la gente del lugar. “Me tengo que ir, seguramente volveré después de mi cumpleaños que es en pocos días más, el 4 de abril”

Beatriz lo interrumpe y le propone quedarse. “le haremos un festejo anticipado, voy a preparar unas empanadas para festejar, así vamos adelantando la celebración”. Barreto acepta y en pocas horas comparte la cena con los dueños del hotel y pulpería.

El pulpero Alquinta se queda observando un viejo periódico que estaba sobre el mostrador y pregunta en voz alta..” que estará pasando en el país y el mundo en este momento”, al tiempo que un par de paisanos pasan delante del hotel como buscando el descanso.

“Ya lo sabremos, dice sonriendo el gendarme, tarde pero lo sabremos, usted sabe como son las cosas, las distancias son grandes pero al final todo llega”. De pronto todos se alarman, al escuchar un altercado a los gritos.

En el patio están discutiendo airadamente el tal Palacios y el hijo de los dueños del hotel, Emilio Alisandro. Es entonces cuando el gendarme Barreto decide intervenir y al salir al patio imparte la voz de alto, ya que Palacios estaba abandonando el lugar cruzando un alambrado.

En ese instante fatal es cuando el vagabundo armado gira y dispara por única vez, provocando la muerte de Barreto en forma instantánea y emprende inmediatamente su huída. Poco duró la libertad del matador, ya que la policía alertada en forma inmediata de lo sucedido lo detuvo casi en forma inmediata.

El gendarme Carlos Barreto murió en el anochecer de un 27 de marzo de 1934 y sus restos fueron inhumados en el cementerio de Piedra Clavada, hoy llamado Tres Lagos. En la actualidad su tumba está sin identificar, ya que hace algunos años la Comisión de Fomento del lugar realizó trabajos de acondicionamiento y varias cruces e identificaciones se perdieron en esas labores.

El día de la muerte del gendarme, en el país moría un joven suboficial perdía la vida en un accidente aéreo en la Base Aérea de El Palomar y en el mundo el ejército paraguayo destrozaba a la infantería boliviana en la guerra del Chaco y se anticipaban las masacres antisemitas con una matanza de ciudadanos judíos en Bavaria.

Barreto cayó de un solo disparo. Como Ramón Santos, un 30 de noviembre de 1961 o el agente Segundo Orellana, un 11 de diciembre de 1921. Un solo balazo seco, certero, maldito.

N de R. Agradecimiento especial a Juan Alcaraz por la apoyatura documental.