Historias de Patagonia: Amores y desamores en Punta Arenas

Olá Luis....vou me casar e seria um prazer que você e sua esposa fossem as testemunhas do casamento.Que me respondes?. Así en su idioma natal, el portugués José Nogueira le pide este gesto a su amigo, el comandante Luis Piedra Buena.
domingo, 9 de mayo de 2021 · 00:23

*Mario Novack
 
“Así que te vas a casar José..y quien es la novia ?”, pregunta Julia Dufour, esposa del navegante argentino. “Una hermosa joven que vino desde Chiloé, es muy joven tiene 15 años recién cumplidos”, responde el portugués. 
Piedra Buena lo mira en silencio pero elige no comentar, después de todo es una decisión de su amigo a quien aprecia sinceramente. Ambos son extranjeros en la novel Punta Arenas.

José Nogueira vino de Portugal, previa escala por breve tiempo en Brasil. Había nacido en 1845, en la Villa Nova de Gaia y creció en el seno de una familia numerosa y escasa de recursos. Teniendo doce años se embarca como grumete, y comienza a recorrer el mundo. Deja rastros que nos permiten corroborar su paso por Río de Janeiro, Montevideo, Buenos Aires, El Callao, y algún día de 1866 desembarcó en Punta Arenas.

 

El lusitano traía como único capital sus brazos y una fuerza y arrojo incontenibles para hacerse camino. Aprovechó su amistad con el marino argentino y fue aprendiendo a moverse como un pez en las aguas de los mares australes.

“Vos estás en edad para formar un hogar, a los 26 años hay que pensar en tener una esposa y que vengan los hijos”, le dice Piedra Buena. La joven novia se llama Rosario Peralta Montenegro, una bellísima chilota llegada a Punta Arenas junto con su familia.

Además Nogueira, amigo íntimo como era de Piedra Buena, no debió ver con buenos ojos el que Menendez para cobrar la cuenta que el veterano marino patagónico tenía con sus proveedores de Buenos Aires, acabara quedándose con su modesto despacho emplazado en Punta Arenas y que prontamente pasó a explotar por cuenta propia. 

Por ello Nogueira debió mirar a Menéndez con antipatía y recelo. En definitiva uno y otro no se gustaron de partida, lo que no obstó para que a lo largo de los años pudiesen realizar algunos negocios ocasionales.

Volviendo a la conversación entre Nogueira y sus padrinos de boda, el navegante portugués dice “mi novia se llama Rosario y es hija de una familia de colonos arribados con el gobernador Viel en enero de 1868”. Piedra Buena sonríe y lo tranquiliza diciendo “seremos tus padrinos, será un honor para nosotros”.

El escritor e historiador Mateo Martinic Beros desarrolla ampliamente esta historia en su obra “Nogueira El Pionero” realzando la belleza de la novia, al señalar “Cabria conjeturar entonces que la Peralta bien pudo ser la misma Rosario por la que los loberos ofrecían perder hasta la vida por bailar con ella. Si hubo de ser así, la joven no debió carecer de gracia y alguna belleza como para distinguirse entre otras mozas del lugar; tal vez coqueta y casquivana, y como tal, robadora de corazones.Es posible que, dada su procedencia, fuera un tanto morena y de baja estatura. 

Prendado de la muchacha, Nogueira hubo de ofrecerle compartir en común el resto de sus vidas, proposición que naturalmente debieron aceptar sus padres como se estilaba en la época y vista además la minoridad de Rosario, complacidos por el partido de que esta se hacía, circunstancia que por seguro habría de beneficiar al resto de la
familia, modestísima como era la misma.

Los casó fray Francisco Cárcamo, capellán de la colonia, en un día de invierno de 1871. La ceremonia debió realizarse en la capilla de Punta Arenas, sita sobre el eje de la calle de Valdivia con frente a la principal de Magallanes. José Nogueira tenía entonces 26 años y Rosario Peralta apenas 15.

Mientras José Nogueira no pasó de ser un marino rudo que con esfuerzo, sacrificio y áspero pasar hacía su fortuna, es posible que Rosario Peralta haya sido una buena esposa y apropiada compañera y, que el matrimonio haya marchado sin más problemas que los comunes a esta clase de uniones. 

Pero cuando la prosperidad se fue asomando por el hogar pionero y por consecuencia comenzó a mejorar su situación, no es aventurado pensar que Rosario se fuera quedando en el nivel infracultural de antaño y conservara  los hábitos vulgares propios del bajo pueblo, rezagándose mientras José marchaba en ascenso económico y, por ende, mejoraba en la consideración vecinal.

Tal parece ser que ocurrió con el matrimonio Nogueira-Peralta, pues Rosario no supo conducirse como una esposa virtuosa. Fuera porque el distanciamiento aludido provocara el enfriamiento del vínculo afectivo que antaño ligara a los cónyuges, haciendo cada vez más difícil la convivencia;  fuera porque Rosario aligeró sus costumbres, pasando a ser comidilla de la chismografía pueblerina;  o tal vez, por la combinación de una y otra circunstancias, el hecho fue que llegó el tiempo en que la unión se hizo trizas y la presencia de la esposa comenzó a perturbar y a estorbar con su vulgaridad y mala fama al empresario portugués. Por fuerza había que convenir entre ambos un alejamiento de aquella hacia un lugar donde no molestase ni diese que comentar.

