Historias de Patagonia: "La Patagonia Rebelde" y sus historias

Las cosas no siempre fueron como son ahora. La reivindicación de la labor de Osvaldo Bayer llevó años de censura, maltrato y hasta desprecio. De la glorificación actual se puede hablar mucho, dado que fue un proceso construido en años de lucha y perseverancia.
domingo, 4 de julio de 2021 · 00:10

*Mario Novack 

Los que estamos en los medios de Santa Cruz sabemos sobradamente las ocasiones en las cuales Bayer llegaba en silencio, asistido por un escaso núcleo de adherentes a su obra y hasta ignorado por las autoridades de turno.

En la década del 80 con el retorno de la democracia, la legislatura de Santa Cruz sancionó la obligatoriedad de incluir en la currícula escolar la historia de las Huelgas Rurales Patagónicas, norma que fue vetada por el Poder Ejecutivo, que entonces ejercía Arturo Puricelli.

Luego de décadas de silencio finalmente comenzó a hablarse con intensidad de los episodios que dieron vida a las publicaciones de Bayer, documentadas en testimonios de ex soldados del Regimiento 10 de Caballería, peones que sobrevivieron a los fusilamientos, productores ganaderos y hasta los antiguos efectivos de la Policía del Territorio Nacional de Santa Cruz.

Su obra “Los Vengadores de la Patagonia Trágica” gestó con posterioridad la versión de la película “La Patagonia Rebelde”, filme que dejó su huella histórica en Santa Cruz, con los episodios de época. 

La filmación hecha en Santa Cruz recorre el clima social y político que se vivía en los convulsionados años en el país. Nuestra provincia, en menor medida, no era ajena a esos acontecimientos, con un enfrentamiento marcado entre los distintos sectores del peronismo.

El entonces gobernador de Santa Cruz, Jorge Cepernic colaboró intensamente con la filmación de la película y hasta dispuso el otorgamiento de un crédito para ayudar al financiamiento de la misma.

Diría el escritor Bayer, "durante la filmación tuvimos muchos inconvenientes, ya que la gente aún tenía internalizado el «De las huelgas no se habla». En una ocasión no conseguíamos extras para representar una marcha obrera. Fui a verlo. Entonces nos facilitó a la policía santacruceña para que actúe de Ejército. Pero aún necesitábamos gente para la manifestación obrera. Entonces me dice: ‘Y bueno, les mando a la Juventud Peronista’. Y entre ellos estaba el ex presidente Néstor Kirchner, que tendría por entonces unos 21 años.”

En medio de la filmación, en una estancia cercana a Puerto Santa Cruz, un mediodía vemos aparecer un automóvil. De él baja el propio gobernador, don Jorge Cepernic. Me busca a mí, con quien era el único del grupo filmador que tenía amistad. Me lleva aparte y me dice: “Me acaban de llamar de Casa de Gobierno preguntándome quién dio permiso para filmar tu libro en el territorio de esta provincia”. Me miró largo, en silencio. Comprendí. Pero me dio esperanzas. Agregó: “Te pido que les digas a Olivera y a los actores que traten de filmar lo más rápido posible y terminar cuanto antes. Yo, mientras tanto, voy a ganar tiempo haciéndome el que no entiendo”. Don Jorge era así. Arriesgaba su cargo de gobernador por ser fiel a la verdad histórica.

No voy a olvidar más a ese gobernador caminando de nuevo hasta su auto para regresar a Río Gallegos, y me dije: “Un gobernador recorre kilómetros para avisar a un amigo de los peligros que hay. No me vino a decir: ‘Acábenla ya mismo con eso’. No, me dijo sólo que nos apurarámos”. La actitud de un verdadero Hijo del Pueblo.

La escena se iba a repetir. Cuando filmábamos, dos semanas después, cerca de Lago Argentino, en la estancia La Primavera, las últimas tomas de exteriores. El gobernador Cepernic se tomó el avión para venir y volver a decirnos que el problema se había agravado y que había mucha indignación entre los oficiales del Ejército. Pero en ningún momento nos pidió o exigió que nos fuéramos ya y que no lo comprometiéramos más. 

Hasta el propio Bayer debió actuar ante lo difícil que se tornaba conseguir personas que se tornaba conseguir extras para que actuaran, así es como se lo ve en algunas escenas del filme.