De tal manera, Rosario Peralta luego de acordar en privado un convnio ad hoc con su marido, viajó a fines de 1881 a Montevideo fijando allí su residencia. Parte del acuerdo debió estar en el compromiso por parte de Nogueira, de remesarle con regularidad una cantidad de dinero para su congruo mantenimiento. Así  Rosario fue recibiendo mensualmente la suma de $ 65, moneda de oro  de esos años, que con puntualidad pasó a pagarle el comerciante Juan Leoni, amigo y agente de su esposo en el puerto oriental, según consta de los asientos en los estados de cuenta que aquel pasaba periódicamente a a este último. Pero no solo se le pagaban mesadas para subsistencia y otros menesteres, sino además gastos médicos por atención a
la señora de Nogueira en sus achaques, el principal de los cuales debió ser la tisis que había contraído en años anteriores.

Pero la distancia no sirvió para morigerar la recíproca animosidad, la que al parecer fue empeorando según avanzaba el tiempo, quizás porque Rosario aumentaba sus exigencias o porque Nogueira quería obtener su libertad para acomodar su vida sentimental, o tal vez algo de lo uno y lo otro. 

De allí a solicitar el divorcio no había sino un paso y el lusitano hubo de darlo durante 1882 presentando la correspondiente demanda ante el Obispado de Ancud, al que tocaba la jurisdicción canónica .

Desconocemos los fundamentos de la presentación que hubo de hacerse ante el tribunal eclesiástico, pero en documentos posteriores se mencionará como causa suficiente la ocurrencia de incidentes  desagradables entre los cónyuges que imposibilitaban la vida en común .

Como cabía esperarlo el trámite debió tomar su tiempo entre idas y venidas de documentos, consultas, averiguaciones y demás  gestiones propias del asunto, tanto como para mantener en constante preocupación a los cónyuges.

Luego de finalizado el trámite de divorcio, vino la liquidación de la sociedad conyugal donde Nogueira quedó con los bienes muebles, a lo cual renunció la Peralta, recibiendo en cambio, como equivalencia, mil libras esterlinas. Pero, ello podría ser impugnado a futuro, puesto que la calidad de representante del Doctor Fenton, era sólo para intervenir en el juicio del divorcio no así en el resto de los trámites. Por dicho motivo se obtuvo a la mayor brevedad un poder de Peralta para que el médico también la representara en el trámite siguiente.

La verdad es que el galeno actuó más en beneficio de su íntimo amigo Nogueira que de su representada, a la cual incluso hizo desistir de regresar a Punta Arenas por “los rumores que sobre ella corrían en la Colonia”.

Quizás un acto de conciencia de Nogueira que recuperó todas sus posesiones, las cuales había traspasado a terceros para protegerlas, lo hizo comprometer un envío mensual de $30 oro,suma que fue aumentada a $150 oro, para cancelar especialmente gastos médicos y hasta un pasaje para que Rosario Peralta viajara a Punta Arenas debido a la gravedad de su enfermedad, ya que la tuberculosis terminaba con su vida.

Esto fue efectivamente así en noviembre de 1885, ya que al día posterior a su retorno a Punta Arenas, cuando había cumplido 29 años la bella Rosario falleció, circunstancia que generó suspicacias que no pasaron de ello.


Nueva boda y la caída

El pionero Nogueira, libre de su situación conyugal, quiso rehacer su vida sentimental, poniendo los ojos en Sara Braun Hamburger, damita casadera con excelentes condiciones de honestidad, culta, inteligente y hacendosa, lo cual fue aceptado por la familia de la joven, considerando la conveniencia de unir dos grandes fortunas.

El matrimonio se realizó entonces por la iglesia y por el civil, esta última ceremonia en la casa de los Braun, el 24 de junio de 1887 donde se unieron José Nogueira, de 42 años, y Sara Braun, de 24 años, sirviendo de testigos Rómulo Correa y Lautaro Navarro.

Meses después, el 1 de enero de 1888, se realizó la ceremonia religiosa.
Fueron años de dulce y de agraz para el matrimonio, puesto que, por una parte la unión de riquezas y la inteligencia y tenacidad del pionero, lograba acrecentar su fortuna, pero, por otro lado, el contagio heredado de su ex esposa Rosario Peralta, comenzó a minar su organismo y los médicos le detectaron una tuberculosis pulmonar que debía ser tratada de inmediato. Pero, los intereses económicos y su fanatismo por el trabajo, no le dieron tiempo de preocuparse de su salud.

Esta misma situación de estar enfermo lo convirtió en un ser insoportable, a tal punto que su esposa Sara Braun debió resistir las consecuencias de su mal carácter, lo cual, llegando a oídos de la familia Braun, obtuvo la reacción inmediata de su cuñado Mauricio Braun, el cual le envió una carta que en parte decía: “…lo extraño es don José, que usted trate a mi hermana con tanta dureza, como me lo han manifestado, cuando realmente no creo que usted no tenga algún motivo para ello, puesto que ella lo ha atendido y lo sigue atendiendo, como una verdadera mártir y esposa cariñosa. 

Comprendo que existan pequeñas rencillas, pero no debería usted insultarla delante de gente extraña y manifestarle disgustos inútiles que le hacen la vida amarga”.

El mal de José Nogueira empeoró y los médicos aconsejaron su traslado al alto Perú, que poseía un clima recomendado para su enfermedad. Lo hizo, al parecer, tarde.

El lusitano que legó a la posteridad un conjunto de acciones empresariales que contribuyeron al desenvolvimiento económico y social del territorio de Magallanes, falleció en Arequipa, país del Rimac en el año 1893, disfrutando sólo seis años de su matrimonio con Sara Braun, la cual tomó el control de los negocios ganaderos, comerciales, navieros e industriales de su extinto esposo, creando la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego, la mayor empresa ganadera de la Patagonia, fusionando un millón de hectáreas concedidas al portugués y trescientas mil de su hermano Mauricio Braun.

Estos episodios nos ayudan a conocer la historia de otras personas destacadas como el comandante Luis Piedra Buena, que residió en Punta Arenas e hizo todo lo posible para fijar soberanía argentina en San Gregorio, Estrecho de Magallanes.