“Claro, porque hacía falta un actor, entonces viene Olivera (Héctor, el director) y me dice: ‘Vas a pagar todos tus pecados: vas a hacer de caballero inglés’. ¡Lo único que me faltaba...! Pero el que se opuso fue (Luis)Brandoni , que era secretario general de Actores. 
 “Como diría Borges... ¿Me permiten una palabrota? Brandoni, además de secretario general de Actores, era un gran pelotudo. Me dice: ‘¡No, no! Vos no sos de la Sociedad de Actores...’. Y yo le digo: ‘No, es verdad. Soy el autor del libro...’ 
‘Bueno, pero tenés que estar inscripto’ me dice Brandoni. ‘¡Pero estamos en medio de la Patagonia!’ le digo yo. ‘Bueno, pero yo no puedo hacer excepciones. Sí podés actuar de extra, pero no podés hablar, porque son los estatutos’. Así que no pude hablar. ¡Y es dificilísimo actuar sin hablar! Vieron que en la escena yo tengo que saludar a Varela, entonces va primero Rivera López que hace de inglés: (impostando la voz) ‘Oh, colonel...’ Después viene este otro actor que no recuerdo su nombre, que le contesta: ‘¡Coronel, la felicidad de verlo!¡Muchas gracias por haber venido!’ Y después aparezco yo: (hace una morisqueta y saluda) ¡Por culpa de Brandoni...! Y después hubo varias peleas con Brandoni, y mirá lo que aprendió. Tras haber filmado La Patagonia Rebelde, con los fusilamientos y qué sé yo, ¡es candidato de la UCR! ¿Para qué, Señor? (risas) No aprendió nada. Ya algún otro día hablaremos sobre los actores, porque es una raza diferente ¿Eh? Mirá, yo de esa filmación podría escribir toda una novela. Por ejemplo, Héctor Alterio: un gran amigo antes de la filmación. Empezó el rodaje y se vistió de Teniente Coronel. No nos tuteó más... (risas) ¡En serio! Así es que durante toda la película fue en su vida privada, un teniente coronel. Se compenetró en el personaje y no pudimos sacarlo de ahí. El que se portó magníficamente bien fue Federico Luppi.

Pero inexorablemente la etapa de la censura se acercaba impiadosamente condenando a la película. Sin embargo el propio Bayer comenta en tono jocoso su desventura, que no es otra que la desventura de la verdad histórica.
 “A mi primer libro lo prohíbe Lastiri. ¡Hay que ser desgraciado y con mala suerte!.. Porque que te prohíba Perón, o Yrigoyen, es una cosa, pero ¡que te prohíba Lastiri!..  Prohibió mi primer libro, “Severino Di Giovanni, el idealista de la violencia”.  Al segundo,

“Los anarquistas expropiadores”, me lo prohibió Isabel Perón. El 10 de octubre su gobierno prohíbe la película La Patagonia Rebelde, que estuvo en esa condición durante diez años, desde octubre de 1974 hasta que la volvimos a estrenar recién en 1984. Después la dictadura prohibió y ordenó quemar los tres primeros tomos de La Patagonia Rebelde, o como se llamaba antes Los Vengadores de la Patagonia Trágica. Como rezaba el decreto del Teniente Coronel Gorleri: ‘Se quema este libro por Dios, Patria y Hogar’. ¿Qué tendrán que ver Dios, Patria y Hogar con la huelga patagónica? Dios en su infinita bondad, como dice el Papa Ratzinger. Pero eso sí, Dios no intervino para oponerse a la quema . Hubo un período durante el gobierno de Perón en que la película estuvo en el limbo, es decir, ni rechazada, ni prohibida, ni aprobada. Cuando muere Perón estábamos con Olivera en el Festival de Berlín, donde el film ganó el Oso de Plata. Ese galardón permitió que el gobierno de Isabel no la prohibiera tan inmediatamente, ya que no podían prohibir una película ganadora en un festival internacional, iban a quedar muy mal. Pudimos proyectarla durante todo julio, agosto y septiembre.


Otro de las decisiones de alto nivel involucran nada menos que al ex presidente Juan Domingo Perón en la decisión de censurar la película. El testimonio de Julio González, por entonces Director de Asuntos Jurídicos en la Secretaría de Prensa y Difusión le escuchó afirmar “: yo viví en aquella época y las cosas no fueron tan así. El tema que allí se trata puede molestar al Teniente General Anaya y a las Fuerzas Armadas y no quiero ningún conflicto. Anaya y la gente que lo acompaña son sumamente respetuosos del orden constitucional y del gobierno y van a estar con nosotros en todo momento, de manera que esa película no se pasa si no cuenta con la anuencia del Ejército y las otras armas. Que la vean los comandantes, que hagan los cortes que crean necesarios o que la supriman si la creen inconveniente. No hay que injuriar ni agraviar gratuitamente a nadie”. No se sabe como siguió esto con posterioridad, puesto que Perón la aprueba un 13 de junio del 74, poco antes de morir.

A poco de su estreno hubieron múltiples manifestaciones y pronunciamientos públicos, tanto del sector cinematográfico como legislativo. “La Patagonia Rebelde” fue estrenada ese día ( 13/06/74 ), en los cines porteños Brodway, Plaza y Callao y otras 40 salas de cine. En Río Gallegos, por su parte, el estreno se realizó una semana después.

Las peripecias vividas por productores, realizadores y directores de la película iban acompañando a esa ola de violencia entre sectores internos del peronismo, de ultraizquierda y ultraderecha que tuviera trágicos desenlaces, incrementados después con el golpe de estado de 1976.

La película continúa siendo hoy un testimonio invaluable de la historia no reconocida. El radicalismo – en el poder en esos años – nunca reconoció la responsabilidad del Ejercito en los fusilamientos, ni se pronunció públicamente pidiendo las disculpas por el genocidio cometido.

Las calles de Río Gallegos, volvieron a ver durante la filmación de la obra, los mismos desplazamientos que años 52 años  antes, viendo pasar anarquistas, peones rurales, estancieros y militares, muchos de ellos caracterizados e interpretados por vecinos de nuestra ciudad.


Es casi la misma cantidad de años que transcurrieron entre el estreno de la obra y el tiempo actual, en la que la mayoría de los realizadores y protagonistas ya se encuentran fallecidos, pero han dejado un legado invaluable para la historia argentina y mucho más para nuestra provincia.